El 8 de septiembre de 2007 fallecía en la localidad californiana de Santa Bárbara (EEUU) el dueño y fundador de Foliage Plant Systems, una empresa dedicada a la decoración paisajística de interiores que desde su fundación en 1971 había alcanzado éxito suficiente para extenderse desde su sede original de Saddle River, Nueva Jersey, a siete estados del país, recibiendo elogios incluso de la Casa Blanca. La cosa no parecería tener mayor trascendencia de no ser porque ese hombre se llamaba Donald Francis Mastick, era doctor en Química y había sido condecorado por su trabajo en el Proyecto Manhattan, en el que se desarrolló la primera bomba atómica.

El Proyecto Manhattan, iniciado en 1942 bajo la dirección del general Leslie Groves, era en realidad una continuación de Tube Alloys, un programa británico-canadiense para intentar fabricar armas nucleares y que finalmente se integró en el estadounidense -antes conocido como Distrito Manhattan para simular que se trataba de una empresa de ingeniería-, por un acuerdo entre sus respectivos gobiernos, con vistas a acelerar los resultados por temor a que la Alemania nazi se adelantase.

Aunque hubo una veintena de centros de trabajo, el más importante fue el Laboratorio Nacional Los Álamos, construido ad hoc en Albuquerque (Nuevo México) a sugerencia del físico que iba a dirigir el equipo, Robert Oppenheimer, porque tenía un rancho cerca. Su designación como director fue una sorpresa, ya que se le tenía por izquierdista y, por ello, poco fiable; además, algunos de los científicos que le iban a acompañar habían ganado el premio Nobel, lo que en principio parecía hacerlos más apropiados para el puesto. No era el caso de Donald Mastick, quien cuando se incorporó al Proyecto Manhattan apenas acababa de licenciarse en Química por la Universidad de Berkeley, California.

Donald Mastick cuando se incorporó al Proyecto Manhattan/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Y es que sólo tenía veintitrés años, pues nació en 1920 en aquel mismo estado, en la localidad de Santa Helena. Poco antes de terminar la carrera el país entró en la Segunda Guerra Mundial y, ya con su título bajo el brazo, Mastick se vio con las manos libres para aportar su granito de arena. La idea inicial era alistarse, pero uno de sus profesores, Wendell Mitchell Latimer, un prestigioso químico descubridor del tritio en 1933 (aunque se le adjudicó a Ernest Rutheford un año más tarde), le ofreció una alternativa más interesante.

Latimer sabía que EEUU estaba trabajando en un proyecto secreto y pensó que aquel joven podría aportar algo de utilidad porque había estado investigando el carbono radiactivo, así que le presentó a Oppenheimer, quien le contrató con la misión de hacer una lista de los equipos que iban a ser necesarios para dotar a los laboratorios del Proyecto Manhattan, que todavía se hallaban en construcción. A comienzos de 1943, una vez terminadas y dotadas del material requerido esas instalaciones, Mastick se incorporó a Los Álamos, siendo asignado a la división química; allí tuvo como compañeros a Robert Wilson, John Williams, Robert Serber y Edwin McMillan.

Un químico junto a cuatro físicos -todos mayores que él- para estudiar las propiedades del plutonio, un elemento transuránico y radiactivo con un isótopo muy estable y una vida de miles o incluso millones de años, tiempo suficiente para garantizar pequeñas cantidades en la naturaleza. El problema está en que dichas cantidades resultan microscópicas, y de forma artificial hay que obtenerlo como producto de fisión nuclear y hasta 1940 no se pudo sintetizar un isótopo, el plutonio-238, bombardeando uranio-238 con deuterio. Lo hizo un equipo del que precisamente formaba parte McMillan.

