Seguramente los aficionados a la historia de la Segunda Guerra Mundial sepan que el traslado a EEUU de científicos alemanes especializados en armas de última generación, realizado al final de la contienda, recibió el nombre de Operación Paperclip. Lo que ya no es tan conocido es que los soviéticos llevaron a cabo una acción similar, sumando más de dos millares y medio de especialistas a los que se obligó a viajar a la Unión Soviética y trabajar para ésta durante una década. Es lo que en ruso se conoció como Operazija Ossoaviachim, es decir, Operación Osoaviajim.

OSOAVIAJIM no es una palabra del diccionario sino un acrónimo; traducidas, sus siglas corresponden a la Unión de Sociedades de Asistencia para la Defensa y Aviación-Construcción Química de la URSS, una organización paramilitar fundada en 1927 con el objetivo de preparar a la población para la defensa de la patria. Es decir, su misión consistía en formar una reserva de las fuerzas armadas que a través de una serie de cursos impartía adiestramiento militar (armamento, tácticas, topografía, paracaidismo, comunicaciones…).

La OSOAVIAJIM se inspiraba en las agrupaciones voluntarias que habían surgido en los años veinte, durante la guerra civil, y permitía la afiliación de ciudadanos a partir de catorce años de edad, calculándose que para el año 1941 (cuando la Unión Soviética entró en la Segunda Guerra Mundial) tenía ya trece millones de afiliados repartidos entre casi siete mil grupos, con sus correspondientes cuadros de mando. Contaba con abundante equipamiento (planeadores, torres de radio, campos de tiro, escuela de paracaidistas, caballería…).

En 1946, al acabar el conflicto, se reconvirtieron algunas de sus actividades y, así, nacieron un club de tiro deportivo, un aeroclub, un club de radioaficionados, varios de motociclismo, etc. Dos años después, la entidad se dividió en tres (una por cada arma: tierra, mar y aire) y en 1951 se reunificó cambiando de nombre y pasando a ser la DOSAAF, siglas de «Sociedad Voluntaria de Ayuda al Ejército, Fuerza Aérea y Marina». Tras la disolución de la URSS mantuvo esa denominación adaptada a cada república, pero en la Rusia de 1991 fue rebautizada como ROSTO, «Organización Deportivo Técnica de la Defensa de Rusia», para recuperar el nombre de DOSAAF en 2009.

Lo que nos interesa aquí es el período entre 1946 y 1958, pues fue en mayo de esa primera fecha cuando el recién creado MVD (Ministerio del Interior, nuevo nombre asignado al antiguo NKVD o Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos de la Unión Soviética) decretó una resolución con el fin de conseguir la «transferencia de las oficinas de construcción así como dos mil especialistas alemanes» hasta finales de año. ¿Qué tenía que ver eso con la OSOAVIAJIM? En realidad nada; simplemente fue un error de denominación emitido por una emisora alemana que la CIG (Central Inteligence Group) y la OSS (Office of Strategic Services), las agencias predecesoras de la CIA, dieron por bueno (y, de paso, sirvió para despistar a los espías soviéticos).

Roosevelt, Stalin y Churchill habían acordado en la Conferencia de Yalta que Alemania debería pagar como indemnización de guerra unos veinte millones de dólares. Ahora bien, dado el marasmo de la economía alemana en aquellas circunstancias, con sus campos arrasados y sus industrias destruidas, se propuso que al menos una parte pudiera pagarse en especie, entregando bienes y mano de obra. Eso incluía implícitamente el aprovechamiento de la labor de científicos e intelectuales, que se repartirían entre las potencias, correspondiéndole a la URSS el cincuenta por ciento.

La caída del régimen nazi y el fin de las hostilidades constituyó el disparo de salida de una frenética carrera por hacerse con los servicios de los mejores, especialmente los ingenieros, físicos y químicos que habían desarrollado las llamadas armas maravillosas del III Reich (cazas a reacción, aviones en forma de ala delta, cohetes V-1 y V-2…) y trabajado en el frustrado plan de una bomba atómica. Se bautizó con el nombre de Comisiones Trofeo a los grupos encargados de contratar o detener a esos científicos; a veces los secuestraban sin más y los ponían a trabajar en lugares secretos, como ocurrió con una decena de científicos que fueron recluidos en Farm Hall (Cambridge, Inglaterra) mediante la Operación Epsilon.

