En busca de los dragones de Komodo


Hay una serie de animales que resultan de especial atractivo turístico, bien por su escasez, bien por su exotismo, bien por su carisma. Los leones del Serengeti, los gorilas de montaña, los grandes cetáceos, los tigres de Bengala, los orangutanes de Borneo… Cada lector o viajero seguramente podrá añadir otro a la lista.

Ahora bien, en ese sentido hay una especie verdaderamente rara. Primero, porque su nombre evoca antiguas leyendas medievales aunque no tenga nada que ver; segundo, porque sólo se puede ver en un remoto rincón de la Tierra. Me refiero al dragón de Komodo (Varanus komodensis).

Este lagarto gigante, el mayor del mundo y uno de los animales más antiguos que se mueven sobre la Tierra -es primo de los dinosaurios-, debe su nombre a la isla indonesia en la que habita exclusivamente, que forma parte de un Parque Nacional homónimo de 170.000 hectáreas que aglutina a Komodo y otras islas vecinas y es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Contemplar de cerca a alguno de los 5 millares de ejemplares que aún viven en ese pequeño paraíso oceánico constituye uno de los principales motivos para visitar Indonesia, destino que de un tiempo a esta parte empieza a sonar en las agencias de viajes. Hay otras cosas de interés, por supuesto: allí están también Bali, Java y su capital Yakarta, Sumatra y el archipiélago de las Molucas, por ejemplo; pero yo tengo claro que mi primer foco de atención en esos lares es el dragón de Komodo.

Se cree que llegó a esa tierra procedente de Australia hace unos 4 millones de años (aunque su origen inicial es el continente asiático), evolucionando de forma distinta a sus congéneres australianos, posteriormente extinguidos. En Komodo, donde había quedado como población aislada, fue descubierto para la ciencia en 1910 por los holandeses, que entonces mandaban allí.

Los machos pueden alcanzar hasta 3 metros de longitud y 150 kilogramos de peso; las hembras, que son un tercio más pequeñas, ponen una treintena de huevos, muchos de los cuales son devorados por los perros asilvestrados. El caso es que el escaso número de hembras -unas 350 solamente- hace que los dragones estén en la Lista Roja de Especies Amenazadas.

Aunque también hay ejemplares en otras islas del entorno, la mayoría se encuentran en Komodo, a donde se puede llegar en 6 horas de ferry desde Sape (en la isla Sumbawa) o 4 desde Labuhanbajo (en la isla de Flores). Ojo, antes hay que solicitar el permiso correspondiente, ya que se trata de un Parque Nacional escasamente habitado y no hay demasiados alojamientos para pernoctar en sus menos de cuatrocientos kilómetros cuadrados.

Si bien el lugar ofrece más posibilidades a los turistas (trekking por la selva, submarinismo en la playa de Pantai Merah), nadie que se acerque hasta allí dejará de recorrer el par de kilómetros que separa el pueblo de Loh Liang del área de observación de los dragones. Pese a que se trata de un sendero señalizado, es obligatorio hacerlo con guía porque hay que mantener una distancia de seguridad con los dragones por dos razones: en primer lugar, su cola es un arma más que contundente cuando la usa para golpear; y segundo, su saliva es muy venenosa.

Por otra parte, se trata de animales carnívoros; y aunque se alimentan sobre todo de carroña, alguna vez han atacado a seres humanos, especialmente desde que se prohibió el espectáculo ritual de ofrecerles cabras muertas. Asimismo, tienen un fuerte sentido de la territorialidad. No obstante, no es lo normal. Más peligro pueden tener los buceadores si se topan con uno nadando de una isla a otra; eso sí, el espectáculo será inolvidable.

Foto: Mark Dumont en Wikimedia