Roma revoca la condena al exilio del poeta Ovidio dos milenios después

Ovidio en el exilio (Ion Theodorescu-Sion)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En el año 8 d.C. el célebre poeta Publio Ovidio Nasón fue desterrado por Augusto a Escitia, un territorio bárbaro situado en el entorno noroeste del Mar Negro. Ovidio se instaló en Tomis (la actual Constanza rumana), ciudad surgida de una colonia griega, ya que esa parte meridional estaba bastante helenizada, aunque sometida al dominio tracio. Plinio el Joven consideraba aquella urbe como una de las más bellas del Ponto pero Ovidio dejó una imagen muy negativa de ella por lo forzado de su estancia, que le llevó a morir allí nueve años después. Ahora, el Ayuntamiento de Roma acaba de revocar aquella condena en un gesto reparador.

La iniciativa, iniciada el pasado diciembre y rematada el pasado jueves 18 de enero de 2018 por el gobierno municipal que encabeza Virginia Raggi, actual alcaldesa de la Ciudad Eterna desde 2016 por el partido Movimiento 5 Estrellas (la versión italiana de Podemos), pretende «reparar el grave error sufrido por Ovidio al revocar la orden con la que el emperador lo envió al exilio en Tomis». La causa de esta moción es una efeméride: la conmemoración del bimilenario del fallecimiento del poeta.

Virginia Raggi/Foto: Niccoló Caranti en Wikimedia Commons

No es la primera vez que se acometen acciones de este tipo en Italia en los últimos tiempos; el año pasado, por ejemplo, Gubbio, una ciudad de Umbría, pidió perdón oficialmente por su participación en la persecución de Dante Allighieri, al que se acusó de corrupción y condenó a la hoguera, obligándole a huir de Florencia en 1302. Había sido Carlo Gabrielli, un magistrado de Gubbio, quien firmó la sentencia. Florencia, por cierto, ya manifestó una disculpa pública en 2008.

Ahora ha sido el turno de Roma, aunque si continúa en esa línea tiene por delante una larguísima lista de injusticias históricas que reparar y difícilmente le quedará tiempo para otra cosa. El caso de Ovidio viene determinado, como decía, por el recuerdo de la fecha de su muerte, y tiene un interés especial porque nunca quedó del todo clara la razón por la que Augusto ordenó su expulsión.

Estatua de Augusto/Foto: Marie-Lan Nguyen en Wikimedia Commons

Publio Ovidio Nasón nació en Sulmo (hoy Sulmona, región de Abruzos) en el año 43 a.C. Era de familia noble y recibió una esmerada educación orientada a las leyes pero que luego se centró en la poesía, especialmente tras morir su padre (que despreciaba la literatura en verso) y heredar su ingente patrimonio (lo que le permitió vivir desahogadamente, viajando por Grecia y Asia Menor). Contrajo matrimonio tres veces y, si las dos primeras fueron sendos fracasos al terminar en divorcio, a la tercera fue la vencida: con su esposa Fabia mantuvo una intensa relación no sólo conyugal sino también artística.

Literariamente formó parte del círculo de Mecenas, consejero de Augusto que además fue protector de las artes, gracias a lo cual conoció a Horacio y Propercio, si bien apenas tuvo contacto con Virgilio. De hecho, alcanzó pronto el éxito gracias a obras como, entre otras, Amores, Heroidas, Ars amandi, Remedia amoris, Pónticas y, sobre todo, Las metamorfosis. Predomina la temática amatoria, aunque también compuso una tragedia titulada Medea que se ha perdido.

Estatua de Ovidio en Constanza/Foto: BalconDelMundo en Wikimedia Commons

Algunos expertos opinan que fue precisamente el tono erótico de sus poemas el que, contrario a la política moralizante instaurada por el emperador, incitó a éste a echarlo de Roma en lo que Ovidio, en su Epistulae ex Ponto o Pónticas (colección de cartas enviadas a sus amigos), definió como «carmen et error» (poema y error) sin que sepamos a qué se refería exactamente; también dejó escrito en el Tristia que no hizo nada ilegal y que todo era fruto de una tontería sin premeditación.

