Lapis Niger, el santuario donde se encontró la primera inscripción latina conocida, ya era un misterio para los propios romanos

El Lapis Niger en la actualidad / foto Valery Rokhin – Shutterstock
El arqueólogo Giacomo Boni hacia 1920 / foto Martin G. Conde en Wikimedia Commons

En 1898 el arqueólogo veneciano Giacomo Boni fue nombrado director de las excavaciones del Foro Romano de la capital italiana, cargo que desempeñó hasta su fallecimiento en 1925. Entre los hallazgos que realizó durante ese período están una necrópolis de la Edad del Hierro, la Regia (primero cuartel y luego sede del pontífice máximo de Roma), el templo de Vesta y otros monumentos.

Uno de sus descubrimientos más destacados en el Foro es el Lapis Niger (piedra negra en latín), un antiguo santuario en el que se encontró una de las primeras inscripciones en latín conocidas, datada entre 570 y 550 a.C. Este santuario, aunque considerado un espacio sagrado, era todo un misterio para los propios romanos ya en época de Julio César. Formaba parte del antiguo Comitium (comicio), el espacio de reunión público de la asamblea curiada situado en la esquina noroeste del Foro.

Pudo ser precisamente en época de Julio César (o anteriormente en tiempos de Sila, dictador entre 81 y 80 a.C., según otros expertos) cuando se cree que se reformó este santuario, construyendo una nueva estructura con pavimento de mármol negro. Lo realmente interesante era lo que cubría, pues debajo, a un metro y medio de profundidad, Boni halló la citada inscripción y una antigua tumba que, como decíamos, ya en tiempos de César los romanos habían olvidado a quién pertenecía.

Vista del Foro Romano, con el Lapis Niger en primer término / foto Cortyn – Shutterstock

Lo que sí tenían claro es que el lugar era importante y por tanto sagrado, por lo que generación tras generación lo reverenciaron y mantuvieron incólume. Como no sabían quien estaba allí enterrado surgieron varias historias, conjeturas que pronto se convirtieron en leyendas. Según una de ellas sería la tumba de Rómulo, el fundador y primer rey de Roma, asesinado en el templo de Vulcano que se hallaba junto al Lapis Niger.

Rómulo desapareció repentinamente, sin que se viese ni miembro de su cuerpo ni jirón de su vestido; habiendo conjeturado algunos que los Senadores cargaron sobre él en el templo de Vulcano, le despedazaron y repartieron entre sí el cuerpo, llevándose cada uno en el seno una partecita. Otros opinan que ni fue en el templo de Vulcano, ni se hallaban solos los Senadores cuando Rómulo fue quitado de en medio

Plutarco, Vidas Paralelas, Rómulo 1, 27-6
Esquema del Lapis Niger en 1906 / foto dominio público en Wikimedia Commons

Según otras historias podría ser la tumba de Hosto Hostilio, el abuelo del rey Tulio Hostilio (tercer rey de Roma entre 673 y 642 a.C.), y que fue uno de los céleres, la escolta personal de Rómulo; o también el lugar donde Fáustulo, el pastor que encontró y crió a Rómulo y Remo, pereció en batalla.

Como se puede ver el denominador común de todas estas conjeturas es Rómulo. El problema es que nada en el interior del Lapis Niger puede confirmar (o desmentir) esta asociación. De hecho las primeras fuentes antiguas que lo mencionan ya cuestionan las leyendas, y se inclinan por afirmar que probablemente se trataba del lugar donde los reyes se dirigían al pueblo y al senado.

El pilar con la inscripción del Lapis Niger / foto Giovanni Dore en Wikimedia Commons

Lo que las excavaciones de Boni encontraron, además del pilar con la inscripción, fueron numerosos fragmentos de cerámica, estatuillas votivas y evidencias de sacrificios rituales de animales, todo ello bajo una capa de grava con la que había sido intencionadamente cubierto. La datación de todos estos restos los sitúa entre los siglos V y VII a.C. Es decir, como muy temprano justo en tiempos de la muerte de Rómulo y a comienzos del reinado de su sucesor Numa Pompilio (716-674 a.C.), que además era concuñado de Rómulo.

El lugar sufrió varios avatares durante los siglos siguientes, como incendios y destrucciones parciales a causa de guerras e invasiones, hasta que fue reformado en el siglo I a.C., cuando se levantó sobre él un altar más modesto con el pavimento de mármol negro.

Interpretación de la inscripción / foto ImperioRomano.com

En cuanto a la inscripción es, como dijimos, la más antigua conocida hasta ahora en latín. Pero tiene una serie de particularidades. En primer lugar el alfabeto con que está escrita se parece más al griego que al latino, lo cual la sitúa cronológicamente en los orígenes de éste. Luego, está escrita en bustrófedon, un tipo de escritura arcaico que consiste en escribir un renglón de izquierda a derecha y el siguiente de derecha a izquierda o viceversa.

Y por último, la interpretación de lo que pone está limitada porque faltan el principio y el final de la inscripción y del resto apenas queda la mitad de cada línea. Pero lo que se puede leer parece indicar que el sitio estaba dedicado a un rey (rex). La transcripción de las cuatro caras del pilar sería:

QVOI·HOI·SAKROS·ES·ED·SORD

OKAFHAS·RECEI·IO·EVAM·QVOSRE

M·KALATO·REM·HAB·TOD·IOUXMEN·TA·KAPIA·DOTAV

M·I·TERPE·M·QVOI·HA·VELOD·NEQV·IOD·IOVESTOD

Y la traducción generalmente aceptada:

Quien quiera (que violase) esta (arboleda), sea maldito. (Que nadie arroje) desechos (ni lance un cuerpo…). Seamos leales al rey (para sacrificar una vaca en compensación). (Que pague) una (multa) por cada (ofensa). A quien el rey (sancione, que entregue vacas). (Deja que el rey tenga un) heraldo. (Que unza) a una pareja, dos cabezas, estéril… A lo largo de la ruta… (Él) que no (sacrificará) con un animal joven… en… asamblea legal en la arboleda…

Réplica del pilar / foto sailko en Wikimedia Commons

La importancia de esta inscripción radica en que por primera vez se descubrían evidencias epigráficas de que Roma había tenido reyes alguna vez. Algo que las fuentes clásicas citaban pero que nunca se había podido comprobar.

Si Rómulo u otro de esos reyes estaba enterrado bajo el santuario es algo que probablemente nunca sabremos. En lo que casi todos los expertos están de acuerdo es en que el Lapis Niger debió ser un monumento fundacional de la ciudad de Roma, en torno al cual se celebraban las asambleas del pueblo romano desde tiempos muy remotos.

Fuentes: The Lapis Niger and the Grave of Romulus / VRoma / Lapis Niger and Vulcanal / Bibliotheca Augustana / Historia de Roma (Francisco Javier Lomas Salmonte, Pedro López Barja de Quiroga) / The Archaeology of Early Rome and Latium (Ross R. Holloway) / Wikipedia.