El laboratorio de Hanford Site | foto United States Department of Energy en Wikimedia Commons

El plutonio se perfilaba, pues, como fundamental para la fisión nuclear (reacción nuclear en cadena al ser golpeado un átomo por un neutrón, liberando energía), así que el laboratorio de Hanford Site (Washington) tenía como finalidad la producción de plutonio, mientras que Oak Ridge (Tennessee) se dedicaría a enriquecer uranio y Los Álamos se centraría en la fabricación de una bomba con todo ello. La primera entrega de plutonio llegó un año después, en abril de 1944, y entonces ocurrió un accidente que pudo resultar trágico para Mastick.

Estaba trabajando con su compañero Arthur Wahl (quien siendo doctorando había colaborado con el equipo que aisló el plutonio) cuando, al manipular un vial que contenía diez miligramos de cloruro de plutonio disueltos en una solución de ácido clorhídrico, el recipiente explotó debido al calor generado por la acumulación de gases en su interior durante la noche. Mastick sufrió la fatalidad de que parte del contenido que saltó fuera a parar a su rostro e incluso dentro de su boca, ingiriéndolo.

Rápidamente corrió a ver al doctor Louis Hempelmann,, un físico especializado en radiología que era responsable de la seguridad y salud de los miembros del personal. Hempelmann limpió minuciosamente la cara del accidentado, donde calculó que cayó un microgramo de plutonio. Asimismo le dio un enjuague bucal a base de citrato trisódico, componente habitual en colirios y ungüentos, que al mezclarse con el plutonio formaría un líquido soluble que luego se solidificaría usando bicarbonato de sodio, siendo así más fácil de extraer haciendo un lavado gástrico.

El doctor Louis H. Hemplemann/Imagen: Wikimedia Commons

Efectivamente, con ese ingenioso método se extrajeron sesenta nanogramos de plutonio del organismo de Mastick, aunque obviamente era imposible limpiarle completamente. De hecho, los detectores de ionización estuvieron marcando máximos varios días al medir el aliento del paciente, incluso a casi dos metros de distancia, y los análisis de orina revelaban que había quedado un microgramo de plutonio en el cuerpo, aproximadamente; treinta años más tarde todavía seguirían indicándolo.

Aquello hizo extremar las medidas de seguridad y Hempelmann introdujo análisis médicos rutinarios para los científicos, descubriendo que otras cuatro personas habían resultado contaminadas por plutonio en otras circunstancias, todas con más de un microgramo, que era la cantidad máxima considerada segura. Entre las decisiones adoptadas estaba la de alejar a Mastick del trabajo de laboratorio por prudencia, así que Oppenheimer le nombró asistente del comandante Frederick Asworth.

Este piloto de la Armada, veterano de varias campañas en el Pacífico contra los japoneses, se encargaba de supervisar y coordinar el trabajo de los ingenieros en las pruebas de componentes de bombas que se estaban desarrollando en Los Álamos. Era director de operaciones del Proyecto Alberta -o Proyecto A-, una sección del Manhattan que tenía como misión diseñar y fabricar una bomba atómica, lo cual implicaba preparar su carcasa y también la forma de transportarla y lanzarla.

20 microgramos de hidróxido de plutonio puro | foto dominio público en Wikimedia Commons

En ese sentido, Mastick no se limitó a tareas administrativas sino que, comisionado como alférez en junio de 1945, trabajó en la adecuación de los aviones para ello y en el adiestramiento de las tripulaciones, en una misión que en código se denominaba Silverplate. Aunque inicialmente se consideró emplear el modelo británico de bombardero Avro Lancaster, que parecía el más apropiado por su amplia bodega, finalmente razones logísticas decantaron la elección hacia el B-29 Superfortress por razones logísticas.

Mastick viajó hasta el aeródromo de Tinian (Islas Marianas), donde el 509th Composite Group llevó a cabo el ensamblaje de las bombas, bautizadas como Thin Man y Fat Man en alusión no sólo a sus respectivos aspectos (alargado el de la primera, rechoncho el de la segunda) sino también al título de una novela de Dashiell Hammett (El hombre delgado) y al personaje de otra (Syndey Greenstreet en El Halcón Maltés). Una vez terminada, Thin Man se probó en Utah, pero sin carga porque aún no había suficiente plutonio, tomándose notas de pros y contras para acometer el siguiente paso: armas atómicas operativas.

