Cómo un príncipe hawaiano se convirtió en el único congresista de sangre real en Estados Unidos

Jonah Kūhiō Kalanianaʻole y su esposa Elizabeth Kahanu Kalanianaʻole/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Hace tiempo vimos cómo el sobrino de Napoleón Bonaparte, Charles Joseph, se crió en EEUU con su madre (que estaba separada de su padre, Jérôme, hermano del emperador) y rechazó varias ofertas de títulos nobiliarios porque una propuesta de enmienda a la Constitución estadounidense exigía no tener sangre azul para poder conservar la ciudadanía. Varias décadas después, ya al final de ese siglo XIX, las cosas habían cambiado y Jonah Kūhiō Kalanianaʻole, príncipe de Hawai, no tuvo necesidad de hacer ninguna renuncia para convertirse en delegado del Congreso por el Partido Republicano.

Era joven. Había nacido en 1871 en Kukui‘ula, en la isla de Kaua’i, siendo el tercer hijo del matrimonio entre David Kahalepouli Piikoi y su esposa Victoria Kinoiki Kekaulike. El padre descendía de una familia ali’i (aristocrática) de jefes y la madre era hermana de la reina Kapiolani, cuyo marido, el rey Kalākaua, era primo del progenitor. Cuando éste falleció en 1878, su viuda recibió la dignidad de princesa y sus tres vástagos la de príncipes. Las relaciones de cosanguinidad eran habituales en Hawai, de manera que todos los miembros de la realeza, ya fueran cercanos o lejanos, estaban emparentados.

Los padres de Kūhiō/Imagen 1: dominio público en Wikimedia Commons – Imagen 2: dominio público en Wikimedia Commons

Por eso a nuestro protagonista se le pusieron los nombres de Kūhiō (que significa jefe que se inclinó hacia delante) y Kalaniana’ole (jefe ambicioso o jefe insatisfecho). Tuvo una educación elitista en entidades exclusivas como la Royal School (fundada en 1839 por el rey Kamehameha III para la formación primaria de los niños de la realeza hawaiana) o, luego, el Oahu College (rebautizado Punahou School en 1934, un centro de secundaria que fundaron misioneros congregacionistas en 1841), ambos ubicados en Honolulu.

Fue durante esa infancia cuando un profesor francés llamado Pierre Jones resaltó su belleza y le llamó Pequeño Cupido, apodo que le quedó para siempre. Claro que no siempre iba a ser pequeño y, al crecer, dejó el archipiélago para estudiar en el extranjero. Dado el contexto político -que veremos enseguida-, el lugar elegido fue la Saint Matthew School, a la que solían acudir jóvenes de la nobleza del Pacífico. Se trataba de una academia episcopaliana con un estilo de enseñanza militar que estaba situada en California, EEUU.

Una fotografía de infancia de Kūhiō/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

También fue alumno del Royal Agricultural College de Cirencester, Inglaterra, una universidad especializada en negocios, administración de tierras y desarrollo agrícola, revelándose como un perfecto sportman de los que caracterizaban su época: destacaba en tiro y era un excelente deportista, sobresaliendo en ciclismo y fútbol americano. No obstante, aquella década de los ochenta tuvo su punto amargo porque siendo huérfano de padre -había fallecido en 1878-, también perdió a su madre en 1884 y fue adoptado por su tía, la mismísima reina Kapiolani,

Esa adopción obedecía a una ancestral costumbre hawaiana denominada hānai, muy extendida asimismo por otras culturas polinesias como la tahitiana o la maorí y que, por cierto, complica mucho las cosas a los historiadores por la confusión que genera a la hora de rastrear el pasado de los personajes y sus filiaciones familiares. El caso es que el hānai no sólo convirtió a Kūhiō y sus hermanos en príncipes sino que, además, hizo que él fuera nombrado administrador del Gabinete Real en el Departamento de Interior.

La reina Kapiolani en 1883/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El 2 de enero de 1891 murió el rey Kalākaua, quedando como regente su hermana Liliuokalani, que ya tenía experiencia en el puesto porque lo había ejercido durante casi todo 1881 mientras él realizaba el que fue el primer viaje de estado de un monarca de Hawai. Era una mujer de cincuenta y tres años y decidido carácter, viuda del gobernador estadounidense de las islas Oahu y Maui. Conviene hacer un alto aquí para explicar la situación política del archipiélago porque sería decisiva para el futuro de Kūhiō.

Los hawaianos habían logrado permanecer aislados de todo contacto con extranjeros hasta el último cuarto del siglo XVIII, a pesar de que el marino español Ruy López de Villalobos situó en sus mapas unas islas a la que llamó La Desgraciada y La Mesa, que hoy se cree que eran Maui y Hawai, más un conjunto de otras tres, denominadas genéricamente Los Monjes pero identificadas como las actuales Kahoolawe, Lanai y Molokai; un error de 10º en la anotación hizo que ese descubrimiento quedara apartado.

El rey Kalākaua y la regente Liliuokalani/Imagen 1: dominio público en Wikimedia Commons – Imagen 2: dominio público en Wikimedia Commons

Sin embargo, esos planos cayeron en manos británicas cuando conquistaron efímeramente Manila y sirvieron a James Cook para redescubrir el archipiélago en 1778, durante su viaje a Tahití, poniendo a las islas el nombre de Sandwich en honor del promotor de la expedición. Por entonces, el rey Kamehameha I el Grande había iniciado un proceso de unificación de las diversas jefaturas tribales existentes, contando con apoyo británico para llevarlo a buen término. Lo culminó en 1795 y diez años más tarde proclamó el Reino de Hawai, donde la dinastía que llevaba su nombre gobernó hasta 1872.

