Se calcula que una cuarta parte de los adultos y dos tercios de los niños tienen fuertes temores ante las agujas, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. Sin embargo, la salud pública depende de que la gente esté dispuesta a recibir vacunas, que a menudo se administran mediante un pinchazo.

Darcy Dunn-Lawless, estudiante de doctorado del Instituto de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Oxford, está investigando el potencial de una administración de vacunas indolora y sin agujas mediante ultrasonidos. En el marco de Acoustics 2023 Sydney, que se celebra del 4 al 8 de diciembre en el Centro Internacional de Convenciones de Sídney, expondrá los últimos avances de esta prometedora técnica.

Nuestro método se basa en un efecto acústico llamado ‘cavitación’, que consiste en la formación y estallido de burbujas en respuesta a una onda sonora, explica Dunn-Lawless. Nuestro objetivo es aprovechar las explosiones concentradas de energía mecánica producidas por el colapso de estas burbujas de tres formas principales. En primer lugar, para despejar los pasajes a través de la capa externa de células muertas de la piel y permitir el paso de las moléculas de la vacuna. En segundo lugar, actuar como una bomba que impulsa las moléculas del fármaco hacia el interior de estos conductos. Por último, para abrir las membranas que rodean las propias células, ya que algunos tipos de vacunas deben entrar en una célula para funcionar.

Aunque las pruebas iniciales mostraron que se administraban 700 veces menos moléculas de vacuna con el método de cavitación que con la inyección convencional, el método de cavitación produjo una mayor respuesta inmunitaria. Según la teoría de los investigadores, esto podría deberse a la piel, rica en inmunidad, a la que se dirige la administración ultrasónica, en contraste con los músculos que reciben la inyección. El resultado es una vacuna más eficiente que podría ayudar a reducir costes y aumentar la eficacia con poco riesgo de efectos secundarios.

En mi opinión, el principal efecto secundario potencial es universal a todas las técnicas físicas en medicina: Si se aplica demasiada energía al cuerpo, se pueden dañar los tejidos, afirma Dunn-Lawless. La exposición a una cavitación excesiva puede causar daños mecánicos en células y estructuras. Sin embargo, hay pruebas fehacientes de que estos daños pueden evitarse limitando la exposición, por lo que una parte clave de mi investigación es tratar de identificar plenamente dónde se encuentra este umbral de seguridad para la administración de vacunas.

Dunn-Lawless forma parte de un equipo más amplio bajo la supervisión del doctor Mike Gray, el catedrático Bob Carlisle y el profesor Constantin Coussios en el Laboratorio de Ultrasonidos Biomédicos, Bioterapia y Biofármacos (BUBBL) de Oxford. Su método de cavitación puede ser especialmente útil para las vacunas de ADN, que actualmente son difíciles de administrar.

Si la cavitación ayuda a abrir las membranas que bloquean el acceso terapéutico al núcleo celular, podrán aprovecharse mejor las demás ventajas de las vacunas de ADN, como la respuesta inmunitaria selectiva, el bajo riesgo de infección y la estabilidad en almacenamiento.


Fuentes

Acoustical Society of America


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