Fue desheredado del trono egipcio, organizó una expedición para derrocar a su cuñado en Tracia, asesinó al aliado que le ayudó, se casó con su propia hermanastra, mató a los hijos de ésta, reinó brevemente en Macedonia y al final perdió la vida porque en su irreflexiva impetuosidad no quiso esperar refuerzos en la última batalla que libró, terminando su cabeza exhibida en una pica. Así se puede resumir la alocada existencia de Ptolomeo Cerauno, hijo del fundador de la dinastía ptolemaica que, entre otras cosas, ha pasado a la Historia por haber sido quien acabó con el último general de Alejandro Magno.

Debió de nacer entre los años 320 y 319 a.C. Fue en Alejandría (o quizá en Menfis), ya que era el primogénito del faraón de Egipto, Ptolomeo I Sóter (el general de Alejandro), que lo tuvo con su segunda esposa, Eurídice (la primera había sido Artacama, nieta del rey persa Artajerjes II). Eurídice era hija de otro diádoco, Antípatro (regente de Macedonia y Grecia mientras duró la expedición alejandrina), y le dio a su marido otros tres vástagos: Meleagro (que ocuparía el trono en Macedonia después de su hermano, aunque sólo por dos meses porque el ejército lo depuso), Ptolemaida (que se casó con Demetrio I de Macedonia) y Lisandra (que lo hizo primero con Alejandro V y luego con Agatocles).

Al ser el mayor, la sucesión recaía en principio en Ptolomeo Cerauno. Pero las cosas transcurrieron de forma distinta porque el repudio de su madre llevó a que su progenitor volviera a casarse en el 317 a.C. y su nueva mujer, Berenice, prima y dama de honor de la anterior, alumbró sus propios hijos: dos niñas, Arsínoe II y Filotera, y un varón, Ptolomeo II. La primera se casaría con Lisímaco, rey de Tracia, mientras que la otra nunca contrajo matrimonio, probablemente por algún defecto físico, quizá por eso su hermano instauró un culto a su persona cuando llegó al poder.

El imperio alejandrino repartido entre los diádocos: Seleuco (amarillo), Lisímaco (naranja), Casandro (verde) y Ptolomeo (verde)
El imperio alejandrino repartido entre los diádocos: Seleuco (amarillo), Lisímaco (naranja), Casandro (verde) y Ptolomeo (verde). Crédito: Luigi Chiesa / Rowanwindwhistler / Wikimedia Commons

Porque, como era de esperar, Berenice hizo cuanto pudo para que fuera uno de sus hijos el que le tomara el relevo al frente de Egipto y lo consiguió. A pesar de que el primogénito era Ptolomeo Cerauno, al final el designado fue su hermanastro Ptolomeo II Filadelfo, que ya en el 285 a.C. había sido asociado al trono por su padre y tres años más tarde, al fallecer éste, quedó como faraón en solitario. Viéndose en peligro, Ptolomeo Cerauno abandonó el país y se estableció en Tracia, acogido por su hermanastra Arsínoe II.

El marido de ésta, Lisímaco, había repudiado a su esposa anterior, la persa Amastris, sobrina de Darío III, para casarse con ella por motivos estratégicos (la alianza con Egipto). Pero él era casi un anciano y, pese a que el matrimonio anterior duró poco, apenas un par de años, fue tiempo suficiente para que naciera una hija que se convertiría en la primera esposa de Ptolomeo Cerauno. También tuvo un vástago, según una versión con una mujer del pueblo y según otra con Nicea, la hija de Antípatro de Macedonia. Se llamaba Agatocles y era muy popular.

Buscando el interés de su propia descendencia, Arsínoe II intrigó cuanto pudo contra Agatocles. Primero intentó envenenarlo y, al fracasar, convenció a su marido de que estaba mezclado en una conspiración contra él. Agatocles fue detenido y encerrado en una mazmorra, donde terminó asesinado en el 282 a.C. Según Mennón de Heraclea, por Ptolomeo Cerauno, que estaría confabulado con su hermanastra; según otras fuentes no fue él, ya que era partidario de Agatocles por estar casado éste con su hermana de sangre Lisandra.

