Los restaurantes más raros de Holanda

Restaurantes mas raros Holanda 2

Dicen los expertos que la comida holandesa tradicional, queso y arenque aparte, se basaba en la patata, que se preparaba de múltiples formas (en sopa, asadas, con crepes, etc). Asimismo, esa gastronomía típica solía encontrarse, sobre todo, en los llamados eetcafés, también conocidos como bruine cafés, locales pequeños pero acogedores, donde es posible comer sin arruinarse (si antes se consigue encontrar sitio).

En realidad, un turista en ese país también encontrará abundante oferta de comida indonesia como recuerdo de la zona asiática colonizada. Aunque, viviendo en plena era de la globalización, se puede acceder a casi cualquier variedad gastronómica, sea cual sea su nacionalidad o estilo, desde las hamburgueserías a la pasta italiana, pasando por la cocina fusión o los sandwiches y bocadillos de los broodjeswinkel.

Pero nada comparable a esa tendencia a fundar restaurantes raros, donde además de buscar satisfacer el sentido del gusto se busca complementarlo con un entorno diferente y, a veces, incluso con una experiencia extra.

De todos ellos difícilmente se va uno a topar con uno más original que una sala de autopsias. Se llama Lab111 (Arie Biemondstraat 111) y es un antiguo laboratorio de anatomía patológica reconvertido en centro cultural; los holandeses son muy dados a eso, pues han hecho lo mismo con infinidad de iglesias. El caso es que si eligen comer o cenar allí no lo harán sobre la mesa de disección (ni les servirán carne humana, claro), pero sí bajo la inconfundible lámpara quirúrgica, que sigue colgando del techo para que el entorno conserve el encanto primigenio.

Quizá no tan bizarra, aunque sí igual de insólita, es la ubicación de REM Eiland. Se trata de una plataforma marina que no se dedicaba a la extracción petrolífera -se alza frente al puerto de Ámsterdam, en Haparandadam 45-2 1013 AK- sino que albergaba una estación metereológica, si bien antes, en los años sesenta, operaba en ella una emisora de radio pirata.

Tampoco no podía faltar un molino, por supuesto. En este caso uno muy especial porque tuvo el honor de pasar a la posteridad en un cuadro de Van Gogh: Molino de agua en Opwetten. En tan espléndido marco se ha abierto un restaurante llamado De Watermolen van Opwetten (Opwettenseweg 203, 5674 AC Nuenen). Sirve cocina tradicional, evidentemente.

Esto en lo tocante al continente pero ¿y el contenido? Pues resulta que Ámsterdam tiene establecimientos que además de por su aspecto, diseño o decoración, también lo son por la experiencia gastronómica que se puede vivir si se reserva mesa. Así, De culinaire werkplaats (Fannius Scholtenstraat 10) sirve platos basados en texturas comestibles poco habituales y con una interesante sistema de pago: según criterio del cliente.

Otro restaurante, Eenmaal (Bos en Lommerweg 361), ofrece algo que resultaría bastante raro en España: comer solo. Las mesas son pequeñas, pensadas para un único comensal, y el objetivo es demostrar que se puede comer en soledad sin que por ello se caiga el mundo.

Por último, el restaurante Ctaste (Amsteldijk 55) busca ampliar la experiencia gastronómica más allá de los sentidos del gusto y la vista. Para ello, el cliente únicamente dispone de la posibilidad de elegir entre cuatro menús (pescado, carne, vegetariano y sorpresa) y luego será acomodado en un comedor completamente a oscuras. Por supuesto, los camareros son ciegos.

Vía: Europa Press

Foto 1: Laab111
Foto 2: REM Eiland