En uno de nuestros artículos acerca de los Xiongnu decíamos que eran un conjunto de tribus nómadas que se convirtieron en el imperio dominante en las estepas durante el siglo II a.C. y cuya evolución pudo haber originado alguno de los grupos que posteriormente fueron mejor conocidos, como los mongoles, los turcos e incluso hunos, con quienes los identifican algunos historiadores.

Así, el imperio Xiongnu surgió en la estepa mongola 1.500 años antes que los mongoles y creció hasta convertirse en una de las fuerzas políticas más poderosas de Asia en la Edad de Hierro, extendiendo su alcance e influencia desde Egipto hasta Roma y la China imperial. Pero con quien más contacto tuvieron fue con la China Imperial, y fueron sus incansables ataques los que acabaron conduciendo a la construcción de la Gran Muralla, precisamente para defenderse de ellos.

Como contrapeso, en el año 413 d.C. durante el periodo de los Dieciséis Reinos, el emperador Helian Bobo, de cuya crueldad ya dimos cuenta en otro artículo, dispuso la construcción de una gran ciudad como capital: Tongwan (la ciudad que gobierna sobre diezmil). Desde ella pretendía unificar bajo su imperio todo el mundo conocido, usándola como bastión en sus ataques sobre los territorios que se parapetaban tras la Gran Muralla china.

El reino de Xia en su momento álgido, con la nueva capital Tongwan y sus estados limítrofes en su momento álgido
El reino de Xia en su momento álgido, con la nueva capital Tongwan y sus estados limítrofes en su momento álgido. Crédito: SY / Wikimedia Commons

La ciudad fue descubierta en 1845 cuando un magistrado llamado He Bingxun identificó las ruinas hasta entonces conocidas como Bai Chengzi, en la provincia china de Shaanxi cerca de la frontera con Mongolia Interior, como las de la antigua Tongwan.

El hallazgo fue confirmado posteriormente en 1956 por trabajadores de la oficina de reliquias culturales de Shaanxi, quienes encontraron diversos artefactos como sellos de cobre, espejos de cobre, figuras de Buda y ladrillos decorativos. A partir de entonces, Tongwan fue objeto de varias exploraciones y excavaciones que sacaron a la luz su notable estructura y el impresionante esfuerzo de ingeniería que representó su construcción.

Helian Bobo, que era emperador del reino Hu Xia y descendiente de los líderes Xiongnu que habían establecido su imperio en las estepas en el siglo III a.C., eligió una ubicación estratégica en la ribera del río Wuding, en el borde meridional de las arenas de Maowusu del desierto de Ordos, para construir una ciudad que simbolizara el dominio Xiongnu sobre la región. Tongwan fue concebida como una fortaleza inexpugnable y un centro administrativo y ceremonial.

Ruinas de Tongwancheng, la fabulosa capital construida por Bobo
Ruinas de Tongwancheng, la fabulosa capital construida por Bobo. Crédito: Cong / Wikimedia Commons

Para asegurar la impenetrabilidad de Tongwan, Helian Bobo nombró al general Chigan Ali como arquitecto jefe. Este utilizó una técnica de construcción única conocida como «tierra comprimida o apisonada al vapor», endureciendo así las paredes de la ciudad hasta tal punto que se decía que podían afilar cuchillos y hachas.

La construcción de la ciudad requirió la mano de obra de aproximadamente 100.000 personas y se extendió durante más de cuatro años. Las paredes, de un blanco distintivo debido al uso de arcilla blanca y polvo de arroz, eran tan gruesas y resistentes que, según se cuenta, podían resistir incluso los ataques más feroces.

Tongwan se organizó en tres secciones principales: la ciudad exterior, la ciudad oriental y la ciudad occidental, con un lago en su centro. La ciudad exterior abarcaba una vasta área de 7,7 kilómetros cuadrados y estaba rodeada por una muralla de tierra apisonada. La ciudad oriental y la occidental, ambas de forma rectangular, estaban separadas por una muralla interna.