Como es sabido, el país germano quedó dividido en dos sectores. En el controlado por la URSS se fundaron una serie de instituciones (Instituto Nordhausen, Instituto de Berlín) que se encargaban de asumir los trabajos inconclusos de los cerebros alemanes, prestándose atención especial a los relacionados con los cohetes; hasta seis mil operarios autóctonos tuvieron que trabajar en una fábrica de Nordhausen bajo la dirección del ingeniero Helmut Gröttrup, quien había colaborado con Werner von Braun en el programa de V-2 en Peenemünde. Sin embargo, los acuerdos alcanzados en la Conferencia de Postdam vetaban el estudio y fabricación de armas en Alemania, por lo que era necesario trasladar fuera la producción.

Eso, claro, incluía a los científicos. Ya en la primavera de 1945, sin haber finalizado todavía la guerra, los soviéticos lograron reunir a un centenar de ellos, entre los que se encontraban algunos tan ilustres como Gustav Hertz, Manfred von Ardenne, Peter Adolf Thiessen y Nikolaus Riehl, todos ellos relacionados con la investigación atómica, para cooperar en el desarrollo de una bomba. Fueron presionados, aunque no forzados, como sí les ocurrió a otros que pasaron primero por la prisión moscovita de Butyrka y más tarde por unos laboratorios del sistema Gulag conocidos como Sharashka, que tenían diversas sedes; fue el caso de Ferdinand Branner, diseñador de motores de Junkers.

No obstante, de momento, los técnicos de otras áreas de investigación (por ejemplo, cohetes, giroscopios, motores a reacción, electrónica en general, armas químicas y vídeo en color) pudieron trabajar en suelo alemán, en las llamadas OKV (oficinas de diseño experimental), que partían de las grandes empresas con miles de empleados germanas (Carl-Zeiss, Junkers, Jenaer Glaswerk Schott & Gen) y devinieron en las SAG (sociedades anónimas soviéticas). El problema era doble: por un lado, estaba la prohibición Aliada de fabricar armas en Alemania; por otro las reticencias que muchos dirigentes mostraron a trasladar esas fábricas a la URSS por la competencia que harían a la industria nacional. Stalin tomó personalmente la decisión final a favor.

Fue el año siguiente, en abril, cuando Mikhail Khrunichev, ministro de Industria Aeronáutica, firmó una orden secreta sobre la reubicación de la industria aeronáutica y de motores alemana que se plasmó en el citado decreto del 13 de mayo de 1946. Iván Serov, un oficial de artillería que había sido comisario del NVKD -donde ejerció como lugarteniente de Lavrenti Beria- y posteriormente llegaría a primer presidente de la KGB, fue puesto al frente de la misión. Entre otros méritos, en el currículum de Serov figuraban deportaciones masivas de tártaros y chechenos, por lo que trasladar a unos pocos miles de alemanes eminentes no le resultaría difícil.

De ese modo, una vez diseñada, el 22 de octubre de ese mismo año dio comienzo efectivo la Operación Osoaviajim; una fecha seguramente elegida intencionadamente porque el día antes se habían celebrado elecciones en Berlín. Según los testimonios, en primer lugar se prepararon noventa y dos trenes de mercancías que debían transportar el material incautado, las líneas telefónicas quedaron temporalmente fuera de servicio y se suspendió el transporte público. A continuación, esa noche, los agentes destinados ad hoc procedieron a arrestar a los científicos elegidos por los distintos ministerios interesados, previamente localizados sus domicilios; al parecer, ni siquiera necesitaron derribar las puertas porque contaban con llaves.

Contando a sus familias, que en general se fueron con ellos, el número total rondaba las seis mil quinientas personas: casi mil cuatrocientas trabajaban en el sector aeronáutico (aviones, cohetes), más de medio millar en armamento (cohetes de combustible líquido), tres centenares y medio en comunicaciones (radares, telemetría), ciento siete en la industria ligera, ochenta y una en la química, sesenta y dos en la naval (sistemas de navegación y giroscopios), algo menos de una treintena en el sector agrícola (motores para cohetes), catorce en el mundo audiovisual y tres en el sector petrolero.

Pese al secretismo con que se realizó todo, la acción simultánea en varias ciudades (Berlín oriental, Halle, Leipzig, Dresde, Dessau, Jena, Rostock, Brandeburgo y Postdam) hacía imposible mantenerlo oculto y empezaron a brotar protestas: el SPD (Partido Socialdemócrata Alemán), la Kommandatura (el gobierno de la ciudad de Berlín impuesto por las potencias vencedoras) e incluso la FDGB (Federación Alemana de Sindicatos Libres de la futura República Democrática Alemana), esta última rápidamente acallada. El Consejo de Control Aliado convocó una reunión para tratar el asunto pero tuvo que aplazarla porque los soviéticos aseguraron que los desplazados se habían trasladado voluntariamente.

