Cuando hablamos de limes suelen venírsenos a la cabeza los límites del Imperio Romano en el norte de Europa, en Germania o Gran Bretaña, pero en realidad esa palabra significa frontera y, por tanto, se aplicaba a los lindes de todos los puntos cardinales, de manera que si el Rin marcaba el Limes Germanicus y el Muro de Adriano el britano, también había limes Alutanus y Transalutanus (en el Danubio), un Limes Moesiae (entre las actuales Rumanía y Moldavia), un Limes Tripolitanus (en el norte de África, ampliado con el Fossatum Africae) y un Limes oriental (en el Éufrates). El último era el Limes Arabicus, una cadena de fuertes que protegía el territorio romano de las tribus del desierto.

Al Limes Arabicus, o una parte al menos, también se lo conoció más tarde como Limes Palestinae porque discurría entre el sur de Palestina y el norte de Siria a lo largo de un millar y medio de kilómetros en su máxima extensión. Tengamos en cuenta que esa vasta región fue conquistada y convertida en provincia romana en el año 64 a.C. por Pompeyo, con el objetivo de poner fin a la inestabilidad del Imperio Seleúcida (el último resto de los estados en que se dividió el legado de Alejandro Magno y que estaba inmerso una guerra civil entre Antíoco XIII y Filipo II), que por entonces había visto reducidos sus dominios a esa zona.

La nueva provincia se amplió en el 106 d.C., cuando Trajano se anexionó Nabatea, un reino que tenía su capital en Petra y había fundado cinco siglos antes el rey Aretas I uniendo a las tribus beduinas nómadas del desierto arábigo. De ese modo, el Limes Arabicus se desplazó unos trescientos cincuenta kilómetros hacia el sur, hasta el Mar Rojo. De paso amplió su utilidad, pues si originalmente había sido concebido para defender las fértiles tierras que Roma había arrebatado al Imperio Parto, a partir de entonces sumó la de proteger las ricas rutas comerciales del lugar y ejercer un control sobre las migraciones de los pueblos nómadas.

El Camino de los Reyes (en rojo)/Imagen: Rowanwindwhistler en Wikimedia Commons

Arabia Pétrea, como se denominó aquella división político-administrativa, abarcaba un tramo de la actual Jordania, el sur de Siria, la península egipcia del Sinaí, la zona meridional de Israel y el noroeste de Arabia Saudí. Al este estaba la Arabia Deserta y al sur la Arabia Felix, es decir, las regiones de la península arábiga libres del dominio de Roma. Al norte quedaba la provincia de Siria y al oeste las de Judea y Egipto.

Todo ello vertebrado por una calzada, la Via Trajana Nova que, construida por Trajano entre los años 107 y 114 d.C. (aunque los últimos retoques fueron ya en tiempos de su sucesor, Adriano), sumaba una longitud total de cuatrocientos treinta kilómetros, siguiendo una antiquísima ruta caravanera denominada Camino de los Reyes.

Ruinas de la fortaleza de Betthorus/Imagen: Bashar Tabbah en Wikimedia Commons

Esa infraestructura de doble carril y un ancho de seis metros, fue construida por los hombres de Legio III Cirenaica bajo el mando del legado Cayo Claudio Severo y unía originalmente Petra con Filadelfia (actual Amán). A continuación se amplió hasta el puerto de Aila (lo que hoy es Áqaba) y después, por el otro extremo, enlazó Filadelfia con Bostra, la capital de la provincia de Siria. Entremedias conectaba ciudades como Jerash, Mafraq, Gadda, Rabba, Charachmôba o Negla y, lo que era igual de importante, mediante diversos ramales comunicaba los campamentos militares de Zarqa, Betthorus (hoy Lejjun, donde tenía su cuartel la Legio IV Martia), Zadagatta y Hauarra.

Así, las tropas podían trasladarse con facilidad de un punto a otro para guardar el Limes Arabicus, la línea bajo cuyo amparo quedaba todo. Sus defensas se basaban en una sucesión de castra, grandes fuertes construidos con sus fosos, torreones y muros usando piedra seca (piedras unidas sin mortero) y adobe (ladrillos de barro sin cocer) ante la escasez de madera.

Se levantó uno cada cien kilómetros aproximadamente, sobre todo durante la dinastía de los Severos, complementados por instalaciones auxiliares como castella (fortines más pequeños), torres de señales (usaban humo de día y hogueras de noche) y postas.

