La Fuente Mágica de Montjuic


Uno de los atractivos monumentales clásicos de Barcelona es la fuente luminosa de Montjuic, durante mucho tiempo uno de los rincones turísticos más publicitados de la ciudad, aunque hoy, con la transformación experimentada por los Juegos Olímpicos del 92 y los equipamientos incorporados, parece haber pasado a segundo plano. Al menos en los papeles, porque en la práctica sigue congregando a montones de visitantes.

Estrictamente hablando no es una sola fuente sino un complejo acuático que empieza en una gran pileta en la Avenida María Cristina, en el Poble Espanyol, delante del Palau Nacional, y va bajando en forma de cascadas laterales y estanques de menor tamaño hacia la Plaza de España, cuya isleta también está decorada con otra fuente monumental, muy vistosa.

Toda esa zona se creó en 1929 con motivo de la Exposición Universal que se celebró en Barcelona, pero fueron varios los autores. La Fuente Mágica, que es como se llama ese juego de luz y agua, corrió a cargo de Carles Buigas, tan ingeniero como artista. Es elíptica y mide unos cincuenta por sesenta y cinco metros de diámetro, con casi de profundidad. Formada por tres tazas concéntricas, funciona mediante potentes bombas que mueven un caudal de dos mil cuatrocientos treinta litros por segundo y que procede del subsuelo.

Los chorros van cambiando rítmicamente de tamaño, fuerza, forma y cantidad (el central alcanza cincuenta metros de altura), lo que, combinado con los colores de las lámparas que los iluminan, proporcionan un auténtico y variado espectáculo audiovisual . Algo reforzado con los proyectores que alumbran el cielo desde detrás del Palacio, coronándolo de luz.

Recuerdo haberla contemplado extasiado de pequeño-y eso que aún no le habían incorporado la música-, aunque la memoria no me da para concretar detalles. Regresé tres décadas después, en 2006, y esa vez opté por ver el sitio de día. Aún no habían reconstruido las Cuatro Columnas de capiteles jónicos que el arquitecto modernista Puig i Cadafalch había erigido en 1919 en honor a la senyera pero que se retiraron en 1928 por se demasiado catalanistas para un evento internacional (lo mismo pasó con el Poble Espanyol, que originalmente iba llamarse Iberona). Desde 2010 vuelven a estar allí, aunque algo desplazadas porque ahora la fuente ocupa su sitio primigenio.

En cuanto a la Plaza de España, sus autores fueron el mencionado Puig i Cadafalch, Guillem Busquets y Antoni Dardier a partir de un proyecto de Ildefonso Cerdá, el gran transformador de la Barcelona decimonónica. Rodeada por una columnata y una antigua plaza de toros reconvertida en centro comercial, el intenso tráfico revela que se trata de la segunda del país en tamaño.

En la verde isleta de esa rotonda, que sigue el eje de la Fuente Mágica y del Palau Nacional, también hay una fuente monumental, obra de Josep María Jujol. Su centro está adornado por un grupo arquitectónico-escultórico que simboliza los ríos más importantes de la Península Ibérica, así como diversas alegorías relacionadas con los beneficios del agua, la religión, las artes, etc. El conjunto está rematado por un pebetero de bronce sostenido por las tres victorias.

Curiosa belleza actual para un lugar que en otros tiempos fue un descampado sucio y sórdido, lleno de vagabundos, donde se alzaban las horcas para las ejecuciones.

Foto 1: Pierre Selim en Wikimedia