La historia navideña del Grinch

Se acerca la Navidad y con ella las calles se alumbran con iluminación especial, las casas se decoran con abetos engalanados y belenes, los escaparates se llenan de regalos y la televisión aburre a las piedras con anuncios de colonia y telemaratones. A todo esto se suman los personajes típicos de las fechas: los Reyes Magos, Santa Claus, elfos, la Befana, el reno Rudolph, etc.

Para compensar el subidón de azúcar, el escritor estadounidense Theodor Seuss Geisell creó el Grinch, un ser verde y peludo de carácter huraño y gruñón (eso significa la palabra de la que deriva su nombre, grouchy) que apareció en un cuento literario titulado ¡How The Grinch Stole Christmas! (¡Cómo el Grinch robó la Navidad!). Esta obra, publicada en 1957, alcanzó una gran popularidad nueve años después al ser adaptada para la televisión en forma de dibujos animados y, más recientemente, en una película de Ron Howard con el gesticulante Jim Carrey de protagonista.

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El Grinch es antipático y, pese a vivir en una montaña, odia las navidades por el alegre bullicio que traen, así que se disfraza de Santa Claus para robar los regalos e impedir las fiestas. Sin embargo, descubre que el espíritu de éstas continúa sin ellos y empieza a comprender cuál es su verdadero significado. De esa manera, su corazón, que era más pequeño de lo normal, crece; al final se hace bueno y devuelve lo que robó, por lo que incluso es invitado a participar en los festejos.

Esta historia influyó de forma evidente en Tim Burton para la película Pesadilla antes de Navidad, que, aunque la dirigió otro cineasta llamado Henry Selick, lleva claramente el sello del primero. Jack Skeleton es un trasunto del Grinch pero bonachón e ingenuo y secuestra a Santa Claus para suplantarle con la intención de ser él quien reparta bonitos regalos, fusionando así los conceptos de Navidad y Halloween. Lo que pasa es que se trata de ideas demasiado diferentes y se arma.

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En fin, volviendo al Grinch, la idea de Geisell -que firmaba con el pseudónimo Dr. Seuss en homenaje a su padre, que quería que se doctorase en la universidad pero no lo consiguió- era glosar sobre el verdadero espíritu navideño, haciendo una crítica al consumismo comercial en que suele caer y burlándose de quienes sacan pingües beneficios a costa de las fiestas. De hecho, la obra de este escritor se vuelca fundamentalmente hacia el mundo infantil pero desde una perspectiva bastante didáctica, afrontando temas de actualidad.

Curiosamente no fue un autor muy popular hasta años posteriores porque su estilo, mezclando versos con juegos de palabras y dibujos, resultaba demasiado complejo para los niños y casi intraducible a otros idiomas. Sin embargo, le salvó la papeleta la versión televisiva del Grinch, que aceptó pese a ser refractario a las adaptaciones, porque se hizo en dibujos animados y él era aficionado a hacer caricaturas.