Cuando el Códice se impuso al Rollo como formato para los libros

Libros modernos en formato códice / foto dominio público en pixabay.com

Hace poco, a raíz del artículo que publicamos sobre la procedencia de los libros de la Biblioteca de Alejandría, un lector algo quisquilloso (y por cierto bastante equivocado) nos increpaba en una red social asegurando que aquello no eran libros, sino rollos manuscritos. Lo que no sabía, evidentemente, es que los rollos no son más que una forma de libro. Otra lo son los códices, y una más los libros electrónicos actuales.

Libro en formato Rollo / foto dominio público en Wikimedia Commons

En realidad lo que aquel lector debía querer decir, sin saber como decirlo, es que en la Biblioteca de Alejandría no había códices. Pero libros, libros sí que había, aunque en formato rollo. Como posiblemente alguno se lo esté preguntando, efectivamente, el códice no es más que el formato de libro al que actualmente llamamos…libro. Lo llamamos así por extensión, porque desde hace muchos siglos no existen libros en otro formato diferente al códice. Por lo menos hasta la llegada de los libros electrónicos, cuyo formato es totalmente diferente al rollo y al códice.

Pero, ¿cuándo y por qué los libros empezaron a hacerse en forma de códice en lugar de rollo? Sucedió, según consenso de los historiadores, en el mundo romano. Éstos ya utilizaban para escribir unas tablillas de madera recubiertas de cera y unidas por cuerdas, que dieron origen a la aparición de cuadernos de notas con páginas de papiro o pergamino en el siglo I d.C.

Tablillas de cera romanas, a partir de las que pudo evolucionar el códice / foto dominio público en Wikimedia Commons

Por esa misma época el poeta Marcial describe en sus obras libros en forma de códice, elogiando su conveniencia por la facilidad de lectura que proporcionan, y por ocupar menos espacio que un rollo de pergamino, siendo más fácil de sostener con la mano.

Esa economía de espacio y la facilidad de lectura serían las claves de la imposición del formato. No obstante habría que esperar todavía un tiempo, pues la difusión del códice iría a la par que la del cristianismo. La razón de que fuera el formato preferido por los cristianos es que permitía consultar referencias bíblicas mucho más rápido y de manera más sencilla que los rollos de pergamino o de papiro. Una prueba de ello es que en la biblioteca de la Villa de los Papiros, sepultada en Herculano por la erupción del Vesubio en 79 d.C., todos los libros son rollos. Mientras que en la biblioteca de Nag Hammadi, de hacia 390 d.C., todos los textos son códices.

Uno de los rollos de papiro de Herculano / foto Paz estrada en Wikimedia Commons

Aun cuando el formato se pudo originar en Roma, los primeros fragmentos de códices que se conservan proceden de Egipto y se fechan entre finales del siglo I y principios del II d.C. Evidentemente los primeros códices eran de papiro o pergamino, ya que el secreto de la fabricación del papel todavía tardaría seis siglos en llegar a Occidente, como vimos en Talas, la colosal batalla entre árabes y chinos que pudo ser el origen de la difusión del secreto del papel, y el primer libro europeo hecho con papel se data en torno al año 1000.

Los pueblos indígenas de Mesoamérica desarrollaron hacia el siglo XVI un formato muy similar al códice de la Antigüedad europea, aunque hechos con tiras de corteza de higuera o fibras vegetales, dando lugar a los códices mayas y aztecas.

Códice medieval / foto Pierre-Emmanuel Malissin et Frédéric Valdes en Wikimedia Commons

Como ya hemos visto las ventajas del códice sobre el rollo residían en la economía de materiales, el códice permitía escribir en el papiro o pergamino por ambos lados y no por uno solo, y en la posibilidad del acceso aleatorio en lugar del acceso secuencial de los rollos. Casi tan pronto como el códice fue inventado empezó a sustituir al rollo, de modo que para el siglo VI los rollos de pergamino prácticamente habían desaparecido como soporte de la escritura.

Hoy en día todos los libros son códices, aunque el término ha pasado a designar principalmente a los manuscritos medievales.

Fuentes: Scroll and Codex / Scribes, Script, and Books: The Book Arts from Antiquity to the Renaissance (Leila Avrin) / A Social History of Books and Libraries from Cuneiform to Bytes (Patrick M. Valentine) / Wikipedia.