Se apunta sobre todo al osado Ars amandi, acaso considerado obsceno. Sin embargo, otros autores como Horacio o Propercio escribieron igualmente en ese tono sin problemas, algunos hasta aplaudidos por el emperador. Además, no parece probable una acusación así porque la publicación de esa obra tuvo lugar a caballo entre el final del siglo I a.C. y el comienzo del I d.C. (recordemos que ni el siglo 0 ni el año 0 existen), mientras que la orden de destierro no se emitió hasta seis o siete años más tarde.

Ovidio entre los escitas (Delacroix)/Imagen: dominio publico en Wikimedia Commons

Eso lleva a una segunda teoría. El Ars amandi sería el desencadenante pero no per se sino por sus alusiones al adulterio, que Augusto pudo interpretar como un desafío a las Leges Juliae que había impulsado para defender el matrimonio, reconducir la moral pública y fomentar la natalidad (incentivaban al matrimonio que tuviera tres o más hijos y penalizaban a célibes y viudas con no poder heredar ni asistir a los juegos). El adulterio pasaba a ser un delito y ahí, relacionada, entra en escena una tercera teoría.

Ésta tocaba de lleno a Augusto al implicar a sus nietos Julia la Menor y Agripa Póstumo, ambos nombrados hijos adoptivos y los dos desterrados en la misma época que Ovidio. Ella por la vida disipada que llevaba desde que su marido, el cónsul Lucio Emilio Paulo, terminara ejecutado acusado de conspiración y haciendo que ella se consolara escandalosamente con el senador Décimo Junio Silano, quedando embarazada y terminando recluida en la isla adriática de Trimeno.

El porqué del segundo es confuso: de carácter brutal, pudo haber tomado parte en una conspiración o simplemente ser apartado porque Livia Drusila, esposa de Augusto, metió cizaña para relegarlo en la sucesión frente a su hijo Tiberio.

Agripa Póstumo/Foto: Mbzt en Wikimedia Commons

Es posible que Ovidio estuviera al tanto de alguna de esas conspiraciones -tenía a Paulo entre sus amistades- o simplemente de los escándalos amorosos de Julia, con quien él mismo podría haber tenido una relación o saber de alguna (se ha sugerido que descubrió un incesto entre Augusto y alguna de sus descendientes, ya fuera su citada nieta o incluso su hija).

También hay quien opina que el poeta tomaba parte en ceremonias adivinatorias sobre el futuro del emperador y no faltan quienes, sorprendentemente, aventuran que nunca tuvo que marcharse de Roma, basándose en que la única fuente que menciona ese exilio es su propia obra (la autobiográfica Tristia) más algún pasaje de Plinio el Viejo y Estacio, así como en que las descripciones que hizo de Tomis podían estar tomadas de Heródoto y Virgilio. Pocos apoyan esa posibilidad.

Ovidio alejado de Roma (Turner)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En cualquier caso, la historia oficial dice que Augusto ordenó personalmente su marcha sin ni siquiera consultar con el Senado ni abrir una causa judicial, aunque no se le privó de la ciudadanía ni se confiscaron sus propiedades. El poeta nunca encontró paz entre los escitas -bárbaros al fin y al cabo- y envió a Roma constantes peticiones de indulto que nunca fueron atendidas, volcando su amargura en los versos de las Pónticas y Tristia (Tristezas). Sólo la influencia de la poderosa familia Fabia, la de su mujer (a la que añoraba profundamente), pudo dulcificar un poco su alejamiento.

Pero fue en vano y allí murió a los sesenta años de edad. Ahora, dos milenios después, se enmienda su memoria sin haberse resuelto el misterio y abriendo la puerta a nuevas revisiones históricas ¿Quién será el próximo?

Fuentes: The mystery of Ovid’s exile (John C. Thibault)/Tristezas y Pónticas (Publio Ovidio Nasón)/Caminos de Bizancio (Miguel Cortés Arrese)/Ovidio. Una introducción (Michael von Albrecht)/Writing exile. The discourse of displacement in Greco-Roman Antiquity and beyond (Jan Felix Gaertner)/Wikipedia