Memory of Mankind, el archivo que se guarda en la mina de sal de Hallstatt y al que cualquiera puede contribuir

Un token, al fondo Hallstatt / foto Martin Kunze en Wikimedia Commons

En el artículo que dedicamos a la mina de sal de Hallstatt, la más antigua del mundo, decíamos que entre los hallazgos más importantes realizados en su interior estaba una escalera de madera del año 1108 a.C. Se encontró en 2002 con su estructura prácticamente intacta, gracias a que la sal no había permitido el crecimiento de los hongos que descomponen la madera.

Precisamente la sal es lo que hace que lugares como la mina de Hallstatt sea idóneos para almacenar algo pensado para durar muchos años, porque absorbe la humedad y deseca el aire. Y ese es precisamente el lugar elegido por el proyecto Memory of Mankind para servir de backup al conocimiento de nuestra civilización.

Tabletas de cerámica / foto Martin Kunze en Wikimedia Commons

Un proyecto curioso y singular por varias razones, aparte de utilizar una mina de la Edad del Bronce como almacén. Y es que los datos no se guardan en papel, ni siquiera en soporte electrónico o digital. Se guardan en tabletas de cerámica, tomando como inspiración las antiguas tabletas sumerias de escritura cuneiforme, a una profundidad de 2 kilómetros dentro de la mina. Un soporte que puede resistir hasta 1200 grados centígrados, radiación, productos químicos o magnetismo, y que solo puede romperse a golpes (y aun así la información se puede recuperar reuniendo los trozos).

La intención de sus creadores es que la información dure por los menos un millón de años. La idea es que ante la posible desaparición de la información sobre el mundo actual, que es básica y mayoritariamente online, en algún momento futuro, nuestros descendientes puedan tener la forma de recuperarla. Y si para entonces no queda nadie que pueda leer los archivos, se han preparado para proporcionar a posibles visitantes extraterrestres las claves para descifrarlos: una especie de piedra Rosetta en varios idiomas, eventos astronómicos que permitan obtener fechas, imágenes asociadas a palabras y, por supuesto, gramáticas y tesauros de las principales lenguas terrestres.

Contenedores con tabletas en el interior de la mina / foto Martin Kunze en Wikimedia Commons

Cada tableta mide 20 por 20 centímetros. Unas llevan imágenes y texto con una resolución de 300 dpi, mientras que otras pueden albergar hasta 5 millones de caracteres de información analógica, susceptible de ser indexada por futuros buscadores, gracias al desarrollo de un Microfilm cerámico que permite 5 líneas de texto por milímetro, y que se puede leer con una lupa de 10 aumentos. Así por ejemplo, un libro en microfilm cerámico ocupa 200 veces menos espacio que la versión impresa.

En cuanto a la información que contienen, existen tres tipos: en primer lugar el contenido enviado por particulares, ya que cualquiera puede enviar información siempre que acompañe una declaración explicando por qué debe preservarse. Luego están los contenidos recopilados de manera automática, como el procedente de prensa diaria internacional y perfiles sociales seleccionados al azar. Y por último el contenido específico, proporcionado por las instituciones externas, como algunas universidades, que colaboran en el proyecto.

Microfilm cerámico / foto Martin Kunze en Wikimedia Commons

Las contribuciones personales son gratuitas, es decir, se pueden enviar para que sean almacenadas. Si además queremos obtener una copia en tableta cerámica podemos solicitarla a partir de 30 euros, dependiendo de la cantidad de información. Las copias de las tabletas vienen acompañadas de un token, un disco de 6,5 centímetros de diámetro en el que están representados la situación geográfica de Hallstatt, la entrada de la mina en relación a la silueta del lago del mismo nombre, y una pista sobre el mineral de sal.

Este token está pensado para ser transmitido de generación en generación, de modo que solo una cultura futura similar a la nuestra, esto es, con una comprensión técnica y física del mundo igual a la actual, sea capaz de descifrar las indicaciones de acceso y apertura del archivo. Por ejemplo, determinando la edad del token sabrán cómo reconstruir la línea de costa del lago para la fecha en que fue creada, después de un período glacial. Dentro de la mina se han colocado pistas con indicaciones matemáticas que, una vez descifradas, conducen al lugar donde se encuentran las tabletas cerámicas.

Anverso y reverso del token / foto Martin Kunze en Wikimedia Commons

Para cuando alguien quiera recuperar la información de las tabletas, dentro de un millón de años, éstas estarán sepultadas bajo la sal, que actualmente fluye a razón de unos 2 centímetros por año. Lo que diferencia al proyecto Memory of Mankind de otros proyectos de cápsula del tiempo creados en todo el mundo, es que no tiene fecha de apertura fijada. En ese sentido es posible que, algún día, su búsqueda y hallazgo se conviertan en toda una aventura. Si quieres aportar tu granito de arena al archivo puedes teclear un texto ahora mismo desde su formulario de contribuciones.

Fuente: Memory of Mankind – Sitio Oficial.