The real life of Sebastian Knight La verdadera vida de Sebastian Knight«) no fue la primera novela de Vladimir Nabokov, el famoso autor de Lolita, sino la décima; pero sí fue la primera que escribió en inglés y con su auténtico nombre (en las anteriores usó el pseudónimo V. Sirin), publicándola en París en 1941 con considerable éxito, pese a haberla hecho de forma apresurada. Tiene tintes autobiográficos, contando la historia de un literato a través de varias mujeres que le conocieron y a las que, de forma indirecta, se relaciona con el mito indio de las vishakanya, asesinas criadas desde niñas para matar con su simple contacto tras haber recibido un tratamiento a base de venenos.

Las vishakanya no son un invento de Nabokov. Forman parte del folklore y de la literatura clásica sánscrita de la India desde la Antigüedad y todavía hoy se siguen publicando novelas con ese tema, desde Vishkanya de Shivani a Ek Aur Vish Kanya? de Om Prakash Sharm, pasando por Chanakya’s Chant de Ashwin Sanghi, entre otras. Por supuesto, también los cómics y la copiosa cinematografía india ha aprovechado el filón, adaptando varias veces la mencionada obra de Shivani, a la que se puede sumar una telenovela de centenar y medio de episodios titulada Vishkanya Ek Anokhi Prem Kahani, por citar algunos ejemplos.

Vishakanya (o viṣakanyā, o visha kanya) es una expresión en sánscrito que se puede traducir como doncella venenosa y alude a unas chicas jóvenes que eran seleccionadas, si su horóscopo predecía su viudedad futura, para ejercer el oficio de asesinas. Para ello se las sometía, desde el segundo día de vida, al mitridatismo: la administración de pequeñas dosis de venenos diversos y sus correspondientes antídotos, siguiendo el concepto ayurvédico del Oka Satmya o adaptación a un hábito para generar compatibilidad.

Vishakanya representada en la fachada de un templo | foto सुबोध पाठक en Wikimedia Commons

En Occidente, esta práctica -desprovista de esa pátina espiritual- recibe el nombre de mitridatismo por Mitrídates VI, rey del Ponto, quien buscaba ser inmune a los intentos de asesinato por envenenamiento que temía, para lo cual inventó una droga denominada mitridato. En la India no hubo ninguna sustancia así y todo se basaba en la dosificación correcta a las niñas, tratamiento que duraba varios años y conseguía que, al llegar a la adolescencia, sus organismos se volvieran resistentes a las toxinas que iban a utilizar en el ejercicio de su siniestra actividad, pudiendo beber el veneno que daban a sus víctimas sin despertar sospechas.

Y es que, aunque muchas no sobrevivían a la experiencia, quienes lo hacían se convertían en profesionales del crimen que en el imaginario popular resultaban letales con sólo tocarlas, si bien esto fue una versión hiperbólica posterior porque inicialmente la leyenda decía que el óbito era resultado del contacto con sus emponzoñados fluidos corporales (sangre, saliva, sudor…), especialmente al mantener relaciones íntimas con ellas. En ese sentido, este personaje colectivo adquirió ribetes de femme fatale al incorporar la faceta sexual.

En algunos textos, como el Kalki Purana (una obra vaishinava del siglo XVI sobre Kalki, el décimo avatar de Vishnú) se riza el rizo asegurando que a las vishakaya les bastaba con fijar los ojos en sus víctimas para matarlas, poniendo como referencia a Sulóchana, la esposa de Chitragriva, un gandharva o espíritu semidivino musical. Cabe explicar al respecto que el hinduismo concibe la luz como un fluido generado en los ojos capaz de contaminar lo que éstos ven. El Astanga-samgraja, un manuscrito atribuido a Vagbhata (un erudito ayurvédico del siglo VII d.C.), dice textualmente:

«Una niña que ha estado expuesta al veneno desde el nacimiento y que, por lo tanto, se ha vuelto venenosa, mata a un amante solo con su toque o su aliento. Las flores y los capullos se marchitan cuando entran en contacto con su cabeza. Los insectos de su cama, los piojos en su ropa y cualquiera que se lave con la misma agua que ella, todos mueren. Con esto en mente, debes mantenerte lo más lejos posible de ella”.

