Zog I, el político albanés que convenció al parlamento para que le proclamaran rey

El rey Zog I / foto dominio público en Wikimedia Commons

Albania es un país peculiar, una rareza en el corazón de Europa tan, tan singular que en su plantilla de funcionarios ministeriales figura un hombre -joven, nacido en Sudáfrica en 1982- llamado Leka Anwar Zog Reza Baudouin Msiziwe Zogu, al que se conoce popularmente como Leka II porque es el pretendiente al trono albanés desde la muerte de su padre Leka I, aunque no hace militancia de ello. Además es nieto de otro personaje poco común, un político que alcanzó la presidencia del país estableciendo una especie de dictadura ilustrada que convenció al parlamento para coronarle rey. Hablamos de Zog I.

En realidad, Zog sólo era el diminutivo de Ahmet Muhtar Zogolli, el tercer hijo del gobernador del distrito de Mati. Perteneciente, pues a una acaudalada familia terrateniente que dominaba la región en régimen casi feudal y a la que había ido bien bajo la administración otomana, pese a que la rama materna aseguraba ser descendiente del héroe Skanderbeg . Zog nació en el castillo de Burgajet en 1895 pero estudió en Beyoğlu, un barrio de Estambul -donde también recibió formación militar-, y a la muerte de su progenitor en 1911 heredó el cargo que éste ocupaba. Desde él, participó en la Declaración de Independencia de Albania surgida en 1912 de la Asamblea de Vlorë, reconocida meses después por la comunidad internacional.

Albania (cuyo nombre oficial es Shqiperia) defiende su independencia frente a Montenegro (el mono), Grecia (leopardo) y Serbia (serpiente) en una caricatura de 1913/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El sostén del Imperio Austro-Húngaro había sido decisivo para ello, razón por la cual, al estallar la Primera Guerra Mundial, Zog se alistó en su ejército. Al término de la contienda regresó a su país empapado del estilo de vida europeo y entró en política defendiendo los intereses de sus antiguos compañeros beys, los señores locales de linaje aristocrático, a los que se sumaron comerciantes e intelectuales formando el Partido Reformista Popular. Su apoyo al gobierno frente a la ambición anexionadora de Grecia y el reino de Yugoslavia le hizo merecer el puesto de gobernador de Shkodër en 1920 y el de ministro de interior al año siguiente, cambiando su apellido por el de Zogu, que sonaba más albanés.

Ahora bien, las cosas no iban a ser tan sencillas. La lucha por el poder en el recién nacido estado era dura y cruenta, hasta el punto de que en 1923 Zog resultó herido por un disparo dentro del parlamento mismo y en 1924, después de que uno de los líderes de la oposición acabara muerto en lo que era claramente una venganza por orden suya -las vendettas entre clanes constituían toda una tradición-, la llamada Revolución de Junio, una revuelta campesina que aglutinaba a ortodoxos e izquierdistas, obligó a Zog a marchar al exilio. Pero se refugió en Yugoslavia, donde pactó la ayuda militar de ese país para retornar y recuperar el gobierno. Así lo hizo, gracias a los rusos blancos de Pyotr Wrangel, que, bajo el mando de Sergei Ulagay, tenían allí una de sus bases.

Zog como rey y mariscal de campo, a finales de los años veinte/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

De manera que Zog volvió triunfante en 1925, siendo nombrado por la Asamblea Constituyente primer ministro y presidente de forma sucesiva por un período de siete años. Su gobierno era de corte occidental pero contaba con un importante obstáculo para el programa de reformas que planeaba: Albania era un país medieval en la práctica, dado que las estructuras políticas, sociales y económicas mantenían aún las características de la época otomana. Fue necesario abolir el sistema parafeudal y la servidumbre que imperaban en el mundo rural, cosa que Zog consiguió gracias a que disponía de plenos poderes al carecer de oposición -salvo algunos lideres kosovares menores- y a la ayuda financiera de una Italia que en aquellos momentos parecía un aliado sincero; pronto se vería que no era así.

Poco a poco, los cambios fueron llegando fruto de una estabilidad política que tuvo su contrapartida en el marcado personalismo de Zog, progresivamente más y más autoritario hasta que empezó a presionar a la Asamblea para que transformase la forma de estado de república a monarquía. Sin nadie con fuerza para oponerse, el 1 de septiembre de 1928 fue proclamado Mbreti i Shqiptarëve (Rey de los Albaneses) con el nombre de Zog I (elegido para eliminar el Ahmet, de resonancia demasiado islámica). Enseguida empezaron a compararle con Skanderbeg, cosa que, por supuesto, él no impidió. Recordemos que se reivindicaba esa ascendencia por vía materna y, en consecuencia, también otorgó estatus de realeza a sus familiares.

Billete de cien francos albaneses. Bajo el reinado de Zog I se emitió el primer papel moneda de la historia de Albania/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Aunque la modalidad elegida fue la monarquía constitucional, tomando como modelo el ejemplo italiano, también se pareció al país transalpino en que en la práctica el dirigente concentraba amplias atribuciones: además de monarca, a Zog le concedieron el grado de mariscal de campo, merced a lo cual pudo crear una importante fuerza policial que le garantizase tranquilidad política para continuar con sus reformas. Además instituyó un saludo característico con el nombre de saludo zogista, tal como hizo Mussolini con el fascista (pero en vez de extender el brazo hacia delante se llevaba a la altura del corazón), y emitió el primer papel moneda de la historia albanesa, respaldado por la previa acumulación de oro y joyas para formar un tesoro nacional.

