El 28 de septiembre de 1969, un evento extraordinario sacudió la tranquilidad del pequeño pueblo de Murchison, en Australia. A las 10:58 de la mañana, hora local, un meteorito se estrelló cerca de la localidad, esparciendo fragmentos en un área de aproximadamente 13 km².

Rápidamente, los científicos se movilizaron para recolectar los más de 100 kg de fragmentos dispersos, siendo el más grande de unos 7 kg. La prontitud en la recolección fue crucial para evitar la contaminación de los especímenes con compuestos terrestres.

Además, la caída del meteorito ocurrió apenas dos meses después del histórico alunizaje de la misión Apollo 11, lo que significó que los laboratorios ya contaban con el equipamiento necesario para analizar materiales de origen extraterrestre.

Los estudios realizados por el equipo de Keith Kvenvolden, del Ames Research Center de la NASA, revelaron que el Meteorito Murchison no era un meteorito común. Clasificado como una condrita carbonácea del grupo CM2, este meteorito contenía una cantidad significativa de carbono, principalmente en forma de compuestos orgánicos.

Pero lo que realmente asombró a los investigadores fue la presencia de 18 aminoácidos, las unidades básicas de las proteínas y pilares fundamentales de la vida tal como la conocemos.

Posteriores análisis confirmaron que estos aminoácidos se habían formado de manera abiótica, es decir, sin intervención de organismos vivos. Además, se descubrió que algunos de ellos, como la alanina y la isovalina, presentaban la misma configuración que poseen los aminoácidos presentes en las proteínas terrestres.

Pero los aminoácidos no fueron los únicos compuestos orgánicos de interés encontrados en el meteorito. También se detectaron purinas y pirimidinas, los componentes básicos del ADN y el ARN, las moléculas portadoras de la información genética en todos los seres vivos conocidos.

Estos descubrimientos han llevado a los científicos a plantear la hipótesis de que los compuestos orgánicos necesarios para el surgimiento de la vida en la Tierra podrían haber llegado desde el espacio exterior, transportados por meteoritos como Murchison.

De hecho, se estima que durante un período de intenso bombardeo que duró 200 millones de años, la cantidad de materia orgánica que llegó a la Tierra fue 25.000 veces superior a la cantidad actual de carbono biológico reciclado en la superficie de nuestro planeta.

Pero quizás el hallazgo más sorprendente relacionado con el Meteorito Murchison llegó a principios de 2020, cuando se dataron granos presolares de carburo de silicio extraídos del meteorito.

Estos diminutos granos resultaron ser polvo estelar con una antigüedad de 7.000 millones de años, lo que los convierte en el material más antiguo encontrado en la Tierra. Su composición isotópica sugiere que provienen de una supernova de tipo II, originada por una estrella con una masa aproximada de 25 veces la del Sol.

El Meteorito Murchison nos ha brindado una ventana única hacia los orígenes de la vida y la evolución del universo. Sus compuestos orgánicos y granos presolares son testigos de procesos cósmicos que tuvieron lugar mucho antes de la formación de nuestro sistema solar.


Fuentes

Murchison (The Meteoritical Society) | Uwe J. Meierhenrich, Guillermo M. Muñoz Caro, et al., Identification of diamino acids in the Murchison meteorite. PNAS June 11, 2004, 101 (25) 9182-9186, doi.org/10.1073/pnas.0403043101 | Engel, M., Nagy, B. Distribution and enantiomeric composition of amino acids in the Murchison meteorite. Nature 296, 837–840 (1982). doi.org/10.1038/296837a0 | Wikipedia


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