Panorámica de los restos de Tongwancheng
Panorámica de los restos de Tongwancheng. Crédito: Caitriana Nicholson / Wikimedia Commons

La ciudad occidental, donde se encontraba la residencia del rey, tenía cuatro puertas principales, cada una simbolizando el deseo de Helian Bobo de unificar el mundo conocido: la Puerta de Invitar a Wei, la Puerta de Homenaje a Song, la Puerta de Someter a Liang y la Puerta de Pacificar a Shuo (todos ellos reinos vecinos). La estructura defensiva de la ciudad se complementaba con un sistema de torres y almenas que ofrecían protección adicional.

En 426 d.C., el emperador Taiwu de la dinastía Wei del Norte lanzó un ataque sorpresa contra Tongwan, ya gobernada por Helian Chang, el hijo de Bobo. Aunque el asalto inicial solo logró incendiar el templo principal de la ciudad, las áreas circundantes fueron devastadas, iniciando un proceso de deforestación y desecación que afectaría el suministro de agua del río Wuding y el lago central de la ciudad. Esta destrucción ambiental contribuyó a la posterior desertificación y abandono gradual de la ciudad. Los Anales del emperador Shizu registran así el asalto:

El día de yisi el Emperador entró en la ciudad y capturó a los hermanos menores de Helian Chang, sus madres, hermanas, esposas, concubinas y sirvientes de palacio, que sumaban un total de 10.000 personas. Se llevaron innumerables objetos de incalculable valor del tesoro del gobierno, entre ellos piedras preciosas, carros y estandartes e innumerables objetos… más de 300.000 caballos y decenas de miles de bueyes y ovejas. Distribuyeron a los sirvientes del palacio de Helian Chang y ganado, oro y plata, textiles y seda entre sus oficiales como recompensa por sus méritos… El día xinyou, retiraron las tropas, dejando atrás a Su, príncipe de Changshan, y a Heng Dai, chambelán de la insignia imperial, para defender Tongwan.

Ruinas de Tongwancheng
Ruinas de Tongwancheng. Crédito: Caitriana Nicholson / Wikimedia Commons

A lo largo de los siglos, Tongwan siguió desempeñando un papel importante en la región. Fue sitiada por fuerzas tibetanas en 786, y en 994 el emperador Song Taizong, ordenó la destrucción de la ciudad (que ya había sido renombrada Tongwancheng) y la reubicación de sus habitantes debido a la intensificación de la desertificación. Esto marcó el inicio de la decadencia de la ciudad, que fue gradualmente abandonada y eventualmente sepultada por las arenas del desierto.

La ciudad cayó en el olvido y dejó de ser mencionada en los registros chinos después del siglo XV. No se volvió a saber de ella hasta su descubrimiento en 1845 y la confirmación en 1956 de su identidad. A principios del siglo XXI Tongwancheng fue objeto de estudios sistemáticos por parte de arqueólogos chinos, que han permitido restaurar elementos clave como la Plataforma Yong’an, utilizada para inspecciones militares y ceremonias oficiales.

Los arqueólogos encontraron que los muros de la ciudad aún se elevan entre 2 y 10 metros sobre el suelo, y se conservan algunas estructuras defensivas como torres y muros de tierra compactada. Las torres, conocidas como mamian, se disponían a intervalos regulares a lo largo de las murallas y también se utilizaban como almacenes.

Ruinas de Tongwancheng
Ruinas de Tongwancheng. Crédito: Caitriana Nicholson / Wikimedia Commons

La ciudad tuvo un alto nivel artesanal, encontrándose durante las excavaciones numerosos materiales de construcción como ladrillos y tejas, esculturas de piedra de pájaros y guerreros, y una serie de objetos de cerámica y bronce. Y también comercial, pues en 2011 se descubrió en ella una tumba mural que contenía imágenes vibrantes y bien conservadas de sogdianos, una comunidad de comerciantes iraníes, lo que subraya la diversidad cultural de la región.

Las investigaciones continúan, a día de hoy la ciudad todavía no ha sido excavada por completo. Lo que se ha sacado a la luz confirma las leyendas que dicen que la ciudad blanca parecía un barco gigante desde la distancia. El Libro de Jin, un texto histórico oficial chino que abarca la historia de la dinastía Jin desde 266 hasta 420 d.C. compilado por encargo de la corte imperial, describe así la ciudad:

La colina es hermosa, delante de ella la llanura es amplia, y alrededor hay un lago de agua pura. He vagado por muchos lugares, pero no he visto una tierra cuya belleza pueda compararse con la de este lugar.



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