Busto de Seleuco
Busto de Seleuco. Crédito: Massimo Finizio / Wikimedia Commons

Fuera como fuese, el plan de Arsínoe II no iba a salir tan bien como pensaba porque la viuda, que mantenía una tensa relación con ella por la cuestión sucesoria, se vio amenazada y huyó de la corte tracia con sus hijos, ayudada por su cuñado Alejandro. Encontró refugio en la corte de Seleuco I Nicátor, rey de Babilonia y Siria, quien al ver el desagrado popular que había generado aquel crimen vio la oportunidad de intervenir y conquistar Tracia. Y, en efecto, en el 281 a.C. se enfrentó a Lisímaco en la batalla de Corupedio, derrotándolo.

Dado que el monarca tracio falleció en combate y que muchas ciudades, descontentas con Lisímaco, abrieron sus puertas al invasor (entre ellas Pérgamo, donde Filetero se hizo con el control en un audaz golpe de mano, como vimos en otro artículo), Seleuco anexionó el reino a su imperio y se dispuso a continuar la campaña hacia Macedonia, que también formaba parte de los dominios del fallecido Lisímaco y donde el viejo general aspiraba a ser enterrado, habida cuenta de su ya avanzada edad.

No pudo esperar un óbito natural; estando en Argos preparando su plan de ataque fue asesinado por Ptolomeo Cerauno, a quien había perdonado como deferencia a su padre, su viejo compañero Ptolomeo I. Con Seleuco moría el último sucesor que quedaba de los que originalmente se habían repartido el imperio de Alejandro Magno. Cerauno, que para su magnicidio había sublevado al ejército, escapó a Lisimaquia (el extremo noroeste del Quersoneso tracio) y se las arregló para convencer a las tropas de que le aceptasen como rey, seguramente gracias a que estarían formadas por soldados tracios, que así podían regresar a sus hogares.

Tetradracma de plata, con forma de escudo y la efigie del dios Pan en el anverso por Atenea en el reverso, acuñado por Antígono II Gónatas
Tetradracma de plata, con forma de escudo y la efigie del dios Pan en el anverso por Atenea en el reverso, acuñado por Antígono II Gónatas. Crédito: Wikimedia Commons

Ahora que tenía un reino, ya no necesitaba el egipcio, a cuyos derechos renunció formalmente. Pero tenía que defender el nuevo de la codicia ajena, que aprovechando el caos no tardó en encarnar Antígono II Gónatas, cuyo padre, Demetrio I Poliorcetes, había reinado en Macedonia entre los años 294 y 288 a. C. Cerauno zarpó de Heraclea Póntica con una flota que obligó a Antígono a retirarse a Beocia, quedando finalmente recluido en Demetrias (Tesalia). Se había salvado la primera amenaza, pero pronto vendrían más.

Una de ellas la dirigió Antíoco, el hijo de Seleuco, que también salió escaldado. Más dificultad presentaba Pirro, el rey de Épiro, que entre el 288 y el 284 a.C. se había apoderado de la parte occidental de Macedonia y contaba con una temible fuerza con la que aspiraba a conquistar la península itálica arrebatándosela a la República Romana. Sabedor de estos planes, Cerauno firmó con él un tratado de paz sellado con el matrimonio de una hija suya con Pirro y la cesión por dos años de cinco mil infantes, cuatro mil jinetes y cincuenta elefantes.

No todos los historiadores están de acuerdo con eso, ya que no existen datos de la hija en cuestión ni consideran creíble que Cerauno pudiera desprenderse de tantos efectivos. Sin embargo, también es posible que no los considerase de confianza y prefiriese tenerlos lejos o que constituyeran el núcleo de veteranos de Lisímaco, cuyos salarios resultaban excesivamente onerosos para la situación de las arcas en ese momento. Si fue así, Cerauno solventó dos problemas de una vez y pudo centrar su atención en el interior.

