Cuando Plutarco habla sobre Kalanos, el filósofo gimnosofista que acompañó a Alejandro Magno en su regreso de la India, inmolándose al enfermar por el camino, cuenta un detalle curioso. Que lo mismo había hecho muchos años más tarde otro indio en Atenas, concretamente en el año 19 a.C.

Se llamaba Zarmanochegas, y su tumba en el cementerio ateniense del Cerámico todavía era visible (y al parecer muy famosa) en tiempos de Plutarco, que falleció en 120 d.C.

Según Charles Eliot, en su libro Hinduism and Buddhism, el nombre que los escritores romanos dieron a Zarmanochegas sería la unión de dos palabras: sramana (monje) y acharya (maestro), S’ramanacharya, lo que significaría que era un maestro o monje budista.

Esto mismo hizo muchos años después otro Indio de la comitiva de César en Atenas, y hasta el día de hoy se muestra su sepulcro, que se llama el sepulcro del Indio.

Plutarco, Vida de Alejandro 69
La Muerte de Calanos, cuadro de Jacques-Antoine Beaufort (1779) en el Museo Del Prado / foto dominio público en Wikimedia Commons

Parece ser que este Zarmanochegas formaba parte de una embajada enviada a Augusto, que ese año 19 a.C. se encontraba visitando Atenas, de parte de un rey de la India llamado Pandión o Porus.

Así lo indica Nicolás de Damasco, que afirma haberse encontrado con los indios en Antioquía, quienes portaban una carta diplomática escrita en griego sobre pergamino, y uno de ellos, Zarmanochegas, era un monje.

Según cita Estrabón, de toda la comitiva que componía la embajada solo sobrevivieron al viaje tres personas, que lograron llegar a Grecia y presentar ante Augusto una serie de regalos: un hombre nacido sin brazos, grandes serpientes, una tortuga de río gigante y una perdiz más grande que un buitre.

A estos relatos puede añadirse el de Nicolás Damasceno. Este escritor afirma que en Antioquía, cerca de Dafne, se encontró con embajadores de los indios, que fueron enviados a Augusto César. De la carta se desprende que en ella se mencionaba a varias personas, pero sólo sobrevivieron tres, a las que dice haber visto. El resto había muerto principalmente como consecuencia de la duración del viaje. La carta estaba escrita en griego sobre una piel; el significado de la misma era que Poro era el escritor, que aunque era soberano de seiscientos reyes, estimaba mucho la amistad de César; que estaba dispuesto a permitirle el paso por su país, por la parte que quisiera, y a ayudarle en cualquier empresa que fuera justa. Ocho sirvientes desnudos, con fajas alrededor de la cintura y perfumados, presentaron los regalos que se trajeron. Los regalos eran un Hermes (es decir, un hombre) nacido sin brazos, al que he visto, grandes serpientes, una serpiente de diez codos de largo, una tortuga de río de tres codos de largo y una perdiz más grande que un buitre.

Estrabón, Geografía XV.1.73
Una recepción en Atenas, en un cuadro de William Blake Richmond (1884) | foto dominio público en Wikimedia Commons

Dion Casio dice que Augusto recibió a una delegación india durante su estancia invernal en la isla de Samos (entre 20 y 19 a.C.), y también la citan Horacio y otros escritores posteriores como Suetonio.

Con toda probabilidad se trataba de la embajada de Zarmanochegas, que luego se dirigió hacia Atenas. Según las fuentes, era habitual entre los filósofos gimnosofistas de la India (probablemente monjes budistas), inmolarse cuando la vida les sonreía y todo les iba bien, para evitar calamidades futuras.

De modo que Zarmanochegas, a quien Dion Casio llama Zarmarus, se quemó en una pira que preparó con cuidado y determinación, causando gran sensación entre la población de Atenas.

Les acompañaba la persona, según se dice, que se quemó a sí mismo en Atenas. Esta es la práctica con las personas en apuros, que buscan escapar de las calamidades existentes, y con otros en circunstancias prósperas, como fue el caso de este hombre. Como hasta entonces todo le había salido bien, creyó necesario partir, no fuera a ocurrirle alguna calamidad inesperada por seguir viviendo; así pues, con una sonrisa, desnudo, ungido y con el cinturón alrededor de la cintura, saltó a la pira.

Estrabón, Geografía XV.1.73
Tumbas en el cementerio ateniense del Cerámico | foto Following Hadrian en Wikimedia Commons

Fue enterrado en el principal cementerio de la ciudad, el Cerámico, y en su tumba se colocó una inscripción en la que se indicaba que procedía de Barígaza, la actual ciudad portuaria de Bharuch en el este de la India: ΖΑΡΜΑΝΟΧΗΓΑΣ ΙΝΔΟΣ ΑΠΟ ΒΑΡΓΟΣΗΣ (Zarmanochegas, indio de Bargosēs).

Los motivos para la auto inmolación de Zarmanochegas eran todo un misterio tanto para los romanos como para los griegos, que no alcanzaban a entender que alguien quisiera quitarse la vida sin tener ningún tipo de enfermedad ni haber sufrido alguna desgracia.

Dion Casio especula acerca de ello y dice que pudo ser por ambición de ser recordado como un gran sabio, o quizá por ser una supuesta costumbre entre los indios al llegar a la vejez. Sin embargo, añade también un dato curioso, que Zarmanochegas había sido iniciado en los Misterios de Eleusis.

Uno de los indios, Zarmarus, por alguna razón deseaba morir, ya fuera porque, siendo de la casta de los sabios, estaba movido por la ambición, o, de acuerdo con la costumbre tradicional de los indios, a causa de la vejez, o porque deseaba hacer una exhibición en beneficio de Augusto y los atenienses (ya que Augusto había llegado a Atenas); – Así pues, fue iniciado en los misterios de las dos diosas, que se celebraban fuera de temporada a causa, dicen, de Augusto, que también era un iniciado, y luego se arrojó vivo al fuego.

Dion Casio, Historia Romana LIV.9
Otra vista del Cerámico | Foto Belua1234 en Wikimedia Commons

Muy probablemente, al igual que había ocurrido con Kalanos anteriormente, el espectáculo de inmolación provocó diferentes reacciones entre los griegos. Para unos estaba loco, para otros era vanidoso al buscar la gloria en su capacidad para soportar el dolor. Muchos, simplemente, se maravillaron de su fortaleza y desprecio por la muerte.

La mayoría quedaron tan impresionados que le construyeron una tumba, y en ella grabaron estas palabras: “Zarmanochegas, un indio de Bargose que se inmortalizó según la costumbre india, yace aquí”.


Fuentes

Georgios T. Halkias, The Self-immolation of Kalanos and other Luminous Encounters Among Greeks and Indian Buddhists in the Hellenistic World | Charles Eliot, Hinduism and Buddhism | Selina O’Grady, And Man Created God: Kings, Cults and Conquests at the Time of Jesus | Wikipedia


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