Es algo en lo que insistieron siempre, pese a ser inexacto o falso, y tomando como referencia lo realizado antes por británicos y estadounidenses. Lo cierto es que aquellos científicos y técnicos se reubicaron obligadamente, pero tenían contrato y se les pagaba un salario, que además era superior al de sus homólogos soviéticos. En contrapartida, no podían compartir la naturaleza de su trabajo fuera de éste ni tener correspondencia al respecto (en la práctica, algunos lograron esquivar la censura) y varias decenas fueron llevados por la fuerza debido a su rotunda negativa, siendo éstos los recluidos en la Sharashka bajo vigilancia.

Ahora bien, su estancia en la Unión Soviética no se concibió como permanente y poco a poco se les fue permitiendo regresar a su país entre 1950 y 1958, marchando la mayoría en 1954, tras el fallecimiento de Stalin; es decir, la media de estancia fue de un lustro. Parte de ellos fueron premiados con cátedras universitarias en la ya nacida RDA y cargos en fábricas -no siempre de su nivel porque la industria allí era bastante incipiente-, recibiendo sus familias una casa para vivir y prebendas varias; una minoría consiguió pasar a países occidentales, como el citado Gröttup (que en 1967 creó la tarjeta con circuito integrado), Kurt Magnus (pionero de la mecatrónica, impulsor de la navegación moderna mediante giroscopios) y Fritz Karl Preichskat (inventor de un teletipo con impresora matricial).

Es imposible reseñar aquí los nombres de todos los científicos y técnicos que fueron «reubicados» en la URSS aquellos cinco años, pero sí se puede evaluar sucintamente su trabajo y, por ende, establecer qué resultado dio la Operación Osoaviajim. Puede decirse sin ninguna duda que los científicos soviéticos se beneficiaron de aquella importación de talento, aun cuando las autoridades nunca les reconocieron mérito a los germanos centrando los elogios en los suyos tanto para eludir responsabilidades sobre su controvertida deportación como para exaltar la ciencia nacional.

Se había puesto especial interés en la aviación, la cohetería, las armas y la óptica, campos en los que los teutones hicieron trascendentales aportaciones, unas en esa época y otras posteriormente, cuando ya habían regresado a Alemania o marchado a otro país. Por ejemplo, el ex-nazi Brunolf Baade lideró el desarrollo de la industria aeronáutica de la RDA, incluyendo la fabricación del primer avión a reacción de pasajeros, el Baade 152.

En esa misma línea, a Siegfred Günter se le considera el padre de los turborreactores, mientras que el ex-coronel de las SS Ferdinand Brandner desarrolló el motor que usaron los bombarderos Tupolev Tu-95 . Asimismo, Helmut Gröttup realizó bocetos y estudios de diseño para cohetes espaciales, al igual que Erich Apel (que llegaría a ministro de la RDA).

Por otro lado, Hugo Schmeisser diseñó el primer gran fusil de asalto (el StG 44) y la química albergó a otros notables, de los que cabe destacar a Karl-Herman Geib, que descubrió el proceso de sulfuro Girdler para obtener agua pesada; Alfred Rieche desarrollador de un tipo de reacción de formilación; y Friedrich Asinger, otro ex-miembro del partido nazi que consiguió la reacción de múltiples componentes que lleva su nombre para sintetizar tiazolinas (usadas en la industria farmacéutica).

En suma, si bien emulaba las anteriores emprendidas por sus aliados, desde la referida Operación Paperclip a la conjunta Misión Alsos (en la que participaron británicos, estadounidenses y los propios soviéticos), la Operación Osoaviajim adquirió proporciones mucho mayores, con el agravante de que constituía una violación de la Kontrollratsproklamation (Proclamación del Consejo de Control), la iniciativa legislativa del Consejo de Control Aliado (la autoridad establecida por las cuatro grandes potencias vencedoras, EEUU, Reino Unido, URSS y Francia en las cuatro zonas de ocupación), cuyo segundo punto, publicado el 20 de septiembre de 1945, estipulaba que la selección de los trabajadores alemanes enviados al extranjero en concepto de pago de reparaciones sería realizada por las autoridades alemanas de acuerdo con las órdenes de todos los representantes aliados.


Fuentes

Norman N. Naimark, The Russians in Germany. A history of the Soviet Zone of occupation, 1945-1949 | Timothy C. Dowling, Russia at war. From the Mongol conquest to Afghanistan, Chechnya, and beyond | Georgios Karkampasis, What Happened to the German War Reparations after the end of WWII | Anatoly Zak, German A-4 team in Moscow | Gunther Hebestreit, Vor 70 Jahren: Geheimoperation „OSSAWJAKIM“ | Simone Schlindwein, Deutsche Raketensklaven im Luxus-Gulag | Summary of Operation Ossavakim | Wikipedia


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