Hace tiempo que dedicamos un par de artículos a explicar cómo la influencia griega dio origen a las primeras representaciones de Buda en Gandhara y el curioso hecho de que el rostro de las primeras esculturas de dicho personaje estuviera basado en el de Demetrio I, rey de Bactriana. Pues bien, otro monarca que vivió un siglo después de éste pudo haber sido el primer europeo en convertirse al budismo. Hablamos de Menandro I (al que no hay que confundir con el comediógrafo ateniense homónimo).

Al llamarle europeo hay que aclarar que es en sentido étnico, ya que no nació en el viejo continente sino en Asia, según unas fuentes en un pueblo cercano a Alejandría del Cáucaso (actual Bagram, en Afganistán) llamado Kalasi y según otras en alguna aldea del entorno de Sagala (que hoy en día es Sialkot, en Pakistán). Sin embargo, su familia era helena porque Bactriana, la región geográfica donde se ubicaban esas localidades, había pertenecido al Imperio Seleúcida de Antíoco II Teos, hijo de Antíoco I Sóter, uno de los epígonos que se disputaron el dominio de los territorios conquistados por Alejandro Magno a la muerte de éste.

Todo esto expresado en pretérito, ya que hacia el año 250 a.C., el gobernador de Bactriana, Diodoto, aprovechó que el rey estaba inmerso en una campaña contra el Egipto ptolemaico para proclamar su independencia y fundar así el Reino Grecobactriano. Diodoto I, que amplió sus dominios a las regiones de Aracosia, Fergana y Sogdiana, fue sucedido por su hijo Diodoto II, quien falleció asesinado por el usurpador Eutidemo, el cual fundó la dinastía Eutidémida. Su vástago Demetrio I heredó luego el trono, pero decidió dividir el reino en dos partes, occidental y oriental, separadas por el Cáucaso hindú.

Extensión del Reino Greco-Bactriano | foto Rowanwindwhistler en Wikimedia Commons Crédito: Rowanwindwhistler / Wikimedia Commons

Al frente de la segunda, históricamente conocida como Reino Indogriego o Reino de Yavana, Demetrio colocó a su hermano Pantaleón I, al que fueron sucediendo otros cinco reyes; el último, que no se sabe si pertenecía a la dinastía, fue Menandro I. Los territorios sobre los que reinaba se extendían desde Bactria hasta las actuales regiones de Jaiber Pastunjuá y el Punjab, la tenue frontera que separa Pakistán de la India, situándose la capital en la mencionada Sagala. Sin embargo, esos límites solían cambiar, ya que Menandro llevó a cabo varias campañas expansionistas por el norte del subcontinente indio, dominio de la dinastía Shunga.

El Yuga Purana (una crónica profética escrita en sánscrito) dice que los yavanas (indogriegos) llegaron hasta Kusumadhvaja («La ciudad del estandarte de las flores», identificada con Paliputra -hoy Patna-, capital del reino Maurya, lo que coincidiría con el testimonio de Estrabón) y la inscripción de Hathigumpha (un relieve sin fecha hecho en idioma pakrit por Jaravela, rey jainista de Kalinga, en una pared de la cueva homónima) añade que fueron rechazados.

No se sabe qué resultado dieron aquellas conquistas, pero sí que son la razón de que se hayan encontrado muchas monedas acuñadas por Menandro en numerosos sitios. Como explica el Periplo del mar Eritreo:

«Hasta el día de hoy circulan antiguas dracmas en Barygaza, procedentes de este país, con inscripciones en letras griegas, y las divisas de los que reinaron después de Alejandro, Apolodoro [sic] y Menandro».

Extensión del Reino Indogriego/Imagen: Rowanwindwhistler en Wikimedia Commons

Por tanto Menandro dirigía un reino lo suficientemente rico y próspero, fuerte por tanto, como para tratar de someter a sus vecinos. ¿Era sobrino o ex-general de Demetrio I y por ello contaba con la ayuda de la otra parte griega, la bactriana? No hay fuentes documentales ni de ningún tipo que lo confirmen. Los historiadores actuales no han encontrado relación entre ambos, a los que separaban tres décadas, y además se sabe que Menandro tuvo que repeler un intento de invasión de Eucrátides I, alejándolo hasta la antigua satrapía aqueménida de Parapamisos.

De hecho se cree que incluso le arrebató el territorio occidental, dado que parece haber reaprovechado las monedas acuñadas por Eucrátides añadiendo algunos cambios -su propia efigie, la disposición de la leyenda- y novedades; entre estas últimas, incorporar la imagen de Atenea Alcidemo, -«defensora del pueblo»- con rayo y escudo (seguramente basada en una estatua que había en Pella, la capital de Macedonia, ya que esa diosa era el emblema de la dinastía Antigónida) y fusionar la iconografía numismática griega con la india.