Relieve egipcio con un retrato de Arsínoe II
Relieve egipcio con un retrato de Arsínoe II. Crédito: Daderot / Dominio público / Wikimedia Commons

Para ello se casó con su hermanastra Arsínoe II, que durante la invasión seleúcida había logrado huir a Éfeso con sus hijos y de allí fue expulsada, recalando en Casandrea (Macedonia). Como condición para la boda, ella sólo exigió garantías para la seguridad de sus vástagos, algo a lo que accedió Cerauno con un solemne juramento. Mintió porque pocas semanas después del enlace, mientras visitaba Casandrea invitado por su nueva esposa, asesinó a los dos más pequeños delante de ella mientras sus soldados se apoderaban de la ciudad, su verdadero objetivo.

Se especula que, con tamaña crueldad, Cerauno pretendiera vengar a Agatocles o la pérdida de la sucesión egipcia, puesto que, recordemos, Arsínoe II era hija de Berenice y hermana de Ptolomeo II. El caso es que ella, aterrada, escapó a Egipto vía Samotracia y fue amparada por su hermano. Contrajeron matrimonio en una fecha indeterminada entre el 275 y el 272 a.C., siguiendo la tradición faraónica. Pese a que no tuvieron descendencia, fueron felices y, de hecho, el apodo Filadelfo que llevaron ambos en lo sucesivo significa «el/la que ama a su hermano/a».

Entretanto, Cerauno continuó su rocambolesco reinado afrontando un nuevo peligro: un hijo de Lisímaco, probablemente Ptolomeo Epígono, el vástago mayor que éste tuvo con Arsínoe, marchaba contra él reclamando su corona apoyado por el monarca ilirio Monunius, en cuya corte se había puesto a salvo tras la muerte de su progenitor. La guerra duró casi todo el año 280 a.C. y, a su término, Cerauno seguía siendo rey de Tracia y Macedonia. Parecía que había logrado salvar otra situación delicada, pero…

La Gran Expedición céltica del siglo III a.C.
La Gran Expedición céltica del siglo III a.C. Crédito: P4K1T0 / Wikimedia Commons

Esa contienda supuso una distracción de fuerzas que incitó a los galos (o gálatas, pueblos célticos) a acometer la denominada Gran Expedición contra Macedonia en el 279 a.C. Liderados por los caudillos Bolgios, Brennos y Kerethrios, y procedentes de Panonia entraron en el reino macedonio por el norte y propusieron negociar un tributo a cambio de suspender la campaña. Según Justino, Ptolomeo Cerauno hizo honor a su apodo (Cerauno significa «rayo» y alude a su temperamental carácter) y no sólo rechazó la propuesta de forma poco diplomática sino que exigió a los bárbaros que abandonaran las armas y dejaran rehenes. Es decir, escogía la vía bélica.

Convencido de su superioridad, marchó al encuentro del enemigo sin esperar al grueso de sus tropas y hasta rechazó la ayuda de veinte mil hombres que le ofrecieron los dardanios, quienes temían ser el siguiente objeivo si no se detenía a los invasores. Cerauno resultó víctima de su soberbia: los gálatas le derrotaron estrepitosamente y él mismo cayó herido, siendo hecho prisionero en el campo de batalla. Le decapitaron allí mismo y pasearon su cabeza clavada en una pica. A continuación, siguieron adelante ocupando Grecia y, tras sufrir un revés en Delfos, saltaron a Asia Menor.

A Cerauno le sucedió en el trono su hermano menor, Meleagro, aunque no reinó más de dos meses porque el ejército le depuso al considerarlo incapaz. Se desarrolló así un período caótico de dos años, en el que se fueron sucediendo efímeramente Antípatro Etesias y el general Sóstenes, hasta que Antígono II Gónatas, aquel al que había frenado la flota macedonia años atrás, consiguió detener a los galos, reconociéndosele soberano de Macedonia y toda Grecia al igual que lo había sido su padre.



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