El rey chino que acuñó monedas de oro para repartirlas entre sus súbditos

Shang Tang, pintura de Ma Lin, h.1225 / foto dominio público en Wikimedia Commons

El estereotipo del rey tiránico, caprichoso e insensible ante el sufrimiento de la gente es verídica hasta cierto punto y casi siempre en épocas posteriores al origen de esa institución, cuando ésta era la garante de la supervivencia de su pueblo. Un buen ejemplo podría ser el chino Shāng Tāng, que hasta repartió dinero entre sus súbditos para sacarlos de la pobreza.

La monarquía no es una institución medieval como se suele decir -de hecho, en el Medievo sufrió una crisis ante el feudalismo- sino que tiene su origen en la Antigüedad, en las primeras sociedades históricas, con una función muy clara: ejercer un papel protector sobre la comunidad, tanto en el plano defensivo como en el de garantizar el suministro cereal, de ahí que el rey dispusiera de poder absoluto para ejercer el mando del ejército y repartiera grano de sus almacenes en períodos de vacas flacas. El caso de los imperios agrarios del Creciente Fértil es paradigmático: recordemos los silos que poseían el faraón y el clero egipcio con ese fin y otros análogos en Mesopotamia.

El Creciente Fértil/Imagen: Rowanwindwhistler en Wikimedia Commons

Siempre es difícil determinar con exactitud el momento en que empieza la historia de un país o territorio y por eso las periodizaciones son un mero indicativo. Tomando como referencia el elemento que se utiliza para considerarlo, la aparición de documentos escritos, China habría dado el salto desde la Prehistoria hace unos cinco mil años, cuando se datan los primeros intentos de protoescritura. Pero como no hay unanimidad para considerar seriamente dichos intentos, lo habitual es situar en la dinastía Shang ese comienzo.

Shang significa comercio y la palabra se utiliza porque esa dinastía creció vinculada estrechamente a esa actividad, fruto de un gran avance en la agricultura. En realidad no era la primera, pues antes hubo otra, la Xia; pero de ésta, que habría durado del siglo XXI a.C. al XVI a. C. y se asocia al inicio de la Edad del Bronce, no hay información hasta épocas muy posteriores ni presenta un registro arqueológico demostrado, así que sus diecisiete reyes tienen un carácter más bien legendario. Así pues, se considera que fueron los Shang, sus sucesores, los que metieron a China en la Historia.

Ejemplo de un hueso oracular: una escápula con escritura/Imagen: Herr Klugbeisser en Wikimedia Commons

En realidad, también hubo dudas sobre la historicidad de los Shang, ya que las fuentes documentales eran todas varios siglos posteriores, de la época Zhou, y tampoco había pruebas arqueológicas. Hubo que esperar al siglo XX para que estas últimas empezaran a excavarse en el entorno del río Amarillo para demostrar que los textos Zhou decían la verdad. En concreto, se encontraron huesos oraculares (huesos con escritura), objetos de bronce y plastrones (caparazones de tortuga con inscripciones), a los que luego se fueron sumando los sitios arqueológicos de la Cultura de Erligang (cerca de Zhengzhou, en Henan) y la ciudad de Yin (que fue capital de los Shang en 1350 a.C).

Los chinos irrumpieron en el Neolítico aproximadamente al comenzar el tercer milenio antes de Cristo; lo hicieron gracias al cultivo del arroz, igual que en el referido Creciente Fértil fue el trigo el elemento impulsor y en América el maíz. Esa etapa coincidió con la dinastía Xia, cuyo último gobernante se llamaba Jié. Cuentan las crónicas que era un tirano, corrompido por la influencia de su concubina favorita, Mo Xi, a la que se describe como depravada, sádica e inmoral; incluso se ilustra su maldad con la leyenda del lago de vino que mandó hacer para después obligar a tres mil de sus súbditos a desecarlo bebiendo, ahogándose ebrios la mayoría.

Mo Xi se regocija obligando a sus súbditos a beber del lago de vino/Imagen: Yokoiscool en Wikimedia Commons

De ese modo, Jié fue perdiendo la simpatía popular, algo que él mismo agravó al obligar a sus súbditos a colaborar forzosamente en la construcción de un fastuoso palacio. Las arcas del estado se derrocharon en su megalómana obra y, de paso, la gente se empobreció al tener que descuidar sus campos. Como el poder de su dinastía se había ido debilitando ya desde antes, él sería el último y más débil eslabón; mala cosa si encima su caprichoso comportamiento tenía irritados a todos.

Es entonces cuando aparece la figura de Shang Tang, al que mencionábamos al principio. Nacido en torno al año 1675 a.C, era de noble estirpe, de una familia que llevaba varias generaciones al servicio de la corte de Shang, uno de los señoríos que estaban bajo la soberanía del rey Jie. Al casarse con la hija del príncipe Xīn accedió al gobierno, donde desarrolló una buena labor durante diecisiete años y logró que Shang fuera aumentando su importancia respecto a otros territorios vasallos del rey.

Shang Tang percibió el sufrimiento del pueblo y tomó conciencia de que era necesario un cambio radical, lo que pasaba, obviamente, por el derrocamiento de Jié y su odiada concubina. Así pues, empezó a establecer contactos con los diversos señoríos del reino y se atrajo el apoyo a cuarenta de ellos. Aunque manifestó no ser partidario del caos que suelen originar ese tipo de movimientos, a la vez interpretaba como un mandato divino la oportunidad que se le presentaba de liderar la oposición desde su privilegiado puesto, gracias al que, por cierto, sabía que los mandos militares también estaban hartos de Jié.

