Suele ser motivo de asombro la rapidez y consistencia con que Japón se recuperó política y materialmente después de su derrota en la Segunda Guerra Mundial, sobreponiéndose a la enorme destrucción que sufrió el país tras los bombardeos aéreos, dos bombas atómicas y una grave sangría demográfica.

Parte de ese esfuerzo se debió a las ayudas recibidas y a la influencia cultural ejercida por Estados Unidos, completadas con la conservación de cierta mentalidad esencial gracias al papel fundamental que jugaron una serie de conceptos tradicionales inspirados en un tratado que escribió el ronin Miyamoto Musashi, uno de los samuráis más famosos de la historia en el siglo XVII. Su título es El libro de los cinco anillos.

Ese libro expone una eficaz combinación de ideas budistas y artes marciales que, sin embargo, tienen aplicación práctica más allá del ámbito guerrero y, de hecho, en ese difícil período denominado Sengo-Nihon (la posguerra, entendiendo por tal desde 1945 hasta el final de la Era Shōwa, es decir, el reinado del emperador Hirohito, fallecido a principios de 1989), fue adoptado por todo tipo de gentes en sus vidas cotidianas y profesionales (tanto en trabajos elementales como en los altamente cualificados).

Posible autorretrato de Miyamoto Musashi esgrimiendo katana y wakizashi
Posible autorretrato de Miyamoto Musashi esgrimiendo katana y wakizashi. Crédito: Dominio público / Wikimedia Commons

De Miyamoto Musashi ya hablamos en otro artículo. Hijo de un célebre esgrimista, quedó huérfano muy pronto y ya en su niñez originó multitud de leyendas sobre una innata habilidad para la lucha, atribuyéndosele el primer duelo a los trece años de edad. Nunca perdió un combate y eso que viajaba de un lugar a otro ganándose la vida de esa forma y llegando a disputar docenas de ellos. Su intervención en la guerra que enfrentaba a los clanes Toyotomi y Tokugawa, posicionándose a favor del primero, que acabó derrotado, le llevó a tener que esconderse un tiempo. Luego reapareció e incrementó su aura de invencibilidad venciendo a cuanto samurái y maestro le retaba.

Como ronin (samurái sin señor), llevó una existencia errante (Musha Shugyo, viajes para perfeccionarse técnicamente) y, cuando la edad empezó a pesarle, decidió poner por escrito sus conocimientos, renunciando a su anterior negativa a fundar una escuela de kenjutsu (manejo del sable), para así poder legar a otras generaciones su koryu (estilo) de ese arte marcial. Éste, creado en sus últimos años tras desarrollarlo a partir de otro creado en su juventud (el Enmei Ryu) y enriquecido con aportes de otras fuentes (entre ellas el Tori Ryu de su padre) más su propia experiencia acumulada, ha pasado a la posteridad con el nombre de Hyoho Niten Ichi Ryu.

Musashi, que también tuvo etapas de formación con monjes que le ensañaron budismo zen, sintoísmo y confucianismo, se retiró en 1643 a la cueva de Reigando, en el Monte Kimpu de la isla de Kyushu, para vivir como ermitaño el resto de sus días. Fue allí donde, casi simultáneamente, escribió las dos obras que constituyen la śintesis de su pensamiento. Una es Dokkōdō («El camino de la soledad»), que terminó una semana antes de morir en mayo de 1645 y contiene una veintena de preceptos vitales dedicados a su discípulo favorito, Terao Magonojo, que también se convertiría en un afamado espadachín.

La cueva de Reigando, en Kyushu
La cueva de Reigando, en Kyushu. Crédito: STA3816 / Wikimedia Commons

La otra es Go-rin no sho, «El libro de los cinco anillos». También estaba dedicada a Magonojo, quien sin embargo quemó el original, probablemente por indicación de su propio maestro, que acaso quedó insatisfecho con el resultado final.

En cualquier caso, el contenido logró sobrevivir mediante copias y ya vimos que incluso en unos tiempos tan diferentes como los actuales mantiene una vigencia asombrosa, hasta el punto de que constituye un manual de referencia en el ámbito empresarial porque, al fin y al cabo, viene a ser un precedente de los libros de autoayuda, desarrollo y superación personal.

