Si alguien visita el Fries Museum (Museo Frisón) de la localidad de Leuvarden, en los Países Bajos, podrá ver entre las piezas que exhibe una zweihänder (también llamada biedenhänder). Se trata de un tipo de espada de enorme tamaño que en español se denomina montante, típica de la Edad Moderna, con una larga empuñadura y gavilanes acordes para facilitar su inevitable uso a dos manos. Ese arma perteneció, según la tradición a Pier Gerlofs Donia, un campesino al que se apodaba Grutte Pier o Pierius Magnus por su altura y fuerza, quien por vengar el asesinato de su esposa lideró una partida de rebeldes contra los Habsburgo.

En realidad, gracias a las marcas que ostenta su hoja y la envoltura de cuero de cabra del mango, los expertos han determinado que la espada en cuestión es de fabricación germana. Es posible que Pier Gerlofs Donia se la arrebatase a algún soldado sajón o puede que, simplemente, como suele pasar con las armas blancas históricas, se le atribuya como una más de las muchas leyendas que corrieron en torno a ese personaje. Y es que fue tan popular que sus hazañas se glosaron en poemas y canciones, casi siempre de tono hiperbólico.

Sin embargo, era un hombre de carne y hueso. Eso sí, de mucha carne y mucho hueso, pues superaba los dos metros de altura y era tan fornido que podía, según las hiperbólicas habladurías, levantar un arado con un solo brazo. Por eso se le llamaba Grutte Pier («Gran Pier») y se le atribuye la propiedad de la zweihänder del museo, que mide dos metros y trece centímetros de largo y pesa más de seis kilos y medio; con ella, cuentan, era capaz de decapitar a varias personas a la vez de un único golpe y llevaría a juego un yelmo de grandes dimensiones conservado en el Ayuntamiento de Sneek, también atribuido a él.

La espada conservada en el museo/Imagen: Fries Museum

Lo cierto es que en el Fries Museum hay más espadas de ese tipo y como no todas le iban a pertenecer, se impone la lógica: las zweihänder tenían su cometido y no consistía en armar a gigantes per se sino abrirse paso entre las formaciones de piqueros propias de la época o equipar a soldados como los alféreces (encargados de enarbolar las banderas) o los guardias de corps. En este caso peor aún, puesto que se considera una espada ceremonial para llevar en alto durante las procesiones, al igual que las que hay en la Royal Armourie de Leeds.

Pasemos a la historia. Pier Gerlofs Donia nació hacia 1480 en Kimswerd, una villa cercana a la ciudad de Harlingen; es decir, en la región de Frisia, que hoy pertenece a los Países Bajos pero entonces abarcaba también partes de la actual Alemania. Sus padres fueron Gerloff Piers y Fokel Sybrants Bonga -ésta hija de un noble local-, y tuvo al menos tres hermanos. No se sabe gran cosa de su infancia y hay que saltar a su vida de adulto para verlo casado con Rintsje Syrtsema, junto a la que crió dos vástagos, un niño llamado Gerlof y una niña, Wobbel, ambos nacidos a finales de la primera década del siglo XVI.

Pier tenía una hacienda llamada Meyllemastate a medias con uno de sus cuñados, Ane Pijbes, y todo parecía ir bien salvo por un detalle que desconocían: en Franeker, una ciudad situada aproximadamente a siete kilómetros de Kimswerd, estaba acuartelada la Schwarze Garde (Guardia Negra), un célebre regimiento de lansquenetes (mercenarios alemanes) que solía contratarse para reprimir las esporádicas revueltas campesinas de la Europa continental septentrional. Entraban en combate al grito de “¡Wohr di, Goor, de Buur, de kump!” (“¡Cuidado, guardia, con el granjero que viene!”).

Localización de Frisia en un mapa actual
Localización de Frisia en un mapa actual. Crédito: Richardprins / Rowanwindwhistler / Wikimedia Commons

De hecho, su última intervención de ese tipo había sido en febrero de 1500, en Dithmarschen, donde, integrados en un ejército de tropas danesas y de Schleswig, cayeron derrotados en la batalla de Hemmingstedt cuando el enemigo, simples agricultores armados pero muy superiores en número, abrieron los diques y empantanaron el terreno inmovilizando a los lansquenetes y causándoles ochocientas bajas; incluso su comandante, Thomas Slentz, figuró entre los caídos. No se sabe si la Guardia Negra se disolvió entonces, pero catorce años más tarde revivió para una nueva campaña.

En concreto, la que emprendió Jorge el Barbudo, duque de Sajonia, contra Edzardo I el Grande, conde de Frisia Oriental, y que iba a durar tres años. Jorge había sido nombrado stadtholder (estatúder, algo así como gobernador) de todos los territorios frisones por Maximiliano I de Habsburgo, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, algo que no aceptó Edzardo. Como resultado fue declarado reichsacht (proscrito) y veinticuatro duques y condes alemanes invadieron Frisia, contándose entre sus fuerzas la reconstituida Guardia Negra.

