La Fortaleza de Vilars d’Arbeca (Villares de Arbeca) es un sitio arqueológico único en la protohistoria ibérica y europea debido a sus impresionantes características defensivas, que se descubrió en 1975.

Ubicada en una llanura de origen aluvial a unos 4 kilómetros de la localidad de Arbeca en la provincia catalana de Lérida, la fortaleza fue fundada alrededor del 775 a.C., durante la Primera Edad del Hierro, y ocupada continuamente durante 400 años hasta finales del siglo IV a.C.

La construyeron los ilergetes (o iltirgeskios, los “habitantes de Iltirta”), asentados en una zona que iba desde el Bajo Urgel hasta el río Ebro, en las actuales Huesca y Lérida, una tribu que pertenecía al grupo cultural de los campos de urnas y cuya capital, aun por descubrir, se llamaba Atanagrum.

Vista de la Fortaleza de Villares de Arbeca en 2020
Vista de la Fortaleza de Villares de Arbeca en 2020. Crédito: Jaumeboldu / Wikimedia Commons

La fortaleza tiene forma ovalada y está formada por construcciones y viviendas que se organizan en torno a una cisterna de agua central, rodeadas por una muralla de 173 metros de largo, cinco metros de altura y otros cinco de grosor con 12 torres semicirculares.

La muralla estába protegida por un foso inundable de 13 metros de ancho y 4 de profundidad y una barrera de piedras puntiagudas clavadas en el suelo que impedían el paso a caballo y obligaba a los jinetes a desmontar para luchar a pie, un triple cinturón defensivo que la hacía casi inexpugnable.

Con una superficie interior de unos 2200 metros cuadrados, podía albergar aproximadamente a unas cien personas, que vivían de la ganadería y el cultivo de grano. El hecho de que la fortaleza se construyera en la llanura y no en los cerros, que podían ser más fácilmente defendibles, es que de esa manera se aseguraban el control del agua.

La cisterna central de la fortaleza
La cisterna central de la fortaleza. Crédito: CRPU Mascançà / Wikimedia Commons

Durante la Primera Edad del Hierro, las comunidades de la región experimentaron cambios graduales en sus formas de vida, como la sedentarización, la colonización de nuevos territorios, la adopción de innovaciones agrícolas, la creación de circuitos comerciales metalúrgicos, la emergencia del urbanismo y la generalización del rito de la cremación.

Uno de los principales desafíos de estos grupos humanos fue el manejo y control del agua. Los primeros sistemas identificados para la recolección y almacenamiento de agua de lluvia en la Península Ibérica datan de la Cultura del Bronce Antiguo Argárico en la zona costera mediterránea. En el Valle del Segre y el Cinca, la construcción de cisternas y reservorios se asocia con los primeros indicios de planificación urbana en asentamientos fortificados a partir de 1250 a.C.

Así, una estructura alargada ubicada en el exterior de la fortaleza, que tradicionalmente se identificaba como un elemento defensivo, resultó ser un reservorio de agua de lluvia canalizada desde el interior de la fortificación, que tenía la función de almacenar agua para usarla en períodos secos.

La barrera de piedras de la fortaleza
La barrera de piedras de la fortaleza. Crédito: Angela Llop / Wikimedia Commons

En algún momento de la historia de la fortaleza, esa estructura dejó de servir como reservorio y pasó a ser utilizada para la producción de tierra cruda, que es un material esencial para la construcción y mantenimiento de las murallas, los pavimentos, las calles y otros elementos domésticos de la fortaleza.

Para ello se empleaba agua de lluvia y restos de materiales de construcción. Se trata del primer caso identificado de una estructura protohistórica dedicada a la fabricación de tierra cruda en el noreste de la Península Ibérica.

No hay pruebas de que la fortaleza haya sido nunca atacada, sino que simplemente se abandonó hacia el año 325 a.C. sin que se sepa la causa. Los investigadores creen que la explicación más plausible es que el aumento de población hizo que tuvieran que buscar un lugar mayor. En cualquier caso, en apenas poco más de un siglo llegarían los romanos, y aprovecharían las piedras de la fortaleza para sus propias construcciones.

Gruesos muros en la puerta este de la fortaleza
Gruesos muros en la puerta este de la fortaleza. Crédito: CRPU Mascançà / Wikimedia Commons

Aunque la fortaleza fue descubierta en 1974, no sería hasta 1985 que comenzarían las primeras excavaciones arqueológicas, sacando a la luz la muralla y realizando labores de consolidación en 1986, y en 1988 se descubrió el campo de piedras puntiagudas, la estructura interna y la cisterna central.

En el interior del recinto los arqueólogos han encontrado diferentes piezas de cerámica y bronce, entre las que destacan un colgante tipo chupete, una fíbula, un brazalete, un anillo y un colgante zoomorfo con forma de chivo.

También se encontraron dos hogares en forma de piel de toro, en una de las estancias en torno a la plaza central y en un edificio de la zona norte, y tres enterramientos con distintos rituales, todos ellos de recién nacidos.

Reconstrucción del aspecto original de la fortaleza de Villares de Arbeca
Reconstrucción del aspecto original de la fortaleza de Villares de Arbeca. Crédito: J.R. Casals / Behance

Las excavaciones continuaron en los años siguientes, y en 2011 se llevó a cabo la museización del yacimiento, que se puede visitar gracias a una rampa de acceso, pasarelas y un mirador. La fortaleza fue declarada Bien Cultural de Interés Nacional en 1998 por la Generalidad de Cataluña.


Fuentes

La Fortaleza de los Villares de Arbeca (Museu d’Arqueologia de Catalunya) | Jaciment els Vilars (Grup Humà “Els Amics de Vilars”) | Joan Carbonell-Roca, M. Mercè Bergadà, et al., Water management and raw-earth construction in protohistory: Uses and transformations of reservoir BS-1625 at the site of Vilars d’Arbeca (Lleida, Spain). Journal of Archaeological Science: Reports, Volume 56, June 2024, 104532. doi.org/10.1016/j.jasrep.2024.104532 | Wikipedia


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