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El Parque Nacional de Banff


Cualquiera que desee perderse en medio de la naturaleza durante días y, dentro de lo que cabe, sin peligro, debería viajar a Canadá y reservar una escapada hasta el Parque Nacional de Banff. A pesar de que millones de personas lo visitan al año -es uno de los parques más visitados del mundo- y de que ha habido que tomar medidas para garantizar su conservación, merece la pena obviar la masificación para vivir la emocionante aventura de acampar en su interior.

Ese lugar está entre Alberta y Columbia, en plenas Montañas Rocosas, lleno de picos nevados, masas boscosas de abetos y lagos de origen glaciar. Es el parque nacional más antiguo del país, constituido en 1885 al descubrirse en él aguas termales y pasar a ser un balneario. Entonces tenía sólo 26 kilómetros cuadrados frente a los 6.680 actuales, aunque hay que decir que está rodeado por otros tres parques: Jasper, Yoho y Kootenay.

El sistema montañoso es joven, de 70 millones de años, y por tanto abrupto. Sus primeros habitantes humanos fueron varias tribus indias pero el territorio no se hizo conocido hasta 1858, cuando un explorador llamado James Hector, de viaje por la región, recibió una terrible coz de su caballo; creyéndole muerto, sus guías preparaban el entierro pero recuperó la consciencia, dando así un divertido nombre al entorno: Kicking Horse Pass.

Después, la Columbia Británica se incorporó a Canadá y se construyó un ferrocarril que la atravesaba justo por ese punto. Muchos viajeros pasaron por allí en tren, ya que la compañía Canadian Pacific incluso levantó hoteles; hoy, en cambio, se dedica casi exclusivamente a mercancías y los visitantes suelen hacerlo en bus en su propio coche (previo permiso) desde Calgary (que está a 90 kilómetros) por la Autopista Transcanadiense.

Las aguas sulfurosas y calientes del balneario son el principal centro de atracción, sobre todo en Upper Hot Springs, donde destacan la mole neogótica del Banff Springs Hotel y los teleféricos que suben hasta Sulfur Mountain (2.263 metros). Más allá, a 59 kilómetros de Banff ciudad, está el lago Louise, famoso por el color blanquecino del agua, debido al polvo que arrastran los glaciares hasta él. Alrededor hay montones de senderos para caminar y hacer que salga humo de la cámara de fotos.

Andando 13 kilómetros hay otro lago, el Moraine. Éste es de color azul turquesa y está rodeado por una cadena montañosa, lo que no impide que se junten varios centros turísticos que ofrecen actividades como pesca, escalada, esquí, trineo con perros, paseos en motonieve, etc. Algo más al norte se halla Icefields Parkway que, como indica su nombre, está formado por campos de hielo y nieve de cientos de kilómetros cuadrados que son la zona con mayor números de glaciares entre el Círculo Polar Ártico y el Ecuador.

En suma, una visita para entrar en comunión con la naturaleza y disfrutar tanto de paisajes como de la fauna local (¡pero cuidado con los osos!).

Más información: Parque Nacional de Banff en Wikipedia

Foto: Tobi 87 en Wikimedia