El lago rumano cuya agua es tan pura como la destilada

Existe un buen puñado de lagos en Rumanía, pero solo uno está localizado en el cráter de un volcán. Se trata del Lago Santa Ana y, presisamente por su situación, tiene algunas características que lo hacen especial. Una de ellas es que pasa por ser, junto al lago Pingualuk de Canadá, el que tiene las aguas más puras del mundo.

El volcán en cuestión se llama Ciomatu Mare y se encuentra cerca de la ciudad de Băile Tușnad, en los Cárpatos Orientales. Según los científicos que estudiaron tanto el extinguido volcán como el lago, éste último se habría formado hace unos 9.000 años, cuando el agua de la lluvía empezó a rellenar el cráter dejado por las más recientes erupciones en la zona, ocurridas hace unos 42.000 años.

_FilePane-800px-Szent_Anna-tó-1

El lago está a una altitud de 946 metros, tiene forma circular y una superficie de casi 20 hectáreas (620 metros de largo por una anchura máxima de 460 metros). Su profundidad máxima es de 7 metros.

Captura de pantalla 2016-09-02 a las 12.34.42_800x476

Dado que ninguna corriente de agua, ni en la superficie ni en el subsuelo, desemboca en el lago, este se nutre solo de agua de lluvia. Ello provoca dos cosas: la primera que la pureza del agua sea próxima a la del agua destilada, con solo 0,0029 mg de mineral por litro de agua; y la segunda, que dada la alta concentración de oxígeno ningún animal vive en el interior del lago, está completamente desprovisto de vida. Esto no quiere decir que el lugar no sea habitable, pero hasta el momento ningún ser vivo capaz de sobrevivir en él ha logrado llegar hasta allí.

Durante el invierno la superficie del lago se hiela y queda cubierta con una capa que puede llegar a medir 1 metro de grosor.

_FilePane-1280px-Szent_Anna_tó_1_800x410

Pero la montaña en la que se encuentra todavía tiene cierta actividad post-volcánica, algo que los habitantes de los alrededores aprovechan para predecir cuando hará buen tiempo o habrá tormenta. Cuando la presión atmosférica baja provoca que gases como el dióxido de carbono y el de azufre asciendan a la superficie, deslizándose por las grietas de la montaña, y produciendo un olor como de huevos podridos. En ese caso habrá tormenta.