La repoblación de Sierra Morena con alemanes y suizos en el siglo XVIII

Mayer, Fritz, Schwartz, Bomel, Scheroff, Waterman, Wizner, Risoto, Güiza… Nadie diría que se trate de apellidos españoles pero siendo cierto que no lo son etimológicamente, también lo es que son habituales en algunos rincones de nuestro país y no precisamente porque los lleven turistas extranjeros afincados en la costa en una jubilación dorada. No, corresponden a familias plenamente hispanas descendientes de colonos alemanes, suizos e italianos.

Uno de los grandes problemas que ha tenido España a lo largo de su historia es su escasa población, a menudo agravada en determinas zonas por su coyuntura o situaciones concretas. Una de ellas, auténtico paradigma, fue Sierra Morena, que primero fue una deshabitada tierra de nadie que separaba el territorio cristiano del musulmán y donde, más tarde, hubo bastante reticencia a instalarse debido al paso por la región de la carretera que comunicaba Andalucía con Castilla a través del puerto de Despeñaperros, que atraía a numerosos bandoleros; no es una novedad la gravedad que llegó a alcanzar el bandolerismo en ese lugar.

Así que a grandes males remedios, pensó Carlos III, y encargó la misión de la repoblación a Pablo Antonio José de Olavide y Jáuregui, un ilustrado criollo al que el conde de Aranda había incorporado a su gobierno. Nombrado Intendente de Sevilla y del Ejército de Andalucía y Superintendente de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, sería el encargado de poner en práctica la idea de Johannes Caspar von Thurriegel, un militar bávaro que, ante el fracaso que había obtenido su propuesta en Francia, lo intentó en España mediante sobornos. Thurriegel ofrecio al Rey traer a España seis mil colonos. Eran fundamentalmente alemanes y flamencos pero también había suizos, italianos, franceses y austríacos (a menudo, los capuchinos encargados del registro no tenían muy clara su procedencia), exigiéndoles, por supuesto, ser católicos, labradores y carecer de antecedentes delictivos. Incluso se especificaba en qué proporción de sexos y edades, coincidente con los parámetros de la época.

Pablo de Olavide
Pablo de Olavide

¿Por qué centroeuropeos? Porque debido a las malas cosechas y a un estado de guerra casi continuo, esa parte del continente estaba sumida en una profunda crisis con miles de personas en situación precaria. Y aunque en un principio se barajaron otros sitios a donde llevarlos (en concreto de ultramar, bien Puerto Rico, bien la Patagonia), finalmente se optó por Andalucía porque se estimó, acertadamente, que conseguirían mayor arraigo. La Real Cédula de la primavera de 1767 incluía el llamado Fuero de Nuevas Poblaciones, en el que ya se especificaba que el objetivo era revitalizar Sierra Morena y frenar el creciente bandolerismo.

Con el apoyo entusiasta de los ilustrados españoles y aprovechando tierras confiscadas a la expulsada Compañía de Jesús, empezaron a llegar escalonadamente aquellos insólitos inmigrantes, que fueron aportando vida a una zona silvestre donde la densidad de población apenas alcanzaba los dieciocho habitantes por kilómetro cuadrado. El primer impulso fue importante y en dos años se habían constituido una quincena de asentamientos que agrupados de cinco en cinco formaban una feligresía, con su alcalde, su síndico y su iglesia. Las zonas donde se instalaron fueron básicamente Jaén, Córdoba y Sevilla, siendo las más importantes Fuente Palmera (que tenía siete aldeas), La Carlota (cinco) La Carolina (que era la capital junto con la anterior), Carboneros, Guarromán y La Luisiana (tres), pero había más.

En total eran una treintena de localidades que reunían a algo más de millar y medio de familias, de las que doscientas cincuenta y cinco eran de procedencia nacional, sobre todo de Cataluña y Galicia. A cada colono se le dieron cincuenta fanegas de tierra para cultivar (unas treinta y dos hectáreas), aperos de labranza, algo de ganado (dos vacas, cinco ovejas, cinco cabras, cinco gallinas, un gallo y una «puerca de parir»), pan durante un año y trescientos veintiséis reales de vellón, aparte de campos comunales para los animales y recogida de leña. Asimismo, tenían exención de impuestos durante una década.

Carlos III entregando tierras a los colonos de Sierra Morena (José Alonso del Rivero)
Carlos III entregando tierras a los colonos de Sierra Morena (José Alonso del Rivero)

El proceso de colonización de Sierra Morena se extendió a lo largo de cuarenta años, período durante el cual Olavide fue encausado por la Inquisición acusado de haber formulado tiempo atrás veintiséis proposiciones heréticas (entre ellas leer libros proscritos, dudar de la existencia del infierno, defender el sistema de Copérnico o prohibir que las campanas tocasen a muerto por la peste); el tribunal le condenó a ocho años de prisión pero escapó a Francia, donde tuvo relación con Voltaire y los enciclopedistas, fue perseguido por los revolucionarios jacobinos y al final pudo regresar a España perdonado gracias a la publicación de una obra titulada Evangelio en triunfo. Al frente de las Nuevas Poblaciones le sustituyó otro ilustrado menos heterodoxo, Tomás González Carvajal en 1795.

Carvajal permaneció en el puesto hasta 1807, año en que tuvo que dejarlo porque el clima de la zona le afectó gravemente a la salud. Algo que pasó también con muchos de los colonos centroeuropeos, que fallecieron víctimas de fiebres tercianas , la adversidad que les mostraron algunos hacendados expropiados del entorno, el choque de costumbres o incluso el hecho de que parte de ellos resultaron ser «tunantes» e «inútiles que desconocen lo más elemental de la agricultura» (con lo que los rendimientos agrícolas fueron escasos), por lo cual hubo que traer más gente de rincones de España. En 1835, considerando que las Nuevas Poblaciones ya estaban totalmente enraizadas, se les retiró el fuero especial por el que se regían, lo que, paradójicamente, las hirió de muerte como tales.

Mapa de Andalucía en el siglo XVIII
Mapa de Andalucía en el siglo XVIII

El fomento de matrimonios mixtos con españoles/as, y una intensa labor docente hicieron que se fueran diluyendo las diferencias, especialmente en el aspecto cultural. Actualmente, aunque la gente terminó mezclándose, aun se pueden encontrar rincones donde no sólo abundan los apellidos germánicos sino que también conservan rasgos físicos centroeuropeos (piel clara, pelo rubio…) e incluso algunas palabras y expresiones en alemán; cada vez menos, dicho sea de paso.

Fuentes y fotos: Las nuevas poblaciones de Sierra Morena (Josefina Castilla Soto) / Los extranjeros en la España Moderna (Actas I Coloquio Internacional) / Colonización agraria y modelos de hábitat (siglos XVIII-XX) (Cipriano Juárez Sánchez-Rubio y Gregorio Canales Martínez). / Wikipedia