El primer japonés convertido al cristianismo fue un asesino fugitivo

Publicado hace 3 meses -


La primera conversión al cristianismo en Japón de la que se tiene documentación sucedió en 1547, y no es la típica historia milagrosa y beata.

Todo lo contrario, con unas pocas pinceladas aquí y allá podría salir una entretenida película de aventuras en los mares del Sur. Los protagonistas, un samurai, tres capitanes de barco portugueses y San Francisco Javier, el navarro cofundador de la Compañía de Jesús.

Anjiro (o Yajiro) era un samurai del dominio de Satsuma, uno de los feudos más poderosos y productivos del Japón, situado en la isla de Kyushu, la tercera más grande situada al sur del archipiélago. Era de familia noble y poseía grandes riquezas. Pero cometió un error, asesinó a un hombre, por motivos que las fuentes no explican, y se convirtió en fugitivo en el año 1546.

En su huida alcanzó el puerto de Kagoshima, (algunas fuentes dicen que Anjiro era mercader en el propio puerto) la capital del dominio, donde se topó con el capitán de un barco portugués llamado Alvaro Vas. Anjiro le explicó su problema y el otro accedió a acogerle ofreciéndole un trabajo entre la tripulación de su navío, indicándole que debía presentarse a bordo de la nave al día siguiente.

Pero se confundió y, en lugar de presentarse a bordo del barco de Vas, lo hizo en el de otro capitán portugués (probablemente las naves debieron parecerle, con razón, muy similares), llamado Jorge Álvares. Dió la casualidad que este Álvares era un buen amigo de Francisco Javier (quien, evidentemente, todavía no era santo pero ya dirigía misiones por aquellas latitudes).

Una vez enterado de las circunstancias de Anjiro, Álvares se lo lleva a Malaca, que en aquellos momentos era un importante enclave comercial portugués en la península de Malasia, con el objetivo de que se confiese con Francisco Javier. Esta es, evidentemente, la versión oficial. La realidad, según algunos historiadores, es que fue capturado por los jesuitas en la propia Malaca.

Monumento a San Francisco Javier en Kagoshima, con Anjiro a su derecha / foto Seguindo os passos da História

En cualquier caso Francisco Javier había partido para las Islas Molucas, por lo que Anjiro decide (o es obligado) a regresar a Japón en otro barco. Por el camino les sorprende una tormenta que les obliga a desviarse de la ruta y refugiarse en la costa de China. Casualmente allí conoce a otro capitán portugués (y ya van tres), quien le informa que Francisco Javier había regresado a Malaca y le lleva de vuelta.

Esta vez sí, Anjiro conoce por fin a Francisco Javier en diciembre de 1547, con el que consigue conversar utilizando las pocas palabras portuguesas aprendidas durante las travesías (probablemente de varios meses cada una).

En marzo del año siguiente Francisco Javier le envía al Colegio de Sao Paulo en Goa, la capital de la India portuguesa, donde aprende a leer, escribir y hablar portugués, aunque parece que no de manera demasiado fluida, y dos meses más tarde allí es bautizado con el nombre de Paulo de Santa Fé, convirtiéndose en el primer cristiano japonés. Tenía 36 años.

De ahí en adelante Anjiro será para Francisco Javier su principal fuente de información sobre el Japón, sus costumbres y su religión, y la principal motivación para que éste quisiera desplazarse personalmente a aquel país para evangelizarlo. Incluso le encargó a Anjiro la traducción del catecismo al japonés, tarea en la que utilizó numerosos términos budistas para explicar conceptos cristianos que, de otro modo, hubiera sido dificil expresar.

El 25 de abril de 1549 Francisco Javier parte para Japón, acompañado de otros seis misioneros y llevándose a Anjiro como intérprete, a bordo de un bajel pirata chino, que fue la única embarcación que pudieron encontrar para que los llevase a Kagoshima.

Monumento a San Francisco Javier y Anjiro en Malaca / foto Riosloggers

Desembarcan en el puerto japonés el 15 de agosto y la curiosidad por los recién llegados hace que incluso sean invitados por el daimio de Satsuma a una audiencia en su corte. Si Anjiro seguía siendo un fugitivo de la justicia, no parece que nadie lo recordase, o por lo menos nada dicen las fuentes.

El caluroso recibimiento y la gran aceptación que tenían los misioneros no dejaba de sorprender a Francisco Javier y sus compañeros, que predicaron felizmente durante casi dos años en el país del sol naciente. Hasta que dos años más tarde se dieron cuenta de su gran error.

Resulta que los japoneses no se habían percatado que lo que predicaban los europeos era una religión distinta al budismo. Por dos razones, porque habían llegado desde la India (Goa), y porque utilizaban los términos budistas que Anjiro había traducido.

En cuanto Francisco Javier se dio cuenta del error en el verano de 1551 comenzó a utilizar en su lugar términos latinos, y entonces las cosas empezaron a ir mal. Tanto que para 1552, cansado y desanimado, decidió marcharse y orientar sus esfuerzos hacia China.

Anjiro se quedó a cargo de la misión de Kagoshima, pero la persecución a que se empezaba a someter a los cristianos en Japón provocó que en apenas dos años todo se viniese abajo. Acuciado por la pobreza y la falta de recursos, y sin otro medio para subsistir, en otro giro completo a su vida, se enroló en un barco que se dedicaba a saquear las costas chinas y coreanas y, finalmente, murió como pirata wako en una de tantas incursiones.

Fuentes: Christianity in Early Modern Japan (Ikuo Higashibaba) / The Christian Century in Japan: 1549-1650 (Charles Ralph Boxer) / A History of Christianity in Asia (Samuel Hugh Moffett) /Wikipedia

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