Esos lansquenetes fueron enviados a Freneker con el objetivo de enfrentarse a los vetkopers, partidarios de Edzardo y por tanto enemigos de los schieringers, aliados de los borgoñones y de los Habsburgo. Lo cierto es que el territorio estaba inmerso en una auténtica guerra civil entre frisones, resultado de una crisis económica que llevaba ya décadas causando estragos y había llevado a la polarización de las clases acomodadas en dos grupos: el de los haadlingen (nobleza frisia) y el de los hoofdelingen (nobleza holandesa), copando estos últimos los principales cargos de gobierno.

Edzardo I el Grande retratado por Jacob Cornelisz van Ootsanen/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En la práctica, los propios hoofdelingen estaban divididos y se repartieron entre los bandos vetkoper y schieringer, apoyando los más modestos a los primeros (que defendían el autogobierno frisón), y los más ricos -por tanto más cercanos al emperador- al segundo. Unos y otros recurrían al mercenariado contratando los servicios de lansquenetes, a veces los mismos porque cambiaban de bando si les pagaban más. Y esos soldados incrementaban sus ganancias imponiendo tributos en las aldeas o simplemente recurriendo al saqueo.

El caso es que el 29 de enero de 1515, bajo el mando de Hugo von Leisenich, los hombres de la Guardia Negra acantonados en Franeker realizaron una incursión sobre la vecina Kimswerd para saquear a la población. Acostumbrados a un modo brutal de practicar la guerra, entraron en la casa de Pier, que estaba ausente, y no se contentaron con robar sino que además violaron y asesinaron a su esposa y otros familiares, antes de prender fuego a los campos y la iglesia del pueblo (Lutero todavía no había clavado sus famosas tesis, pero desde el siglo XIV se estaban gestando brotes de protestantismo, como los de los lolardos y husitas). Cabe imaginar la repercusión emocional que aquella barbarie produjo en Pier.

Irónicamente, su familia era de tradición schieringer, descendiendo él directamente de Haring Harinxma, un líder frisón que había sido podestá (primer magistrado) de Westergo. Todo cambió para Pier quien, enloquecido de dolor, clamó venganza y se alió con Carlos de Egmond, duque de Güeldres, conde de Zutphen y uno de los principales líderes frisones contra el dominio de los Habsburgo, quienes el 19 de mayo de 1515 habían comprado Frisia a Jorge el Barbudo por cien mil florines y ahora quien controlaba Güeldres era Felipe el Hermoso (duque de Borgoña y rey de Castilla desde 1506 por su matrimonio con Juana la Loca, la hija de los Reyes Católicos).

Esta obra de Bernhard Strigel muestra a Maximiliano I y su esposa, María de Borgoña, con su hijo Felipe el Hermoso y sus nietos, Fernando I, Carlos V y Luis II de Hungría/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Carlos, instigador de lo que ha pasado a la historia con el nombre de Rebelión de los Frisones, financió a Pier la organización de un ejército de campesinos y mercenarios al que se unieron algunos nobles y que recibió el nombre de Arumer Zwarte Hoop («Brigada Negra de Arum»). Consciente de su inferioridad militar, Pier empleó tácticas guerrilleras contra holandeses y borgoñones, a los que consideraba responsables de la tragedia de su familia, obteniendo victorias como la rendición de dos castillos enemigos y la toma de Medemblik, colaboradora con el enemigo.

Esa ciudad cayó -excepto su fortaleza, que resistió al precio de asistir impotente al saqueo e incendio del resto- gracias a un desembarco anfibio de cuatro mil soldados que asaltaron las murallas por tierra cuando los defensores esperaban un ataque por mar. Esa táctica se repitió en otros sitios como Alkmaar y Asperen. No obstante, los triunfos más notables de Pier fueron navegando, asaltando numerosos barcos holandeses e ingleses cuando entraba o salían del Zuiderzee (la actual bahía de Ijselmeer): veintiocho hundió, ganándose el mote de Cruz de los holandeses.

Las correrías de Pier duraron cinco años, en parte gracias a la ayuda que recibía del duque Carlos, quien a su vez sufragaba un ejército mercenario al mando del mariscal Maarten van Rossum. Pero el comportamiento de sus hombres no fue diferente en modo alguno al de aquellos lansquenetes de la Guardia Negra; en Asperen, por ejemplo, mataron a casi toda la población, lo que llevó al estatúder holandes, que había tenido que retirarse apuradamente, a preparar una gran flota de guerra cuya dirección entregó a Anthonius van den Houte, veterano marino al que no en vano se apodaba «Almirante de la Zuiderzee».

