Aunque es difícil establecer un número exacto, ya que en algunas etapas destilan bastante confusión política, suele acordarse que en el período histórico de gobierno del Antiguo Egipto reinaron aproximadamente tres centenares de faraones repartidos en treinta y tres dinastías.

De éstas, es probable que la más singular fuera la XXVIII; literalmente además, puesto que sólo tuvo un gobernante: Psamético V, más conocido por el nombre de Amirteo, que alcanzó el poder al rebelarse contra la dominación persa pero cuyo mandato apenas duró seis años porque terminó derrocado.

Amirteo no surgió de la nada. Era descendiente de los faraones saítas de la dinastía XXVI, la cual había recuperado Egipto del control al que estaba sometido por parte de Asiria. Asurbanipal había conquistado el país arrebatándoselo a los kusitas de la dinastía XXV hacia el 747 a.C., pero tras la muerte de su rey el Imperio Asirio quedó envuelto en una serie de rebeliones y guerras civiles que permitió a los egipcios, que todavía retenían el Bajo Egipto, alzarse en armas y proclamar en el 664 a.C. a Necao I, que fundó la dinastía XXVI, también llamada saíta por tener su capital en Sais.

Próximo Oriente en el siglo VI a.C.
Próximo Oriente en el siglo VI a.C. Crédito: WillemBK / Rowanwindwhistler / Wikimedia Commons

Su sucesor, Psamético I, ayudado por mercenarios de Lidia, Caria y Grecia, consiguió sacudirse por fin el yugo extranjero y recuperar el Alto Egipto, reunificando el país. Después, los siguientes de la lista incluso intentaron expandirse hacia Oriente Próximo, antiguos dominios fronterizos egipcios, aunque los babilonios de Nabucodonosor II los frenaron.

Finalmente, el persa Cambises II invadió el valle del Nilo, venció al faraón Psamético en la batalla de Pelusio y se lo llevó encadenado a Susa, donde terminó ejecutándolo al descubrir que estaba planeando un levantamiento. De ese modo puso fin a la dinastía saíta.

En su lugar quedó la XXVII, en realidad extranjera al tratarse de los mandatarios del Imperio Aqueménida, que gobernaron del 525 a 404 a.C. Pese a que Egipto sólo era una provincia persa, la adecuada administración de los sátrapas designados abrió un período de prosperidad que alcanzó su cénit con Darío I. Sin embargo, la derrota del Rey de Reyes en la célebre batalla de Maratón ante el ejército ateniense animó a los egipcios a la insurrección y, si bien no tuvieron éxito en sus reiterados intentos, dejaron sembrada la semilla de la emancipación.

La expansión del Imperio Aqueménida con Ciro II, Cambises II y Darío I
La expansión del Imperio Aqueménida con Ciro II, Cambises II y Darío I. Crédito: Ali Zifan / Wikimedia Commons

Artajerjes I consiguió devolver un poco de tranquilidad pero efímeramente, dado que con Darío II volvió la inestabilidad y los insurrectos, dirigidos desde Sais y de nuevo apoyados por mercenarios helenos, proclamaron su independencia.

En el 401 a.C. Artajerjes II todavía fue reconocido rey en Elefantina durante dos años, pero sin autoridad en la práctica, pues su precario control se limitaba a parte del Alto Egipto, y pronto ya no pudo retener tampoco aquel territorio ante la evidencia de que los egipcios obedecían ya a Amirteo, que había ceñido la doble corona tres años antes.

Se cree que Amirteo era nieto de Amirteo de Sais, uno de los líderes del levantamiento contra el sátrapa Aquémenes llevado a cabo entre los años 465 y 463 a.C.