Una Vishakanya con una serpiente | foto सुबोध पाठक en Wikimedia Commons

Otra obra, el Susruta-samhita, cuya autoría se cree que corresponde al médico Súsruta y está datado entre los siglos III y IV d.C., es todavía más expresivo en ese sentido, lo que resulta doblemente interesante porque a Súsruta se le considera fundador de la medicina tradicional india ayurvédica: “Si te toca, su sudor puede matarte. Si le haces el amor, tu pene se cae como una fruta madura de su tallo”. Obviamente, la realidad resulta más prosaica y ni mirada ni piel tóxica serían más que exageraciones legendarias; simplemente se trataría de hábiles envenenadoras, capaces de elaborar pociones fatales que intoxicaban la comida o bebida de sus objetivos.

Eso suponiendo que existieran realmente. Decíamos antes que están documentadas en obras clásicas. Una de ellas es el Shuka-saptati, colección de cuentos populares escritos entre los siglos II y XV d.C. en los que un loro narra uno cada noche a su dueña para disuadirla de que, aprovechando la ausencia de su marido, acuda a ver su amante. Otra es el Artha-shastra, antiguo tratado indio escrito por Kautya (también conocido como Chanakia), asesor y primer ministro del primer emperador maurya Chandragupta, acerca del arte de gobernar, política económica y estrategia militar, apartado este último en el que explica cómo usar a las vishakanyas en magnicidios y también cómo protegerse de una.

Asimismo el Skanda-purana, un compendio de dieciocho textos religiosos hindúes escritos en devanágari (una escritura bráhmica usada para el sánscrito) y de datación incierta (los más antiguos serían del cuarto milenio a.C., pero la mayoría se sitúan en la época Majabhárata, siglo III a.C.), narra la vida del dios Kartikéia, el hijo de Shiva y Párvati, junto con las leyendas que lo rodean. Dice que cada niña nacida cuando el sol está en la constelación de Chitra (un sector de la eclíptica), o la luna en el decimocuarto día lunar, está destinada a ser vishakanya, describiendo a ésta como una mujer que mata a su esposo a los seis meses de casarse y provoca la ruina de su familia.

El rey Chandragupta el día de su boda/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Ahora bien ¿hubo vishakanyas de verdad o no? Lo cierto es que es imposible asegurarlo en un sentido o en otro. La tradición y algunas crónicas, cuya historicidad total siempre resulta cuestionable, han dejado testimonio de algunos casos. Por ejemplo el de Majapadma Nanda, primer rey de la dinastía homónima, que habría recurrido a los servicios de una vishakanya para eliminar a Kalashoka, el último representante de la anterior dinastía y hacerse con el trono del reino de Magadha. Cabe aclarar que la imagen histórica de Majapadma Nanda no es precisamente positiva, acusado de ser un bastardo usurpador, procedente de la cuarta casta (la de los esclavos) y que sólo buscaba el poder por el poder.

Posteriormente, el mencionado Chandragupta, que puso fin al Imperio Nanda y fundó el Maurya unificando casi toda la India, estuvo a punto de ser asesinado por un exministro de Majapadma llamado Amatia Raksasa, quien envió contra él a otra vishakanya. Chandragupta se salvó gracias a la astucia de su consejero, el también reseñado Chanakia Pandit, que se las arregló para que la mujer aplicase sus funestas artes contra un noble levantisco llamado Parvatak.

La lejana cronología de estos hechos, allá por finales del siglo IV a.C. (en la misma época en que Alejandro Magno estaba por esas latitudes y al que Aristóteles advirtió de que tuviera cuidado con los regalos que le hicieran los monarcas indios, según el tratado Secretum Secretorum), confiere un tono de escepticismo hacia la exactitud de los hechos expuestos.


Fuentes

Vladimir Nabokov, La verdadera vida de Sebastian Knight | B. K. Chaturvedi (ed.), Kalki Purana | Kautilya, The Arthashastra | G. V. Tagare (ed.), The Skanda Purana. Birth of Viṣakanyā | Norman Mosley Penzer, Poison damsels | Visha Kanyas – Venomous Virgins (en Vital Veda) | Wikipedia


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