Las vasijas de cerámica soportan los efectos corrosivos de miles de años, y los restos orgánicos conservados en el interior de sus poros pueden arrojar luz sobre la cultura, los valores, las dietas y la vida cotidiana de las sociedades.

Esta investigación se consigue con la ayuda de biomarcadores, que tienen un valor incalculable para los investigadores. Descubrir un biomarcador adecuado se asemeja a encontrar una aguja rara en un pajar. Pero una vez identificados por fin, proporcionan una valiosa información a los investigadores de todo el mundo.

El Dr. Adrià Breu Barcons y la profesora adjunta Rana Özbal, del Departamento de Arqueología e Historia del Arte de la Universidad de Koç, han aportado recientemente dos nuevos bioindicadores a este campo. Su artículo en la revista Journal of Archaeological Science ofrece una nueva perspectiva.

Analizaron piezas de cerámica procedentes de excavaciones del Neolítico (Edad de Piedra) en la región mediterránea (desde España hasta Turquía). En estas piezas, que datan de hace 7.000 u 8.000 años, encontraron algunos compuestos orgánicos poco conocidos.

Su presencia no podía explicarse por las reacciones químicas que se producen normalmente durante la exposición de los aceites al calor. Teníamos algunas muestras con residuos que no entendíamos muy bien, explica el Dr. Barcons, autor principal del estudio. Pensamos que quizá procedían de técnicas culinarias que alteran térmicamente la grasa.

A medida que la tecnología y los métodos químicos mejoran, los arqueólogos pueden ahora, afortunadamente, hacer análisis aún más profundos sobre la función de las vasijas y llegar a hallazgos críticos sobre nuestro pasado. Tras profundizar en la química, el Dr. Barcons y el Prof. adjunto Özbal descubrieron también dos nuevas reacciones químicas que permiten que las grasas cambien de este modo.

Para comprobar si estas dos reacciones producían los resultados esperados, mezclaron ingredientes orgánicos como aceite de oliva y hojas de olivo con muestras de cerámica antigua y las cocinaron durante varios periodos a distintas temperaturas.

El análisis de los residuos al final del proceso reveló la presencia de ambos componentes en los fragmentos de cerámica y confirmó que podían fabricarse mediante un calentamiento prolongado en la vasija. Así, su presencia en fragmentos cerámicos demostró ser un biomarcador del calentamiento prolongado en la prehistoria.

Estos compuestos no se encuentran normalmente en la naturaleza y sólo pueden crearse a altas temperaturas, lo que significa que pueden utilizarse para probar si la cerámica antigua había estado en contacto con el fuego. Barcons afirma: Haciendo experimentos de calentamiento en el laboratorio pudimos producir los mismos compuestos químicos que encontramos en la cerámica arqueológica, y algunos de ellos nunca se habían descrito antes.

Estos hallazgos añadieron a la bibliografía dos nuevos biomarcadores. Aunque ya se habían encontrado grasas animales degradadas por el calor en restos de cerámica arqueológica, esta nueva investigación reveló dos nuevos tipos de lípidos que se detectaron por primera vez.

Esto abre nuevos debates en el mundo de la arqueología sobre la importancia de este hallazgo. Los investigadores pueden ahora comprobar si también ellos obtuvieron estas moléculas.


Fuentes

Koc University | PNAS | Adrià Breu, Ayla Türkekul, et al., Caution! Contents were hot: Novel biomarkers to detect the heating of fatty acids in residues from pottery use. Journal of Archaeological Science vol.159, doi.org/10.1016/j.jas.2023.105854


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