Historia

La Guerra de Toledo, la disputa territorial entre Ohio y Míchigan que duró más de 150 años

La Guerra de Toledo, la disputa territorial entre Ohio y Míchigan que duró más de 150 años 9 septiembre, 2017

Licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005). Creador del blog El Viajero Incidental. Bloguer de viajes y turismo desde 2009 en Viajeros. Editor de La Brújula Verde. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

Los gobernadores de Míchigan y Ohio solventando la histórica discordia en 1915/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Si hablamos de un conflicto territorial entre regiones de un mismo país y añadimos el nombre Toledo es casi inevitable que todos pensemos en España. Sin embargo no es así; en realidad se trata de lo que se llamó la Guerra de Toledo o Guerra Michigan-Ohio, una disputa entre estados de EEUU por la posesión de una franja fronteriza que hoy se reduce a una mera rivalidad deportiva pero que en la primera mitad del siglo XIX estuvo a punto de desembocar en un conflicto armado.

Como suele pasar, la discrepancia venía de antes, de una normativa dictada en 1787 por el Congreso y denominada Northwest Ordinance, por la que se creaba el Territorio del Noroeste, a menudo conocido también como Viejo Noroeste o Territorio del Noroeste de Ohio, que abarcaba los actuales estados de Ohio, Indiana, Illinois, Míchigan, Wisconsin y el este de Minnesota, sumando un total de 673.000 kilómetros cuadrados. La ley especificaba que en el futuro se dividiría en no menos de tres ni más de cinco estados, cuyos límites entre sí estarían determinados por una línea este-oeste trazada por el litoral sur del lago Míchigan.

El Territorio del Noroeste con los estados actuales/Imagen: Infohio

El problema estaba en la indefinición exacta de dicha costa, dada la insuficiente exploración geográfica de la zona y, por tanto, las carencias que había en la cartografía topográfica. Así, cuando en 1802 el territorio de Ohio inició el proceso para convertirse en estado de EEUU, llegaron las dudas y la polémica. En plena Convención Constituyente un cazador informó de que había trabajado en la región y aseguraba que el lago se extendía más al sur de lo que decían los precarios mapas disponibles, lo que significaba una disminución de terreno con pérdida de buena parte de la costa del lago Erie. Para prevenirlo, los delegados incluyeron en el borrador de la constitución una disposición que desplazaba hacia el noreste la frontera respecto a lo dictado por la Northwest Ordinance, asegurándose de que todo el sur del Erie quedaría integrado en el nuevo estado. El boceto constitucional fue enviado para su aprobación al Congreso, pero éste puso algunas objeciones en el sentido de considerar prematura esa determinación fronteriza mientras no se tuviera confirmación científica. La cuestión fue relegada y quedó en el olvido durante treinta años, despertando en 1835, cuando Míchigan también solicitó incorporarse a EEUU.

Para entonces ya se habían llevado a cabo varios trabajos topográficos al respecto. El Congreso encargó uno en 1812 pero la guerra con Inglaterra obligó a postergarlo y no se pudo empezar hasta la incorporación de Indiana a la Unión en 1816. Lo dirigió el ex-general Edward Tiffin, que había sido gobernador de Ohio, y el resultado se conoció como Línea Harris (en alusión al topógrafo que lo hizo, William Harris), situando la desembocadura del río Maumee en Ohio. Una conclusión basada en el criterio de la Constitución de Ohio en vez de en la Northwest Ordinance, lo que indignó al gobernador de Míchigan, Lewis Cass.

La Franja de Toledo/Imagen: Drdpw en Wikimedia Commons

Ohio fue receptivo a las protestas y encargó una nueva misión a John A. Fulton que debía seguir la ordenanza de 1787 y que movió el límite al sur de la desembocadura. La franja de terreno que quedaba en medio respecto a la ubicación anterior se bautizó con el nombre de Toledo Strip (porque incluía la ciudad homónima cuyos delegados instaron a resolver la disputa). Era una lengua de unos 1.210 kilómetros cuadrados de superficie que reclamaron ambas partes. Míchigan la ocupó de facto estableciendo una administración, pero Ohio no renunciaba a su posesión debido a su importancia económica; no sólo porque la fertilidad de su tierra propiciaba los cultivos de cereal (maíz y trigo) sino también porque las malas comunicaciones por tierra se subsanaban con las fluviales y lacustres, siendo los puertos de Toledo fundamentales. Especialmente teniendo en cuenta que había un plan para conectar el Mississipi con los Grandes Lagos mediante la construcción de una red de canales, de los que el Erie quedaría listo en 1825 demostrando ser un auténtico incentivo de riqueza.

Así, la tensión fue in crescendo, máxime cuando Míchigan reunió población suficiente para solicitar ser estado (60.000 habitantes) pero se encontró con la oposición del Congreso por estar aún pendiente el problema de la franja mientras Ohio declaraba intrusos a esos vecinos. La respuesta de Míchigan fue convocar una convención a comienzos de 1835 ignorando al Congreso; paralelamente, Ohio adscribió el territorio de Toledo en su legislación y reivindicó otra vez la Línea Harris. De nuevo contestó Míchigan decretando multas e incluso prisión para aquellos ciudadanos del lugar que realizaran actividades ejecutivas para Ohio; y para subrayar su postura organizó una milicia local, enseguida replicada por otra de Ohio. Ambas entraron en Toledo dispuestas a enfrentarse mientras el Congreso se veía impotente para frenar la escalada.