Musashi mismo explica en el texto que las enseñanzas expuestas son útiles tanto para los duelos como para las batallas, y que cada precepto es más que nada un punto de partida que debería ser investigado y tratado más a fondo por parte del lector, quien no tiene que limitarse a aprenderlo en el plano teórico. Ese planteamiento de estrategia adaptable y ampliable suele seducir en Japón al mundo del márketing, que lo aplica en sus campañas extrapolando su primigenio carácter militar.

Diversas ediciones del Go-rin no sho
Diversas ediciones del Go-rin no sho. Crédito: Kendobr / Wikimedia Commons

Go-rin no sho, decíamos, es un tratado bélico que define al guerrero como una combinación de luchador, estratega, artista, artesano, escritor y filósofo, todo ello usando el budismo como amalgama pese a que el propio autor creía necesario separar las artes marciales de la fe («Respeta a Buda y a los dioses sin contar con su ayuda» era una de sus máximas). Su idea principal, tomada de las mencionadas religiones orientales, es que en un combate se dan diferentes elementos, así como hay diferentes elementos físicos en la vida. De ahí que la obra esté estructurada en cinco capítulos alusivos a dichos elementos de la naturaleza.

El primero es El manuscrito de la Tierra, que sirve de introducción y analiza metafóricamente las artes marciales, el liderazgo y el entrenamiento como si de la construcción de una casa se tratase. También es aquí donde equipara el aprendizaje del oficio militar con el de otros, prestando atención especial al de carpintero porque en el Japón feudal, donde las casas se hacían de madera, éste era fundamental. Eso sí, Musashi era un guerrero y también explica qué armas (espada, naginata, lanza, arco) son adecuadas para cada entorno y momento, si bien hay que saber manejarlas todas.

El manuscrito de la Tierra termina con nueve principios mundanos o prácticos que deben tener en cuenta los samuráis para poder desarrollar sus estrategias y que han de combinarse con los veintiuno espirituales que contiene el mencionado Dokkōdō. Entonces se pasa al segundo libro, El manuscrito del Agua, en el que se describe el Ni-ten ichi-ryu , o «Dos cielos, un estilo», con algunas técnicas y principios básicos para alcanzar la victoria: posiciones del cuerpo, agarre de la espada, manejo de tiempos, etc. Todo ha de hacerse con la misma fluidez del agua, de ahí el título.

Miyamoto Musashi en combate (ilustración decimonónica de Yoshitaki Tsunejiro)
Miyamoto Musashi en combate (ilustración decimonónica de Yoshitaki Tsunejiro). Crédito: Yoshitaki Tsunejiro / Dominio público / Wikimedia Commons

Es un capítulo que rezuma budismo, con alusiones a la espiritualidad, al control, a saber mantener la calma, a un yin-yang personal, todo lo cual sirve para aprender a ocultar las debilidades ante el adversario. La forma de alcanzar el estado idóneo, explica, es a través de las cinco posturas o actitudes correctas de guardia para la esgrima, todas las cuales deben dominarse para no depender exclusivamente de una. Durante la lucha se adoptarán en función del contexto, tal como narra en el tercer libro, El manuscrito del Fuego, en el que habla del fragor de la batalla y la adaptación a sus circunstancias.

Es en este tercer capítulo donde detalla tres métodos para anticiparse a los movimientos del enemigo, que son el ken no sen (tomar la iniciativa en el ataque), el tai no sen (fingir debilidad para que sea el rival quien tome la iniciativa y contratacarle por sorpresa) y el tai tai no sen (reaccionar cuando la iniciativa es simultánea; Musashi es poco claro al explicarlo, como él mismo admite), añadiendo otros complementarios. También trata aquí de la importancia del tiempo y la sincronización, algo que reformularía Napoleón dos siglos después.

El manuscrito del Viento, cuarto de la lista, lleva un título alusivo al estilo (que se escribe con los mismos caracteres que la palabra «viento») y contiene una crítica comparada a las diversas escuelas de esgrima por anticuadas, destacando a la suya por ser más vanguardista y pura. También hay un juego de palabras en el último capítulo, El libro del Vacío, ya que este término se escribe igual que «cielo» y Musashi lo considera la esencia de la táctica militar: el punto culminante del guerrero es vaciar su espíritu en combate y luchar instintivamente, sin pensar. Es un texto más críptico, impregnado de filosofía zen.



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