La superficie de Marte, a diferencia de la de la Tierra, no se renueva constantemente por la tectónica de placas. Esto ha dado lugar a la preservación de enormes extensiones de terreno notables por su abundancia en ríos y lagos fósiles que datan de hace miles de millones de años.

Desde 2012, el Curiosity de la NASA, el primer rover que ha explorado restos tan antiguos, ya había detectado la presencia de moléculas orgánicas simples que pueden formarse tanto por procesos geológicos como biológicos.

Sin embargo, la aparición de formas de vida primitivas, según la hipótesis de los científicos, requiere inicialmente condiciones ambientales favorables a la organización espontánea de estas moléculas en compuestos orgánicos complejos.

Tales condiciones son precisamente las que ha descubierto recientemente un equipo de investigadores del Institut de Recherche en Astrophysique et Planétologie (CNRS/Université de Toulouse III – Paul Sabatier/CNES) y del Laboratoire de Géologie: Terre, Planètes, Environnement (CNRS/ENS de Lyon/Université Claude Bernard Lyon 1), junto con sus colegas estadounidenses y canadienses.

Un patrón fósil hexagonal en rocas sedimentarias analizado por Curiosity en el día 3154 de su viaje por el cráter Gale de Marte | foto NASA/JPL-Caltech/MSSS/IRAP/Rapin et al./Nature

Utilizando los instrumentos Mastcam1 y ChemCam2 del Curiosity, han descubierto depósitos de sales que forman un patrón hexagonal en capas sedimentarias que datan de hace entre 3.800 y 3.600 millones de años. Similares a los hexágonos observados en cuencas terrestres que se secan estacionalmente, son la primera prueba fósil de un clima marciano sostenido, cíclico y regular, con estaciones secas y húmedas.

Al dejar que las moléculas interactúen repetidamente en diferentes concentraciones, experimentos independientes de laboratorio han demostrado que este tipo de entorno proporciona las condiciones ideales para la formación de complejos compuestos precursores y constituyentes de la vida, como el ARN.

Estas nuevas observaciones deberían permitir a los científicos echar un nuevo vistazo a las imágenes a gran escala obtenidas desde la órbita, que ya han identificado numerosos terrenos con una composición similar.

Ahora saben dónde buscar rastros de los procesos naturales que dieron origen a la vida, de los que no quedan vestigios en la Tierra.


Fuentes

CNRS | Rapin, W., Dromart, G., Clark, B.C. et al., Sustained wet–dry cycling on early Mars. Nature 620, 299–302 (2023). doi.org/10.1038/s41586-023-06220-3


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