La famosa Piedra de Rosetta, que permitió el desciframiento de los jeroglíficos egipcios, fue encontrada por las tropas napoleónicas que invadieron Egipto en 1799. No pasaría mucho tiempo sin que empezasen a aparecer muchas otras estelas e inscripciones similares, todas ellas con textos en dos idiomas (egipcio y griego) y tres sistemas de escritura (jeroglíficos, demótico y griego).

La Piedra de Rosetta lleva inscrito el Decreto de Menfis, y se han encontrado otras diez copias de ese mismo decreto, uno de los seis Decretos Ptolemaicos que se sucedieron desde el 243 a.C., hasta el 185 a.C.

El primer y segundo decretos fueron promulgados por Ptolomeo III, el tercero por Ptolomeo IV en Menfis en el año 217 a.C., mismo lugar de emisión, por orden de Ptolomeo V, del decreto homónimo (el cuarto) que contienen la Piedra de Rosetta, la Estela de Nubayrah y los relieves del templo de Filé; el mismo Ptolomeo V promulgó en Alejandría los decretos quinto y sexto, Filensis (186 as.C.) I y II (185 a.C.).

El contenido de estos decretos era variado, pero siempre con el elemento común de hacerse con motivo de un evento importante. Luego, un sínodo de sacerdotes se encargaba de escribir los decretos utilizando una fórmula preestablecida que sólo cambiaba los detalles en cada caso (de ahí el parecido general); a continuación, se encargaban copias en piedra para colocar en los patios de los templos.

Los Decretos Ptolemaicos fueron fundamentales para la política religiosa del periodo helenístico y para la difusión del culto al soberano como una deidad viviente.

El Decreto de Canopo, el segundo más antiguo de todos los decretos, fue proclamado por Ptolomeo III en la ciudad de Canopo, en el delta occidental del Nilo, el 7 de marzo del año 238 a.C. La primera copia del decreto la encontró el arqueólogo prusiano Karl Richard Lepsius en Tanis en 1866, inscrita en una estela conocida originalmente como Estela de Şân, pero que nadie había podido leer hasta el momento.

Resultó estar en tan buen estado, con la estela casi completa faltando solo un pequeño fragmento de la parte superior derecha, que resultó crucial para descifrar los jeroglíficos egipcios, ya que contenía mayor número de jeroglíficos que la Piedra de Rosetta. Contiene 37 líneas de jeroglíficos y 76 líneas de escritura griega uncial.

En la inscripción se relatan campañas militares, y se ensalza al rey por acabar con la hambruna que asolaba al país, sofocar las insurrecciones, bajar impuestos, y otros aspectos relacionados con la organización gubernamental del Egipto ptolemaico, además de declarar diosa a la difunta princesa Berenice.

Pero el decreto es también importante por dos cosas. En primer lugar porque inaugura un calendario solar de 365 días y cuarto al año (es decir, un día extra cada cuatro años, creando de facto el año bisiesto), el más preciso del mundo antiguo.

Ptolomeo III ordenó que el día extra tuviera carácter sagrado, en su honor y el de su esposa como hijos de Nut, la diosa del cielo y las estrellas. La reforma no tuvo éxito ante la oposición de la clase sacerdotal y el recelo del propio pueblo, pero la idea sería retomada por el astrónomo Sosígenes de Alejandría cuando hizo el calendario juliano en el 22 a.C.

Y en segundo lugar porque atestiguó, ya en el siglo XIX, la existencia de la antigua ciudad de Heracleion, que se hundió aproximadamente un siglo después de la promulgación del decreto, y cuyas ruinas fueron encontradas en el año 2000 por el arqueólogo Franck Goddio a 10 metros de profundidad y 2,5 kilómetros de la costa actual, al noreste de Alejandría.

En 1881 el egiptólogo francés Gaston Maspero encontró otra copia del Decreto de Canopo en Kim el-Hisn, en el delta occidental del Nilo. Posteriormente seguirían apareciendo más copias fragmentarias.

La última de ellas fue descubierta en marzo del año 2004 por el equipo de arqueólogos germano-egipcio que excavaba en la antigua Bubastis, en la zona oriental del delta cerca de la moderna ciudad de Zaqaziq.


Fuentes

E.A.W. Budge, The Canopus Decree: Hieroglyphic Version | E.A.W. Budge, The Rosetta Stone and the Stele of Canopus | Richard Anthony Parker, The calendars of Ancient Egypt | Wikipedia


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