Tang tenía además la ventaja de haber colocado a un hombre de confianza en la corte: Yi Yin, un sirviente de su esposa que había ascendido por su sabiduría y que impresionó tanto al rey que lo convirtió en ministro. El primer paso insurreccional fue prudente. El señorío de Shang dejó de pagar el tributo real para reunir fondos y distanciarse públicamente del monarca. Éste no reaccionó gracias a que Yi Yin intervino disuadiéndole. Pero al año siguiente Tang volvió a negarse a pagar y Jié ya no pudo permanecer inactivo.

Representación de Jié simbolizando su opresión al portar una alabarda y sentarse sobre dos mujeres/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Quizá todo obedeciera a un plan pero el caso que Tang fue detenido mientras visitaba un templo y encerrado en la Torre Xia, convirtiéndose así en un mártir y ejemplo para todos. Tanto que los demás señoríos se rebelaron y la cúpula militar se negó a movilizarse para sofocar la revuelta. El rey no tuvo más remedio que liberarle… para ver cómo Tang se ponía abiertamente al frente de la insurrección. Todo esto ocurrió a caballo entre los años vigésimo segundo y vigésimo tercero del reinado de Jié.

Tang conquistó varias ciudades importantes, expandiendo sus dominios y atrayendo cada vez más partidarios. China, que para ser exactos todavía no existía como tal, quedó envuelta en una guerra civil durante varios años hasta que en el trigésimo primer año del reinado ambos ejércitos se encontraron en Mingtiao (actual Anyi) para librar la batalla decisiva. Ayudado por una fuerte tormenta que desorganizó al enemigo más el desapego de sus propios hombres, que se mostraron indolentes en combate, Jié resultó derrotado y tuvo que emprender la huida.

Guerreros chinos de la dinastía Shang/Imagen: Pinterest

Inicialmente se refugió en Sanzong pero los soldados de Tang le persiguieron hasta allí y tuvo que reanudar su escapada hasta que le apresaron en Jiǎomén. El rey fue derrocado y enviado al destierro en la montaña Nánzhào, donde moriría tiempo más tarde. Una de las fuentes históricas, el Shiji (Memorias históricas, de Sima Qian), cuenta que Jié resumió de forma muy expresa su caída situando el porque en no haber ejecutado a Tang en su momento. El caso es que se acabó la dinastía Xia dando paso otra que alcanzaría treinta soberanos hasta el 1046 a.C, en que tendría que dejar paso a la Zhou.

Pero mientras, Tang fue el primero de la dinastía Shang, que ha pasado a la historia como protagonista de la considerada primera revolución aristocrática de China. El recuerdo que dejó fue bueno, a pesar de que también fue pionero en instaurar un estado organizado al estilo feudal y con un importante pilar en en el esclavismo, ya que redujo a esa condición a todos los que siguieron resistiéndose al cambio: tras vencerlos definitivamente los privó de libertad y los mandó a trabajar al campo como mano de obra forzada. Era una medida necesaria probablemente, dada la dura situación del país tras aquella larga guerra interna.

Guerreros de la dinastía Shang con un prisionero /Angus McBride)/Imagen: Pinterest

De hecho, se requirieron cinco años para reconducir las cosas. La mayor parte de las familias chinas habían perdido miembros y los campos quedaron semiabandonados lo que, combinado con un fatal período de sequías, llevó miseria y hambrunas. Consciente de que no podía perder el apoyo popular, Tang impulsó entonces una inaudita medida de choque: mandó a sus cecas acuñar tiradas extra de monedas de oro que luego debían repartirse entre las clases más desfavorecidas para que pudieran no sólo hacer frente a su penuria sino también recomprar a sus hijos.

Recomprar a los hijos no es una expresión metafórica. Cuando venían crisis de subsistencias, muchos campesinos se veían obligados a vender a sus vástagos para garantizar la supervivencia de los niños (los compradores se hacían cargo de ellos) y la suya propia (menos bocas que alimentar). Las enormes dimensiones del país y la fuerte tasa vegetativa de su población hizo que ésa fuera una costumbre que se repetiría a lo largo de la historia, junto con la de deshacerse de las recién nacidas en beneficio de los varones.

Territorio de la dinastía Shang/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En cualquier caso, debió resultar insólita la imagen de funcionarios estatales distribuyendo monedas. En una época posterior, con una economía más desarrollada, la medida hubiera sido catastrófica por el efecto que tendría en los precios y en el valor fiduciario. Pero hablamos de la Protohistoria, del principio de la Era Antigua de China, coincidente con la Edad del Bronce. Todo resultaba demasiado primitivo para tener repercusión negativa importante y los campesinos recibieron la iniciativa con evidente satisfacción, por supuesto.

Eso, junto a la bajada de impuestos que decretó Tang, la relajación en los reclutamientos militares y la avanzada técnica agrícola que había impulsado el clan Shang (que, en el fondo, fue la que llevó a desplazar a los Xia, cuyos campos rendían mucho menos), favoreció el desarrollo económico, permitiendo también que muchos estados limítrofes del entorno del río Amarillo aceptasen una relación de vasallaje. El reino se enriqueció, el nuevo rey estableció la capital en Anyang y no se ensañó con la memoria de su predecesor, respetando su palacio y erigiendo monumentos en su honor. Fallecería hacia el 1646 a.C, tras diecisiete años de reinado.

Fuentes: Breve historia de la China milenaria (Gregorio Doval Huecas)/China. Su historia y cultura hasta 1800 (Flora Botton Beja)/This is China: The First 5,000 Years( Haiwang Yuan, ed)/Chinese History. A manual (Endymion Porter Wilkinson)/The Key to the Chronology of the Three Dynasties: The “Modern Text” Bamboo Annals (David S. Nivison en Sino-Platonic Papers)/The Cambridge History of Ancient China: From the Origins of Civilization to 221 b.C. (Michael Loewe y Edward L. Shaughnessy)/Wikipedia