Eso se plasmó en otra bomba que llevaba el nombre de Little Boy. Como es sabido, sería la primera en emplearse en la guerra, sobre la ciudad japonesa de Hisroshima, arrojada desde el B-29 Enola Gay al mando del capitán Paul Tibbets tras armarla en pleno vuelo para prevenir un accidente de proporciones catastróficas si el avión se estrellaba. No fue la primera detonación nuclear porque antes tuvo lugar la de Trinity, el 16 de julio, aunque tenía una diferencia: Trinity sí usó plutonio mientras que Little Boy era de uranio, como Fat Man, que finalmente se usó contra Nagasaki.

Plutonio radiactivo en el Questacon Museum de Canberra, Australia | foto Maksym Kozlenko en Wikimedia Commons

Con ellas acabó la Segunda Guerra Mundial y se puso fin al Proyecto Alberta, que abandonó el Pacífico. El Manhattan todavía continuó un tiempo y en el verano de 1946 llevó a cabo dos nuevas pruebas nucleares en el atolón Bikini con las bombas Able y Baker, popular y respectivamente conocidas como Gilda y Helena de Bikini. Era la llamada Operación Crossroads, que tenía la misión de analizar el efecto de las explosiones en buques de guerra, razón por la cual se colocó casi un centenar de barcos como objetivo. Pese a que hubo bastante oposición a esa operación, sobre todo entre científicos, la prensa fue invitada a asistir.

Luego, entre finales de 1946 y mediados de 1947, El Proyecto Manhattan cedió su sitio a la recién creada United States Atomic Energy Comission («Comisión de Energía Atómica de EEUU»), que por ley se ocuparía del uso civil de la energía nuclear frente a la Armed Forces Special Weapons Project («Proyecto de Armas Especiales para las Fuerzas Armadas»), que se ocuparía del uso militar. Había empezado, sin duda, una nueva era y el átomo iba a tener protagonismo en ella.

Explosión de Baker (Helena de Bikini) durante la Operación Crossroads/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Buena parte del personal de Manhattan, tanto militares como contratistas y científicos, fue condecorado; Mastick, en concreto, recibió la Bronze Star Medal, que se otorga a servicios heroicos. Cuando se licenció de la Armada había alcanzado el grado de teniente en grado menor, categoría que tuvieron también ilustres personajes como el astronauta Neil Armstrong, los actores Kirk Douglas y Henry Fonda, los expresidentes John Fitzgerald Kennedy y George Bush (padre), el escritor Ron Hubbard o el jugador de la NBA David Robinson, entre otros.

Mastick regresó entonces a la universidad, doctorándose en 1950 e iniciando su vida profesional como jefe de la sección de Investigación Radioquímica del Naval Radiological Defense Laboratory, uno de los primeros laboratorios militares creados para estudiar los efectos de la radiación y las armas nucleares (de hecho, se ocupó de la descontaminación y/o eliminación de las naves que sobrevivieron a la mencionada Operación Crossroads). Al año siguiente ingresó en la citada Comisión de Energía Atómica, en la que ejerció de asesor científico pero también fue director de la División de Aplicaciones Militares.

Su currículum siguió engordando con la vicepresidencia de General Precision Equipment, una industria de tecnología espacial y de defensa, y la dirección de investigación de Stauffer Chemical, empresa química dedicada a la fabricación de pesticidas agrícolas. En 1971 se reconvirtió a emprendedor y fundó la ya reseñada Foliage Plant Systems; también había emprendido la aventura conyugal y familiar, casándose y teniendo una hija.


Fuentes

VVAA, Critical assembly: A technical history of Los Alamos during the Oppenheimer years, 1943–1945 | William Moss y Roger Eckhardt, The Human Plutonium Injection Experiments | Eileen Welsome, The Plutonium Files: America’s Secret Medical Experiments in the Cold War | Lee Bowen, Project Silverplate, 1943-1946 | Richard Rhodes, The making of the atomic bomb | Wikipedia


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