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Ladrillos con algas y lana


Hace ya tiempo que se están buscando alternativas a la fabricación clásica de ladrillos, dado que ese proceso es altamente contaminante: entre 270 y 600 kilos de CO2 se emiten por cada tonelada durante la cocción. Una de las ideas más recientes la aportan científicos de la Universidad de Sevilla y la Glasgow’s University of Strathelyde (Escocia) en un proyecto conjunto, con la propuesta de un ladrillo innovador con el que se busca el menor impacto medioambiental.

Los nuevos ladrillos son de arcilla, como los normales, pero prensada, sistema que provoca dos efectos negativos a priori: se vuelven menos resistentes a la flexibilidad y más proclives a deformaciones. Para subsanar ambos problemas se les han añadido dos insólitos componentes respectivamente. El primero es un polímero llamado alginato que se saca de las feofíceas, algas pardas marinas; el segundo lana, que crea una armazón interna, facilita el secado y aumenta la capacidad de aislamiento térmico del barro.

El ladrillo, que es completamente biodegradable, se está utilizando para la construcción en países pobres como Nigeria.