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Cómo viajeros ingleses encontraron en 1818 el León de Queronea, erigido en 318 a.C. como monumento a los caídos del Batallón Sagrado de Tebas

El León de Queronea, en la actualidad / foto Ava Babili en Flickr

Situada a orillas del Lago Copaide (un gran lago que estaba en el centro de Beocia, desecado en el siglo XIX) al noroeste de Tebas, la ciudad de Queronea ya era famosa en la Antigüedad por haber sido escenario de muchas importantes batallas.

La campaña de Filipo y localización de Queronea / foto Alonso de Mendoza, rowanwindwhistler en Wikimedia Commons

Pero sin duda la más conocida de todas fue la que enfrentó en 338 a.C. a las tropas de Filipo II de Macedonia, el padre de Alejandro Magno, con una coalición de varias ciudades-estado griegas, comandadas por Tebas y Atenas. El resultado de la batalla determinó el futuro de Grecia bajo la dominación macedonia.

Uno de los hechos más destacados y rememorados de esta batalla fue la derrota y total aniquilamiento de la que se consideraba como la más letal fuerza de élite griega en el momento, el Batallón Sagrado de Tebas. Se trataba de una unidad formada por 150 parejas de amantes masculinos que había sido creada por Górgidas, general tebano contemporáneo y compañero de Epaminondas, sobre cuyas innovadoras tácticas y su definitiva derrota de Esparta ya hablamos en artículos anteriores.

El león de Queronea a comienzos del siglo XX / foto Woodhouse Archive en Flickr

En el Batallón Sagrado cada pareja estaba compuesta por un hombre adulto (Heniochoi) y otro joven (paraibatai). Queronea sería su única derrota en toda su historia de cerca de 33 años de existencia.

Para varones de la misma tribu o familia hay poco valor de uno por otro cuando el peligro presiona; pero un batallón cimentado por la amistad basada en el amor nunca se romperá y es invencible; ya que los amantes, avergonzados de no ser dignos ante la vista de sus amados y los amados ante la vista de sus amantes, deseosos se arrojan al peligro para el alivio de unos y otros.

Plutarco, Vidas paralelas: Pelópidas 18
El león, como se encontró a comienzos del siglo XIX / foto dominio público en Wikimedia Commons

Filipo, que había estado cautivo en Tebas y conocía las tácticas militares de los beocios, logró poner en fuga al ejército combinado de tebanos y atenienses. Sin embargo el Batallón Sagrado se mantuvo firme y, rodeado, cayó sin ceder un ápice de terreno. Plutarco, que había nacido en Queronea (ciudad donde también falleció) cuenta que Filipo, al ver los cuerpos amontonados y sabiendo de quiénes se trataba, dijo:

Perezca quien sospeche que estos varones o sufrieron o hicieron algo inapropiadamente

Plutarco, Vidas paralelas: Pelópidas 18
El león en proceso de reconstrucción / foto dominio público

Según Plutarco aquel día murieron los 300 componentes del Batallón Sagrado. Sin embargo, las excavaciones modernas de la tumba comunal de Queronea solo encontraron 254 esqueletos.

Esta tumba comunal ya la menciona Pausanias en su Descripción de Grecia:

Aproximándose a la ciudad, hay una tumba común de los tebanos que murieron en la lucha contra Filipo. No está escrita ninguna inscripción, pero sobre el monumento hay un león. Tal vez se refiera al valor de muchos hombres. No hay inscripción, creo yo, porque la fortuna que les acompañó no fue acorde con su arrojo.

Pausanias, Descripción de Grecia IX.40

Efectivamente, tras la derrota Filipo permitió a los tebanos enterrar a sus muertos y, para marcar el lugar, ya unas dos décadas más tarde, erigieron una escultura que representaba a un león de unos 6 metros de altura. Sin embargo, en tiempos de Plutarco ya no era visible.

