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Harbin y su festival de hielo y nieve


Si un clásico del verano para los niños es ir a la playa a jugar con el cubo y la pala, construyendo castillos de arena, parece lógico pensar que en los lugares del mundo donde abunda la nieve se haga lo mismo. Ignoro si es así, más allá de los típicos muñecos de nieve, pero de la misma forma que han ido surgiendo concursos y eventos a base de esculpir con arena, también empiezan a abundar los que usan el hielo como materia prima, caso de noruega, Japón o Canadá. En ese sentido hay una referencia de carácter mundial que es el Festival de Hielo y Nieve de Harbin.

Harbin es una ciudad de China, capital de la provincia de Heilongjiang (Manchuria), está situada al noroeste del país, cerca ya de Siberia y, por tanto, sometida a una dura climatología en invierno, con temperaturas que pueden rebasar los treinta y ocho grados bajo cero. Condiciones perfectas para garantizar hielo y nieve a artistas especializados en trabajar esos materiales, para lo que utilizan las más variopintas herramientas: el clásico cincel sería la más primitiva y pasada de moda, al lado de la motosierra o incluso el láser.

El festival de Harbin empieza casi con el año nuevo, ya que se inaugura a principios de enero (este año fue el día 5 pero depende del tiempo que haga). Eso sí, requiere una preparación previa dado que las elaboradísimas esculturas que exhibe no se consiguen terminar de un día para otro. No sólo porque sean muchas sino también porque algunas alcanzan tamaños colosales: la más grande, récord Guinness, se registró en 2007 y medía doscientos cincuenta metros de longitud, estando formada por trece mil metros cúbicos de nieve.

Y es que hablamos de China y, como sabemos, allí todo tiende a la desmesura. El evento en cuestión no dura una semana sino todo un mes y se desarrolla a lo largo y ancho de toda la ciudad, si bien el núcleo principal lo constituye la isla del Sol, en el río Songhua, para cuyo acceso hay que pagar entrada. Cientos de esculturas se van repartiendo por el lugar, iluminadas ad hoc mediante luces de colores que forman fantásticos juegos cromáticos y salen de faroles hechos también con hielo.

Los temas son múltiples y variados, desde arquitectura a animales, pasando por historias mitológicas y muchas cosas más, a veces con un acabado especial logrado usando agua desionizada. Como la superficie fluvial también se congela, es típico aprovecharla para espectáculos de patinaje, engrosando de paso la oferta de deportes invernales de esos días.

Este festival se celebra desde el año 1963 y sólo se interrumpió durante la Revolución cultural (vaya usted a saber por qué, dado que Mao le había dado su visto bueno) recuperándose en 1985. Hoy ha alcanzado fama mundial y recibe visitantes de todo el planeta. Porque de día impresiona pero de noche alcanza cotas mágicas.

Foto: Lzy881114 en Wikimedia

Foto 2: Dayou en Wikimedia

Foto 3: Li Yan en wikimedia