Grutte Pier en un grabado coloreado del siglo XVII, obra de Pieter Feddes van Harlingen/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Van den Houte empezó con éxito su misión, venciendo a varios barcos rivales; sin embargo, Pier consiguió apoderarse de once suyos tras una dura batalla naval librada cerca de Hoorn en 1518. Eso dio un respiro al rebelde, que en Hindeloopen marcó otro de sus hitos semilegendarios derrotando a trescientos holandeses a los que, una vez prisioneros, obligó a recitar un trabalenguas en lengua frisona para distinguir a los frisones de sajones y holandeses: Bûter, brea en griene tsiis: wa’t dat net sizze kin, is gjin oprjochte Fries («Mantequilla, pan y queso verde; si no lo puedes decir, es que no eres un verdadero frisón»).

Todo aquel esfuerzo iba a caer en saco roto. Borgoña y los Habsburgo eran un hueso demasiado duro de roer para los insurrectos y Pier, desilusionado, decidió retirarse en 1519 entregando el testigo a su lugarteniente -y sobrino, según algunas fuentes posteriores-, Wijerd Jelckama. Al frente de cuatro millares de hombres, el nuevo comandante consiguió algunas victorias menores, pero al precio de sufrir bastantes bajas, ya que carecía del genio de su predecesor. Por otra parte, sus tropas perdieron la poca contención que les quedaba y sembraron el terror a su paso, convirtiéndose en una amenaza para toda la población y perdiendo por ello su confianza.

Jelckama, procedente de la baja nobleza, tampoco tenía el carisma de Pier, por eso no pudo alcanzar acuerdos con nuevos aliados. Poco a poco, cada vez más aislado, empezó a cosechar derrotas y en 1520 llegó el golpe de gracia: el duque Carlos de Egmond puso fin a la entrega de fondos, con lo cual ya no se pudo pagar a la tropa mercenaria. Vagando de un sitio a otro con sus fuerzas cada vez más mermadas, finalmente fue capturado y llevado a Leeuwarden, donde le ejecutaron junto a sus oficiales cortándoles la cabeza. Era el año 1523 y la rebelión llegó a su fin.

Maximiliano I había muerto antes, en 1519, pero Frisia pasó a a quedar bajo el control de su nieto, el nuevo emperador Carlos V, que reconoció a Carlos de Egmond como duque de Güeldres a cambio de que le cediera Groninga y Drente. Asimismo, confirmó a Edzardo como gobernante de Frisia Oriental, asegurando así la paz. Muchos de los lansquenetes de la Guardia Negra se retiraron enriquecidos por la rapiña, pero otros se repartieron, entrando unos al servicio del Sacro Imperio y otros al de la Francia de Francisco I en la lucha que mantenían por el dominio de Italia.

Pier Gerlofs Donia luchando contra sus enemigos a la manera de Sansón, con una quijada como arma. Pintura de Johannes HinderikusEgenberger/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Pier Gerlofs Donia no vivió para ver nada de eso. Haciendo honor a su lema, Leaver dea as slaef («Mejor muerto que esclavo»), había fallecido en Sneek tres años antes, el 28 de octubre de 1520, siendo enterrado en una tumba situada en el interior de la Groote Kerk (también llamada Martinikerk). Su hijo Gerloff, que había sobrevivido a la razia de los lansquenetes que lo desató todo, no tuvo descendencia; pero su hija Wobbel llegó a casarse tres veces y en la última, con su marido Popta, sí dejó varios nietos al fallecido Pier.

Aquel peculiar personaje entró entonces en el imaginario patriótico frisón, revestido de tintes fantasiosos, míticos, casi humorísticos por su exageración: ora se le atribuía un fuerza sobrehumana capaz de levantar un caballo con sus brazos o de doblar monedas usando sólo el índice y el pulgar sobre la palma de la mano, ora derribaba a cinco mercenarios sajones de un solo golpe dejando para la posteridad un nombre ad hoc del lugar, Fivefal (es de decir, «Cinco caídos»). No es raro, por tanto, que el equipo de rugby de Leeuwarden se llame Greater Pier y que otros clubs -y también buques- hagan otro tanto.

En su obra Tjesck Moars See Aengste, Gysbert Japiks, un poeta del siglo XVII natural de Boalsert (Frisia, Países Bajos) que escribía en lengua frisona, incluyó unos versos en honor de Pier Gerlofs Donia perfectos para acabar este artículo:

Te voy a seguir, noble Pier.

Tú fuiste mucho más noble y superior,

que el más noble, señor protector del hogar,

combatiendo como un antiguo romano,

por tu tierra con tu esposa,

al que persiguieron con fuego y espada.



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