Se trataba de una monarquía constitucional que fue perdiendo poder progresivamente en los sucesivos textos legislativos que se promulgaron a lo largo del siglo: aunque el soberano era jefe de estado y primer ministro, tenía un consejo de ministros y una administración que salían de unas elecciones. En 1840 se sumó un parlamento bicameral y una judicatura, todo ello inspirado en el modelo de EEUU. ¿Por qué de ese país? Porque desde 1838 se empezaron a asentar en las islas misioneros estadounidenses cuyos descendientes se quedaron como colonos.

El rey Kalaniʻōpuʻu recibe a James Cook en 1784 (John Webber)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Lógicamente, procuraron fomentar la reproducción de su sistema político, entre otras cosas porque poco a poco fueron acaparando tres cuartas partes del terreno cultivable y dando entrada a empresas norteamericanas que, a su vez, también coparon el comercio; especialmente el de azúcar, cuyo cultivo se introdujo asegurándose de que no se impusieran aranceles a su importación desde EEUU. Todo lo cual derivó, tal cual pasaba en América Latina, en una injerencia progresiva en la política hawaiana.

En 1887 fueron un paso más allá y, con la escusa de la crisis sucesoria originada a la muerte del rey Lunalilo, EEUU envió tropas conjuntamente con Gran Bretaña e impusieron -en unas elecciones plagadas de acusaciones de fraude- una nueva dinastía en la persona del mencionado Kalākaua, que se avino a promulgar otra constitución abiertamente favorable a sus intereses. Ésa era la situación cuando falleció Kalākaua y le sucedió Liliuokalani. La regente demostró mucha mayor independencia e impulsó un proceso constituyente para asumir plenos poderes, abolir el voto (al que sólo tenían derecho los blancos) y establecer aranceles al azúcar.

Se iza la bandera en el Palacio Iolani, haciendo efectiva la anexión/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Pero un golpe de estado sustentado por los marines derrocó a la soberana y colocó en la presidencia al político local Sanford B. Dole con el encargo de gestionar la anexión a EEUU de Hawai, al que se catalogó como protectorado primero y como república después, en 1894. Dadas las reticencias del Congreso y Senado de EEUU a aceptar dicha anexión, Liliuokalani siguió reclamando la devolución del trono. Al año siguiente estalló un conato de rebelión en el que tomó parte Kūhiō, quien se sentía en deuda con ella por adoptarle y favorecerle desde la muerte de su madre.

La insurrección fracasó, desatándose una implacable represión en la que muchos participantes fueron condenados a la pena capital, aunque al final se les conmutó. A Kūhiō, que no era de los destacados, sólo le cayó un año de prisión que cumplió íntegramente; durante su reclusión, en octubre de 1896, contrajo matrimonio con Elizabeth Kahanu Kalanianaʻole. Salió en libertad coincidiendo con la anexión formal de Hawai por EEUU, que finalmente se concretó porque en el ambiente flotaba una inminente guerra con España y la base de Pearl Harbor se perfilaba como fundamental desde un punto de vista estratégico de cara a un Pacífico que ya consideraban territorio de expansión.

Kūhiō en prisión/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Los recién casados se autoexiliaron en Europa, haciendo una gira en la que se les recibió acorde a su rango, antes de pasar a África en 1899, año en que Kūhiō tomó la sorprendente decisión de unirse al ejército británico en la Segunda Guerra Bóer. Permaneció en Sudáfrica hasta 1902 y entonces regresó con la idea de dedicarse a la política. Empezó en Hawai, militando en el llamado Home Rule Party, un partido independentista que hacía suyo el malestar de los indígenas ante su marginación por parte de la población anglosajona.

Sin embargo, disensiones internas le llevaron a abandonarlo con buena parte de sus simpatizantes para crear otro llamado Hui Kuokoa. Fue efímero porque ese mismo otoño ingresó en las filas del Partido Republicano, por el que fue designado candidato al Congreso y elegido en marzo de 1903, de manera que se convirtió en el único congresista de EEUU con sangre real en sus venas. Se presentaría otras diez veces y en todas salió reelegido. A él se debe la reforma de la división administrativa hawaiana, que aún sigue vigente.

Retrato de Kūhiō tomado entre 1918 y 1921, en su etapa de congresista/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

También fue Kūhiō quien promovió la reivindicación de la figura del Kamehameha I, el fundador del Reino de Hawai, con un día festivo dedicado y destacados eventos por el centenario de su óbito en 1919. Asimismo, fomentó la entrega de tierras a los nativos a través de la Hawaiian Homes Commission Act, una ley que presentó en 1921 y sirvió de inspiración para la Native Hawaiian Government Reorganization Act de 2009, popularmente conocida como Akaka Bill, que pretende otorgar a los aborígenes hawaianos un estatus federal parecido al de los nativos norteamericanos

Kūhiō continuó en política hasta su muerte en enero de 1922. Enterrado en el Mausoleo Real de Mauna ʻAla, en la isla de Oahu, su nombre bautiza hoy multitud de calles, lugares diversos e instituciones; incluso tiene una jornada dedicada a su memoria, el Día del Príncipe Kūhiō, que se celebra el 26 de marzo.

Fuentes: From a Native Daughter. Colonialism and Sovereignty in Hawaiʻi (Haunani-Kay Trask)/Jonah Kūhiō Kalanianaʻole (Kawika K. Burguess)/Hawaiian Kingdom 1874–1893, the Kalakaua Dynasty (Ralph Simpson Kuykendall)/Lost Kingdom. Hawaii’s Last Queen, the Sugar Kings and America’s First Imperial Adventure (Julia Flynn Siler)/Islands of Destiny. A History of Hawaii (Olive Wyndette)/Modern History of Hawai’i (Ann Rayson)/Wikipedia