Stevens T. Mason, gobernador de Míchigan/Imagen: Alchetron

Stevens T. Mason, joven gobernador de Míchigan, y Robert Lucas, gobernador de Ohio, iban al frente de aquellas fuerzas. Mason se atrincheró en la ciudad de Toledo para detener al enemigo, que estaba a 16 kilómetros, ocupando cada bando una ribera del río Maumee. El presidente Andrew Jackson quería mediar pero era consciente de que Ohio tenía un peso importante en la política nacional mientras que Míchigan aún no era un estado y, en consecuencia, no podía arriesgarse a perder votos en el primero. No obstante, consultó al fiscal general, quien le sorprendió decantándose legalmente por Míchigan y complicando más la madeja. Aún así, Jackson propuso un arbitraje y la elaboración de un nuevo estudio geográfico. Lucas aceptó pero Mason no y durante las elecciones locales no tuvo complejos en coaccionar y amenazar a los vecinos que se mostrasen a favor de Ohio.

Robert Lucas, gobernador de Ohio/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Tampoco los topógrafos pudieron realizar su trabajo porque fueron atacados por milicianos de Míchigan en la llamada Batalla de Phillips Corner, en realidad un tiroteo sin más consecuencias que el que los técnicos fueron arrestados. Míchigan alegó luego que los disparos habían sido al aire pero Lucas, indignado, reorganizó su milicia y la amplió -se dijo exageradamente que a 10.000 hombres-, dispuesto ya a un enfrentamiento abierto. El verano de 1835 fue caliente, pues, ya que además el presidente anunció que no se admitiría a Míchigan en la Unión hasta solventar la controversia, aún cuando ese territorio ya tenía preparada una constitución, unas cámaras legislativas y un poder judicial.

Se sucedieron las escaramuzas, las detenciones, los enfrentamientos y las denuncias entre partidarios de unos y otros hasta que en julio hubo los primeros heridos: los miembros de una familia que iba a ser arrestada se resistieron y apuñalaron al alguacil antes de huir. El agente sobrevivió pero el incidente impulsó a Andrew Jackson a tomar medidas, destituyendo a Mason y nombrando en su lugar a John S. Horner. Éste fue efímero, por impopular, y en las elecciones celebradas en octubre Mason volvió a salir elegido junto con el que debía ser primer delegado del nuevo estado en la Unión. Sin embargo, el Congreso ratificó su negativa; Míchigan seguía sin representantes en el país y así estuvo todo un año hasta que en el verano de 1836 se promulgó una ley que lo admitía… siempre y cuando cediera la Franja de Toledo. A cambio, se le ofrecía el 75% de la Península Superior.

Andrew Jackson, presidente de EEUU/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Míchigan rechazó la oferta en primera instancia, pero como los gastos militares habían hundido su economía y veía que quedaría excluido del reparto de fondos del Tesoro, terminó por aceptar. Se puso fin oficial a la pseudo-guerra el 14 de diciembre de ese año, en una polémica convención (bautizada como Convención Frostbitten); polémica porque hubo acusaciones de fraude, se careció de unanimidad y, de hecho, muchos ciudadanos mostraron su rechazo. El propio Congreso tenía sus dudas pero optó por mirar hacia otro lado y dar el visto bueno; así, el 26 de enero de 1837 Míchigan se convirtió por fin en el vigésimosexto estado de la Unión.

Por tanto, la Franja de Toledo quedó en poder de Ohio pero hubo un sorprendente epílogo. Míchgan había rehusado inicialmente la propuesta de Jackson porque la Península Superior era un territorio carente de valor alguno. O eso se creía, ya que poco después se descubrieron ricos yacimientos de hierro y cobre que impulsaron una intensa actividad minera prolongada hasta el siglo XX. Junto con la industria maderera, compensó sobradamente la renuncia a Toledo.

Respecto a la demarcación, fue necesario esperar hasta 1915 para tener una respuesta definitiva, cuando los topógrafos delimitaron con precisión antes imposible aquella discutida frontera siguiendo la Línea Harris pero con algunos cambios para adaptarse a la realidad de las parcelas privadas. Ambos estados aceptaron los resultados y pusieron fin a su discordia, aunque todavía quedaron algunos flecos en torno al lago Erie que solventó el Tribunal Supremo dando la razón a Ohio… ¡en 1973!

Fuentes: The 100-Yard War. Inside the 100-year-old Michigan-Ohio state football rivalry/Strange tales from Ohio. True stories of remarkable people, places and events in Ohio state (Neil Zurcher)/Holy Toledo! Or the continuing war between Ohio and Michigan… (Alan Naldrett)/Wikipedia

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