Tajt-e Soleimán, conocido como el Trono de Salomón, es uno de los sitios arqueológicos más fascinantes de Irán, ubicado en la provincia de Azerbaiyán Occidental cerca de la moderna ciudad de Takab.

Este santuario fortificado, que data de los períodos sasánida e islámico temprano, ha sido reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad desde 2003, debido a su rica historia y su significativo valor cultural.

Se trata de la antigua Shiz, una ciudad sagrada para los zoroastrianos (religión predominante en Persia antes de la llegada del Islam) situada a 2200 metros de altitud sobre una colina que se eleva 50 metros sobre la zona circundante y se creó por la acumulación de calcio procedente de un manantial termal, cuyas aguas fluyen a una temperatura constante de 21 grados y forman el lago central.

Ruinas de los templos y otras estructuras en torno al lago central de Tajt-e Soleimán
Ruinas de los templos y otras estructuras en torno al lago central de Tajt-e Soleimán. Crédito: Martin Cigler / Wikimedia Commons

Este lago, que tiene unos 100 metros de diámetro, ya aparece en la Tabula Peutingeriana, un antiguo mapa de carreteras romano creado en el siglo IV d.C. Varios canales de drenaje, construidos a lo largo de los siglos, han impedido que el agua se desborde, aunque a costa de provocar el ensanchamiento de la colina por los depósitos de travertino.

Según la leyenda, Salomón creo el lago y lo utilizaba como prisión para encerrar a fantásticos y horripilantes demonios, de ahí el nombre del lugar (Trono de Salomón) que se le dio tras la conquista musulmana de Persia en el siglo VII d.C.

El complejo fortificado alberga las ruinas del Adur Gushnasp, el templo de uno de los tres fuegos más sagrados del zoroastrismo. De los tres (los otros dos son el Adur Farnbag y el Adur Burzen-Mihr), el Adur Gushnasp es el único cuyo templo se ha descubierto.

Una de las puertas de la muralla de Tajt-e Soleimán todavía conservada
Una de las puertas de la muralla de Tajt-e Soleimán todavía conservada. Crédito: Ahadagha / Wikimedia Commons

El templo, que estaba dedicado al fuego del guerrero, se construyó durante el periodo sasánida (224-651 d.C.) y sobrevivió al ser convertido en mezquita en el siglo XIII durante el Ilkanato persa, una de las cuatro partes en que se dividió el imperio mongol, gobernado por Hulagu (quien eligió el lugar como su residencia de verano) y sus descendientes.

Pero antes de eso el templo del fuego fue destruido en el año 620 por las tropas del emperador bizantino Heraclio, aunque debió ser reconstruido ya que el culto continuó hasta el siglo X, cuando el lugar ya era un asentamiento musulman.

A los mongoles se debe el aspecto actual de Tajt-e Soleimán, con el lago central rodeado por numerosas estructuras religiosas y residenciales y una muralla exterior de 1,1 kilómetros de longitud y torres de defensa de piedra caliza que protegen el recinto, creando una fortaleza impresionante sobre la estructura sasánida y zoroastriana preexistente.

Vista aérea donde se aprecia la elevación de la colina de Tajt-e Soleimán
Vista aérea donde se aprecia la elevación de la colina de Tajt-e Soleimán. Crédito: Morteza salehi70 / Wikimedia Commons

La decoración combinaba motivos persas con otros de origen mongol. Algunas fuentes hablan de estructuras en forma de torre poligonal basadas en la forma de las tiendas mongolas. E incluso motivos chinos como dragones en algunos azulejos. La propia planta del complejo recuerda al plano de una ciudad tradicional china.

Tajt-e Soleimán es la única estructura secular del periodo del Ilkanato que se conserva en Irán. Las excavaciones arqueológicas también encontraron restos de un templo de Anahita, la diosa de las aguas indo-iraní, que era la personificación del planeta Venus en el zoroastrismo.

Al igual que muchos otros yacimientos de Irán, como Firuzabad, los investigadores creen que los planos del templo del fuego, el palacio y la organización general del lugar influyeron notablemente en el desarrollo de la arquitectura islámica.

Ruinas en el interior de Tajt-e Soleimán
Ruinas en el interior de Tajt-e Soleimán. Crédito: Martin Cigler / Wikimedia Commons

La primera descripción detallada de las ruinas de Tajt-e Soleimán la hizo Henry Rawlinson, el diplomático y estudioso considerado como padre de la asiriología.

Sin embargo, no se realizarían excavaciones arqueológicas hasta 1937, a cargo de la expedición del Instituto Americano de Arte y Arqueología de Irán y dirigidas por Arthur U. Pope.

Posteriormente, entre 1959 y 1975, tomaría el relevo el Instituto Arqueológico Alemán, que encontró vestigios de ocupación ya durante el periodo aqueménida, en el siglo V a.C.


Fuentes

Takht-e Soleyman (UNESCO) | Ādur Gušnasp (Encyclopaedia Iranica) | Yumiko Yamamoto, The Zoroastrian Temple Cult of Fire in Archaeology an Literature | Sussan Babaie, Iran After the Mongols | Wikipedia


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