Cartucho con el nombre de Sa Ra (Hijo de Ra) de Amirteo
Cartucho con el nombre de Sa Ra (Hijo de Ra) de Amirteo. Crédito: JMCC1 / Wikimedia Commons

Vamos por partes. Aquémenes, hermano pequeño de Jerjes I (por tanto, vástago de Darío I y la reina Atosa), había sido puesto al frente de la satrapía de Egipto tras reprimir una revuelta. Esto y su participación en la batalla de Salamina es de lo poco que sabemos de él. También que murió en la batalla de Papremis (una ciudad del Delta del Nilo, quizá Xois), disputada en el 459 a.C., a manos de Inaro.

Inaro era un príncipe libio de la tribu beken, aquella derrotada por Ramsés III cuando intentaba ocupar el delta y a la que al final autorizó a asentarse allí. Algunas fuentes le identifican como nieto de Psamético III; lo que sí parece seguro es que estaba al mando del nomo III del Bajo Egipto y parte de Libia con permiso de los persas, a pesar de lo cual mantenía estrecha relación -política y comercial- con Atenas. Cuando el Imperio Aqueménida empezó a descomponerse, Inaro encabezó la rebelió egipcia junto a Amirteo de Sais.

El Amirteo reconocido como Psamético V, que sería su nieto, estuvo en el trono algo más de cinco años, del 404 al 399 a.C., aunque llevaba combatiendo al invasor al menos desde el 411 a.C., expulsándolo de Menfis en el 405 a.C. merced a la colaboración de mercenarios cretenses. Tuvo entonces que afrontar la llegada de un ejército persa dirigido por Abrocomas, sátrapa de Siria. Las luchas intestinas entre Artejerjes II y su hermano Ciro el Joven obligaron al monarca a desviar recursos de esa fuerza y ello permitió ganar a los egipcios, que durante un breve tiempo tuvieron dos soberanos: Amirteo en el norte y el aqueménida en el sur.

El papiro arameo de Elefantina que reseña el reinado de Amirteo
El papiro arameo de Elefantina que reseña el reinado de Amirteo. Crédito: Eduard Sachau / Dominio público / Wikimedia Commons

Según Diodoro de Sicilia, Amirteo intentó congraciarse con su rival asesinando a Tamos, navarca ateniense, y reorientando así su alianza hasta el momento hacia Esparta. La razón probablemente fue más práctica: los espartanos acababan de triunfar-o estaban a punto de hacerlo- en la Guerra del Peloponeso. Artejerjes II salvó su trono al imponerse a Ciro y lo retendría hasta el 358 a.C., pero perdió Egipto definitivamente en el 400 a.C., cuando Amirteo fue reconocido también en la mitad meridional y reunificó el país.

Prácticamente no sabemos nada de Amirteo, ya que no han quedado monumentos ni inscripciones; únicamente la Crónica demótica (un papiro sacerdotal, conservado en la Bibliothèque Nationale de París, que contiene oráculos contra los persas) y algunas fuentes documentales arameas y griegas, que son las que nos cuentan su final.

De hecho, uno de los Papiros Arameos de la comunidad hebrea de Elefantina conservado en el Brooklyn Museum, el número trece, dice que en el 399 a.C. Amirteo terminó depuesto y ejecutado en Menfis por Neferites I, primer faraón de la dinastía XXIX o mendesiana (de Mendes, otra ciudad del delta designada capital), quien junto a sus cinco sucesores lograron resistir nuevos intentos de reconquista de Artajerjes II durante los siguientes veinte años.


FUENTES

Diodoro de Sicilia, Biblioteca histórica

Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso

David Klotz, Persian Period

Hermann Bengtson, Griegos y persas. El mundo mediterráneo en la Edad Antigua

Francisco Marco Simón y Narciso Santos Yanguas, Textos para la historia del Próximo Oriente antiguo

A. Blasius y B. U. Schipper (eds.), The Demotic Chronicle

Franco Cimmino, Dizionario delle Dinastie Faraoniche

Wikipedia, Dinastía XXVIII de Egipto


  • Comparte este artículo:

Descubre más desde La Brújula Verde

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Something went wrong. Please refresh the page and/or try again.