Un estudio sobre el ADN en la península Ibérica sugiere que la población masculina fue reemplazada casi completamente durante la Edad del Bronce

Yacimiento de Motilla del Azuer / foto Ángel M.Felicisimo en Wikimedia Commons

El mayor estudio realizado hasta la fecha sobre el ADN antiguo de la Península Ibérica ofrece nuevas perspectivas sobre las poblaciones que vivieron en esta región durante los últimos 8.000 años. El descubrimiento más sorprendente sugiere que los cromosomas Y locales (masculinos) fueron reemplazados casi completamente durante la Edad de Bronce.

A partir del 2500 a.C. y durante unos 500 años, los análisis indican que se produjeron acontecimientos sociales tumultuosos que dieron forma a la ascendencia paterna de los ibéricos hasta nuestros días.

Edad del Bronce en la Península Ibérica / foto Sugaar en Wikimedia Commons

El trabajo, publicado en Science el 15 de marzo por un equipo internacional de 111 personas liderado por investigadores de la Facultad de Medicina de Harvard y el Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona, también detalla la variación genética entre los antiguos cazadores-recolectores, documenta el entrecruzamiento entre los antiguos ibéricos con los pueblos del norte de África y el Mediterráneo, y proporciona una explicación adicional de por qué los vascos actuales, que tienen un lenguaje y una cultura tan distintivos, también son ancestralmente diferentes de los demás ibéricos.

Algunos de los hallazgos apoyan o aclaran lo que se sabe sobre la historia y la prehistoria de Iberia, mientras que otros los desafían.

El equipo analizó genomas de 403 ibéricos antiguos que vivieron entre los años 6000 a.C. y 1600 d.C., 975 personas de fuera de la Península Ibérica y unos 2.900 de la actualidad.

Los investigadores hallaron que ya en el año 2500 a.C., los ibéricos comenzaron a vivir junto a personas que emigraron desde Europa central y que tenían ancestros genéticos recientes en las estepas rusas. En unos pocos cientos de años, los análisis mostraron que los dos grupos se habían entrecruzado extensamente.

Un hombre y una mujer enterrados juntos en el yacimientos de Castillejo de Bonete / foto Luis Benitez de Lugo Enrich y José Luis Fuentes Sánchez/Oppida

Por ejemplo, en el yacimiento de la Edad de Bronce conocido como Castillejo de Bonete en España, donde una mujer y un hombre fueron encontrados enterrados uno al lado del otro, los análisis revelaron que la ascendencia de la mujer era totalmente local, mientras que el hombre tenía ancestros de Europa central.

Según los investigadores, los hombres y las mujeres de los dos grupos contribuyeron con proporciones sorprendentemente desiguales de ADN a las generaciones subsiguientes.

Antes de la llegada de los centroeuropeos, los ibéricos no tenían ascendencia reciente detectable fuera de la Península Ibérica. Después del año 2000 a.C., el 40 por ciento de los antepasados de los ibéricos en general y el 100 por cien de sus antepasados patrilineales -es decir, su padre y el padre de su padre, etcétera- se remontan a los grupos que llegaron de Europa central.

Según Carles Lalueza-Fox, investigador principal del Laboratorio de Paleogenómica del Instituto de Biología Evolutiva y co-autor principal del estudio los datos sugieren que hubo un cambio genético importante que no es obvio en el registro arqueológico.

Todavía no está claro qué podría haber provocado un cambio tan dramático. Los investigadores creen que sería un error llegar a la conclusión de que los hombres ibéricos fueron asesinados o desplazados por la fuerza, ya que el registro arqueológico no da pruebas claras de un estallido de violencia en este periodo.

Una posibilidad alternativa es que las mujeres ibéricas locales prefiriesen a los recién llegados de Europa Central en un contexto de fuerte estratificación social, afirma Lalueza-Fox.

A medida que pasaron los siglos, la ascendencia paterna continuó evolucionando. Sin embargo, la mayoría de los hombres ibéricos de hoy en día pueden remontar su ascendencia paterna a estos recién llegados de la Edad de Bronce.

Los grupos de cazadores-recolectores dispersos por toda la Península Ibérica tenían una composición genética muy diferente entre sí en la era mesolítica, desde aproximadamente el año 8000 a.C. hasta el 5500 a.C., lo que sugiere que nuevos grupos de cazadores-recolectores emigraron a la Península Ibérica y transformaron las poblaciones locales antes de que los agricultores llegaran con sus propios ancestros desde Anatolia. Un estudio independiente sobre cazadores-recolectores ibéricos, publicado en Current Biology el mismo día que el artículo de Science, llega a conclusiones similares.

Una persona enterrada en Iberia entre el año 2400 a.C. y el año 2000 a.C. tenía ascendencia totalmente norteafricana, y una segunda persona que vivió entre el año 2000 a.C. y el año 1600 a.C. tenía un abuelo con ascendencia norteafricana. El nuevo estudio confirma que las migraciones también se produjeron de África a Europa.

Mapa lingüístico de la Península Ibérica hacia 300 a.C. / foto Alcides Pinto en Wikimedia Commons

Muestras de personas de la Edad de Hierro que vivieron alrededor del año 900 a.C. al 19 a.C. en áreas donde se hablaban lenguas muy diferentes, tenían una ascendencia significativa de la estepa rusa. Esto sugiere que la afluencia de personas no siempre provocó cambios lingüísticos, específicamente la adopción de lenguajes indoeuropeos.

Los vascos de hoy en día son genéticamente similares a los de la Edad de Hierro en toda la Península Ibérica, lo que lleva a los investigadores a la hipótesis de que la ascendencia y la lengua vasca permanecieron relativamente intactas durante milenios, mientras que otros grupos a su alrededor se mezclaron y cambiaron de forma más significativa.

La ascendencia norteafricana estaba más extendida en Iberia durante el periodo romano (alrededor del año 20 a.C. al 400 d.C.) de lo que se creía anteriormente, especialmente en el sur. La influencia genética se aprecia mucho antes de que grupos del norte de África conquistaran Iberia durante el siglo VIII d.C.

Fuentes: The genomic history of the Iberian Peninsula over the past 8000 years, Iñigo Olalde, Swapan Mallick…, Science Vol. 363, Issue 6432, pp. 1230–1234 DOI: 10.1126/science.aav4040 / New York Times.