Fortaleza romana de Qasr Azraq/Imagen: xorge en Wikimedia Commons

En el castrum de Adrou (actual Uddruh, cerca de Petra) tenía su cuartel la Legio VI Ferrata, que había combatido en la Guerra de las Galias, la Guerra Civil romana, contra los partos y en Judea, lugar este último donde estaba acantonada (en Lajjun concretamente) cuando Diocleciano la redestinó. Otro castrum destacado era el de Betthorus (en al-Karak, Jordania), muy similar en aspecto y tamaño (casi cinco hectáreas), y cuya datación resulta un tanto incierta, calculándose entre los siglos II y IV d.C.

También se han encontrado restos arquitectónicos en Áqaba, la antigua Aila: un muro y un torreón, que no está claro si son del fuerte o de la ciudad, pero cuya presencia resulta lógica al tratarse de un puerto vital para el comercio de la región y cruce de rutas. Sea cual sea la respuesta, fueron estructuras erigidas entre finales del siglo IV y principios del V, siendo la sede de la Legio X Fretensis, que luchó en Actium y en las guerras judías antes de ser transferida allí desde Jerusalén por Diocleciano.

La fortaleza de Qasr Bshir/Imagen: Mike Bishop en Wikimedia Commons

Hubo más fuertes importantes, como los de Bostra, Qasr Azraq y Humeina, ambos en Jordania y con capacidad para albergar medio millar de soldados cada uno. Las cosas cambiaron un poco con la profunda reforma administrativa del emperador que hemos citado ya un par de veces, Diocleciano. Fue él quien impulsó los trabajos de reforzamiento defensivo ante la amenaza sasánida e hizo una nueva calzada, la Strata Diocletiana, que empezaba al sur del Éufrates, cerca de Sura, y seguía el limes hasta encontrar la Via Traiana Nova, pasando por Palmira y Damasco, hasta el noreste de Arabia.

Desde el río mesopotámico hasta la capital siria se sucedían una serie de castella y torres de vigilancia; tres se han encontrado, aunque quizá hubiera más (y en Wadi al-Hasa se sumaba un campamento legionario).

Esos bastiones, de planta rectangular, muros gruesos y torreones sobresalientes, se ubicaban más o menos a un día de marcha entre sí, sumando otros diez desde Wadi al-Hasa hasta Aila y constituyendo una subdivisión fronteriza que a veces aparece nombrada como Limes Palaestinae, que decíamos al principio. Y es que el emperador traspasó parte de Arabia Pétrea a Palestina, incluyéndola en la Diócesis de Oriente (que se extendía a Cilicia, Chipre, Mesopotamia y Fenicia).

Diócesis de Oriente (siglo IV d.C.)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons Crédito: Cplakidas / Dominio público / Wikimedia Commons

Un fuerte terremoto ocurrido en el 363 provocó grandes daños y destruyó los sistemas de canalización de agua, lo que junto al declinar de las rutas caravaneras en favor de las marítimas, se tradujo en cierta decadencia. No hubo recuperación económica -y demográfica- hasta que el territorio pasó a manos del Imperio Romano de Oriente, siendo dividido en tres provincias, Palaestina Prima, Palaestina Secunda y Palaestina Tertia (también llamada Palaestina Salutaris), bajo el gobierno militar de un dux Palaestinae y el civil de un praeses (funcionario).

Durante la primera mitad del siglo VI, Justiniano I reforzó el limes. Pero finalmente las tropas fueron retiradas de forma progresiva y reemplazadas por foederati, sobre todo gasánidas (árabes cristianos procedentes de Yemen y vasallos de Constantinopla), que servían de protección contra los persas y protegían el comercio contra las incursiones beduinas.

Tras la batalla de Yarmuk del año 636, en la que fueron derrotados -junto a aliados romanos y mercenarios francos, georgianos, eslavos y armenios- por los musulmanes del Califato Ortodoxo, el Limes Arabicus quedó desguarnecido y terminó abandonado, aunque algunas estructuras se reaprovecharon posteriormente.


Fuentes

Glen Warren Bowersock, Roman Arabia | Samuel Thomas Parker, The Roman Frontier in Central Jordan. Final report on the Limes Arabicus Project, 1980-1989 | David F. Graf, Rome and the Arabian Frontier: from the Nabataeans to the Saracens | Maurice Sartre, El Oriente romano. Provincias y sociedades provinciales del Mediterráneo oriental, de Augusto a los Severos (31 a.C.-235 d.C.) | Almudena Delgado Larios, Conflictos y cicatrices. Fronteras y migraciones en el mundo hispánico | Wikipedia


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