El león de Queronea tras su emplazamiento en su lugar original / foto Woodhouse Archive en Flickr

Sin embargo, en una de esas maravillosas serendipias de la arqueología, el arquitecto George Ledwell Taylor junto con Edward Cresy, John Sanders y el pintor William Purser, durante una excursión por Queronea el 3 de junio de 1818 descubrieron algunos fragmentos, que inmediatamente sospecharon que podían pertenecer al león descrito por Pausanias. Según Taylor:

Mi caballo tropezó con una piedra y, al mirar hacia atrás, me llamó la atención la apariencia de la escultura. Contratamos a algunos campesinos y no abandonamos el lugar hasta que desenterramos la colosal cabeza del león y algunas de sus extremidades. Desde la nariz hasta la parte superior de la cabeza medía cuatro pies y seis pulgadas. Una parte de una de las patas delanteras dos pies y dos pulgadas. Enterramos estas masas cuidadosamente y las dejamos

Fotografía aparecida en la revista Popular Mechanics en 1914 / foto dominio público en Wikimedia Commons

En la colección del Victoria & Albert Museum existe una nota del diario de uno de sus acompañantes, en la que se cuenta:

Nuestro primer descubrimiento fueron los fragmentos del famoso león tebano, aproximadamente un cuarto de milla antes de que ingresáramos a la ciudad. Yacía cerca del costado de la carretera y exhibía solo una parte de la mejilla derecha y un poco de la melena. Excavamos y encontramos la cabeza completa y una pierna de enormes dimensiones. La ejecución es audaz, el mármol muy blanco y notable por su grano fino

Estos fragmentos serían pronto vueltos a desenterrar, no sin que antes Taylor y sus compañeros intentaran conseguirlos para el Museo Británico, y en 1820 serían examinados por nuevos expertos, como el arquitecto Wolfe, que propondría la restauración correcta del monumento. Excavaciones llevadas a cabo a partir de 1879 revelaron que el león estaba originalmente en el borde de un peribolos o recinto cuadrangular. Se encontró además la base original del león.

También que, aunque el monumento se había ido hundiendo progresivamente a lo largo de los siglos, se había roto en pedazos durante la guerra de la independencia de Grecia, pocos años después de que Taylor y sus compañeros lo descubriesen, dejándolo in situ.

Fotografía de 1915 / foto Rijksmuseum en Wikimedia Commons

Sin embargo habría que esperar otro año más, hasta 1880, para que el arqueólogo L.Phytalis realizara catas más profundas que revelaron la presencia de restos humanos y permitirían que el éforo P.Stamatakis personalmente encontrara toda la fosa común. Seis cajas de huesos fueron llevadas a Atenas. Además de los 254 esqueletos, también aparecieron restos incinerados de un número indeterminado más, con la peculiaridad de que parecen haber sido enterrados con posterioridad.

En cuanto al león, a pesar de que Grecia recibió numerosos ofrecimientos, tanto de Alemania como de Reino Unido, para financiar la restauración, todos fueron rechazados.

Finalmente, el león fue vuelto a erigir en el mismo lugar donde se encontró en 1902, sobre la tumba de los tebanos del Batallón Sagrado. La reconstrucción fue sufragada por la Orden de Queronea, una organización que desde hace más de cien años defiende los valores del Batallón Sagrado, y los trabajos realizados por el escultor Lázaro Sochos, que utilizó los fragmentos antiguos montándolos sobre un esqueleto de acero y rellenando lo que faltaba.

El león de Queronea en la actualidad / foto George E. Koronaios en Wikimedia Commons

Se levantó sobre un pedestal de mármol en el lado sur de la carretera moderna, con el león mirando hacia el cercano túmulo de las tumbas macedonias, y rodeada por cipreses. La expresión del león es sería, casi triste, pero al mismo tiempo orgullosa. Quizá una expresión del dolor por los caídos.

Pero también puede tener otro significado. En las Termópilas había un león anterior, que señalaba el lugar donde habían caído Leónidas y sus 300 espartanos. En 479 a.C. otros 300 tebanos, los precedentes del Batallón Sagrado, habían caído luchando por Jerjes contra los aliados que defendían la libertad de Grecia. El año anterior los tebanos se habían rendido a los persas en las Termópilas. El león de Queronea quizá quería establecer un paralelismo entre ambos episodios, con el fin de borrar la vergüenza tebana por haber luchado del lado persa.


Fuentes

W.R.Lethaby, Greek Lion Monuments, The Journal of Hellenic Studies, vol. XXXVIII (1918) / John Ma, Chaironeia 338: Topographies of Commemoration, The Journal of Hellenic Studies, vol CXXVIII (2008), jstor.org/stable/40651724 / Vidas paralelas: Pelópidas (Plutarco) / Wikipedia.