Pero a Menandro también le recuerda la tradición literaria budista, aunque con el nombre de Milinda, no sólo por su poder sino porque le considera converso al budismo. Así lo expresa el Milinda-pañja, un libro del siglo I a.C. escrito en la clásica forma de preguntas y respuestas; la parte que nos interesa es el clásico diálogo platónico expresando una conversación entre el monarca y un sabio llamado Nagasena -del que no hay constancia histórica-, tras la cual el primero adopta la fe del otro: «Quiera el venerable Nagasena aceptarme como seguidor de la fe, desde el día de hoy y por todo lo que dure mi vida».

Dracma de plata de Menandro I con su efigie en el anverso y la de Atenea Alcidemo en el reverso/Imagen: Wikimedia Commons

Menandro es presentado de forma elogiosa para acentuar y ensalzar su cambio de criterio:

«Rey de la ciudad de Sagala en la India, de nombre Milinda, erudito, elocuente, sabio y capaz; y un fiel observador, y eso en el momento adecuado, de todos los diversos actos de devoción y ceremonia ordenados por sus propios himnos sagrados sobre cosas pasadas, presentes y futuras. Muchas eran las artes y las ciencias que conocía (…) Como contendiente era difícil de igualar, más difícil aún de vencer; el superior reconocido de todos los fundadores de las diversas escuelas de pensamiento. Y como en sabiduría, en fuerza de cuerpo, rapidez y valor no se encontró nadie igual a Milinda en toda la India. Él también era rico, poderoso en riqueza y prosperidad, y el número de sus huestes armadas no conocía fin.

A continuación, Menandro renuncia a su poder terrenal: «… deleitándose en la sabiduría de los Ancianos, abdicó el reino en su hijo, y abandonando la vida familiar por la vida sin hogar, creció grandemente en visión interior, y alcanzó el nirvana».

Ahora bien, hay que puntualizar algunas cosas. En primer lugar, es probable que, efectivamente, el soberano abrazase el budismo. Así parece indicarlo el hecho de que en sus monedas de ese período no aparezca la efigie de Buda sino sólo su representación simbólica, siguiendo la antigua regla india. La estatuaria personalizada sería posterior y aquí nos remitimos a lo dicho al comienzo sobre la iconografía de Buda, basado en las monedas del reseñado Demetrio I.

Por otro lado, el texto del Milinda-pañja es la única referencia que existe a una abdicación del monarca y resulta sospechosamente parecida al retiro de Buda. La evidencia numismática indica más bien que Menandro siguió reinando hasta su muerte y entonces la corona pasó a su heredero Estratón, que era un niño, por lo que su esposa, Agatoclea, ejercería la regencia hasta la mayoría de edad. Por cierto, Estratón y sus sucesores adoptaron el título de Dharmikasa («seguidor del Dharma») y solían representarse con la mano derecha adelantada, pulgar e índice unidos con otros dedos extendidos, gesto de transmisión de las enseñanzas de Buda.

Relieve indio representando a un rey griego cuya espada está decorada con el símbolo budista triratna/Imagen: G41rn8 en Wikimedia Commons

A pesar del éxito político, económico y militar del gobierno de Menandro, el reino no se sostuvo sin él, tal cual había pasado con el imperio de Alejandro, y se disgregó; hasta sus cenizas fueron repartidas por las estupas de diversas ciudades como reliquias. Según Plutarco, Menandro falleció en una de sus campañas y eso desató una guerra civil entre Estratón y Zoilo I Dikaios, que quizá era un enemigo de su padre -uno de tantos- y se quedó con Parapamisos y Aracosia. Estratón únicamente pudo retener la parte más oriental, el Punjab y Gandhara, falto de apoyos acaso porque los griegos no veían con buenos ojos depender de una mujer y un niño.

Una teoría alternativa, basada en una moneda encontrada recientemente, es que a Menandro le sucedió primero otro hijo, Traso, que al ser también menor de edad pudo haber muerto a manos del citado Zoilo o de Lisias -un usurpador-, alguno de los cuales se apoderó del trono durante años hasta que Estratón ya adulto lo recuperó. La ausencia de fuentes obliga a moverse en el terreno de la especulación y, para complicar más las cosas, se han encontrado monedas con la efigie de un Menandro II que durante mucho tiempo se pensó que era el mismo.

En cualquier caso, Menandro I ha pasado a la historia por el primer occidental en adoptar la fe de Buda -por algo su apodo Sóter significa el Salvador– arrastrando consigo a otros griegos. El Mahavansa (un registro histórico en pali de reyes budistas) dice textualmente: «De Alasanda, la ciudad de los yonas, llegó el thera Yona Mahadhammarakkhita acompañado de treinta mil bhikkus» (yona, decíamos antes, es como se llamaba a los helenos de esa zona, mientras que thera se traduce como «anciano» y bhikku es «monje»)


Fuentes

Estrabón, Geografía | Plutarco, Obras morales y de costumbres (Moralia) | The Milinda Panha | Wilfred Harvey Schoff (trad.), The Periplus of the Erythraean Sea | W.W. Tarn, The Greeks in Bactria and India | Wikipedia


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