Zog I juró la constitución sobre la Biblia y el Corán, consciente de la necesidad de mantener el equilibrio étnico y religioso (él era musulmán, aunque abolió la Sharia en favor de un código civil copiado del suizo, siguiendo el ejemplo de Ataturk una década antes), de la misma forma que procuró hacer otro tanto en el plano lingüístico, dado que el idioma albanés se diversificaba en diversas variantes. Asimismo, en aras de evitar la absorción de Albania por algún vecino quedó prohibida la fusión con otro país. Ello no impedía que se buscasen alianzas matrimoniales y, de hecho, una hermana de Zog se comprometió con el heredero del sultán turco Abdul Hamid II.

Detrás del oficial se ve a mujeres del ejército albanés haciendo el saludo zogista/Imagen: Wikimedia Commons

Fue un caso único que se extendió sólo al mundo musulmán , ya que las demás casas reales europeas ignoraron a la albanesa por carecer de vínculos familiares con ella y ser autoproclamada. Ello implicó que Zog I tuviera que buscar una esposa en su propio país, algo doblemente espinoso porque había roto su compromiso con la hija de Shefqet Vërlaci, el mayor terrateniente del país y opuesto a cualquier reforma agraria; Vërlaci era quien disparó contra Zog en 1923 y el primer ministro al que Zog derrocó a su regreso del exilio yugoslavo, así que resultaba imposible emparentar con él.

A cambio, Zog se casó con la condesa Géraldine Margit Virginia Olga Mária Apponyi de Nagy-Appony, una aristócrata húngara de madre estadounidense y religión católica cuya familia se había arruinado y por eso ella había tenido que ponerse a trabajar, tanto de mecanógrafa como de dependendienta en un museo. La boda fue en 1938, con el conde Galeazzo Ciano como invitado de excepción, y la luna de miel la hicieron en un Mercedes Benz descapotable que les regaló Hitler.

La boda real de Zog y Géraldine/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La presencia del cuñado de Mussolini no era casual ni mucho menos, puesto que, como dijimos antes, Albania e Italia habían firmado en 1925 un tratado de amistad que, cuando la primera encontró dificultades para devolver los préstamos recibidos en el contexto de la Crisis del 29, favoreció el control de la industria nacional por parte de empresas italianas, como también pasó con el comercio y la banca pero, sobre todo, con monopolios como los del servicio eléctrico, correos y telégrafos, y el azúcar.

Eso dejó a Albania muy dependiente del régimen mussoliniano hasta el punto de afectar incluso al ejército, con presencia de numerosos asesores militares que conocían perfectamente los planes de defensa nacionales. Las presiones italianas llegaron tan lejos -exigieron la enseñanza oficial de su lengua- que Zog terminó rompiendo el acuerdo en 1933 para iniciar un acercamiento a alemanes y franceses pero no tuvo éxito y no le quedó más remedio que volver al seno italiano.

El rey Zog acompañado del conde Galeazzo Ciano, ministro italiano de Exteriores, en 1937/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Sin embargo, las cosas ya no fueron como antes. En 1938, Albania acogió a un buen número de refugiados judíos que huían de la Alemania nazi y un año más tarde, dos días después de que naciera Leku, el primogénito de los reyes, Mussolini ordenó la invasión. Apenas se pudo presentar resistencia, dado el atraso militar albanés, cuyo ejército sólo disponía de trece mil hombres, dos aviones… y docenas de oficiales italianos que conocían al dedillo los planes locales de defensa. La campaña duró únicamente tres días y a Zog, que había superado numerosos atentados durante su reinado, no le quedó más remedio que tomar el camino del exilio una vez más.

La huida fue rocambolesca, acompañado de su familia (y del tesoro real) a través de Grecia, Europa central, Escandinavia y Bélgica, hasta llegar a París. Cuando la Wehrmacht atravesó la frontera francesa y avanzó sobre la capital, tuvieron que hacer las maletas de nuevo y cruzar el Canal de la Mancha, dicen que ayudados por un agente británico llamado Ian Fleming, el mismo que luego crearía el personaje de James Bond. Sin poder contactar con la resistencia albanesa, se quedaron en Londres hasta el final de la guerra, en que dejaron Inglaterra para establecerse en Egipto, dado que el rey Faruk había mantenido buenas relaciones con ellos, con vistas a tratar de recuperar el trono.

Los reyes de Albania a su paso por Suecia en 1939/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Pero no hubo opción de retornar a Albania, donde los partisanos de Enver Hoxha se habían hecho con el poder en 1944, aboliendo la monarquía e instaurando el comunismo. Zog fue depuesto oficialmente en 1946, prohibiéndosele pisar el país. No se resignó a su destino y obtuvo colaboración británica y estadounidense para intentar un golpe de mano pero fracasó, al parecer por información que suministró el espía Kim Philby, y el monarca fue condenado a muerte in absentia. Regresó entonces a París, donde fallecería en 1961, siendo sucedido por su hijo Leka; su viuda, por contra, tendría una larga vida hasta 2002.

El régimen comunista terminó en 1990 y siete años después Albania convocó un referéndum sobre la restauración que los monárquicos perdieron (sacaron sólo un tercio de los votos), aunque hubo acusaciones de fraude y hasta un amago de insurrección armada que no dio resultado. Pese a todo, Leka recibió autorización para vivir en el país y en 2012, un año después de su óbito, se trasladaron los restos de Zog I y su familia a un panteón real construido en Tirana.


Fuentes: Albania and king Zog. Independence, republic and monarchy, 1908-1939 (Owen Pearson)/A biographical dictionary of Albanian History (Robert Elsie)/Italy and Albania. Financial relations in the Fascist Period (Alessandro Roselli)/The albanians. A modern history (Miranda Vickers)/King Zog. Self-made monarch of Albania (Jason Tormes)/Wikipedia.