Se mire por donde se mire, el aspecto de Trichobatrachus robustus es como poco chocante o impactante. Es una especie de rana que parece tener la poco estética costumbre de dejarse crecer el pelo, y por ello en los países de habla hispana se la conoce como rana peluda. Los ingleses son un poco más quisquillosos y la llaman horror frog, aunque más recientemente se la suele apodar rana Lobezno.

Solo se la puede encontrar en África, principalmente Camerún, Congo, Guinea Ecuatorial, Gabón, Nigeria y Angola, junto a los ríos en bosques tropicales húmedos. También habita tierras de cultivo y plantaciones de té, arriesgándose a ser cazadas y asadas para ser degustadas como un manjar, como sucede en algunas partes de Camerún.

Pero ¿realmente la rana peluda tiene pelo? Lo cierto es que no, aunque lo parezca. Los machos, que suelen pasar mucho tiempo bajo el agua vigilando los huevos puestos por la hembra, desarrollan cuando se reproducen unas papilas dérmicas pilosas en sus flancos y muscos, que se asemejan mucho al vello.

Ejemplar macho de Trichobatrachus robustus | foto Emöke Dénes en Wikimedia Commons

Estas papilas contienen arterias y se cree que sirven para aumentar la superficie del animal con el fin de absorber más oxígeno y poder permanecer más tiempo sumergidos.

Una vez que los huevos eclosionan aparecen los renacuajos, que son musculosos y….carnívoros, con varias filas de afilados dientes.

Dibujo de Trichobatrachus robustus, por J. Green (1901) | foto dominio público en Wikimedia Commons

Por si todo esto no fuera suficiente para considerar a Trichobatrachus robustus un animal cuando menos curioso, resulta que también tiene unas garras retráctiles en sus patas traseras, al estilo del X-men Lobezno. Lo singular es que para poder usarlas debe romper primero intencionadamente sus propios huesos.

Aunque no son auténticas garras, pues en realidad no están hechas de queratina, sino de hueso. Cuando están enfundadas, cada garra está anclada a un nódulo óseo anidado en el tejido con resistente filamentos de colágeno. En el momento que la rana se siente atacada, el músculo se contrae, rompe estos nódulos óseos y desliza las garras a través de la piel para usarlas como defensa, desgarrando tanto su propia carne como la del atacante.

Sin embargo, todavía no se conoce el mecanismo que emplea para enfundarlas. Se cree que las garras se retraen más tarde de manera pasiva, al tiempo que se regenera el tejido dañado.

Las garras retráctiles de Trichobatrachus robustus | foto David C. Blackburn en Flickr

Este tipo de armamento es único en el reino animal, aunque otras especies de ranas poseen pinchos o espinas que hacen una función parecida. Pero nada similar a unas garras retráctiles.

La garra en sí puede parecerse a la uña de un gato, pero el mecanismo de rotura y corte es muy diferente y único entre los vertebrados, así como también lo es el hecho de que esté hecha de hueso.

La especie Trichobatrachus robustus fue descubierta en 1900 por George Albert Boulenger en la actual República del Congo. Sin embargo, las garras no llamaron la atención hasta que fueron descubiertas por el famoso naturalista y escritor Gerald Durrell en la década de 1950.

Además de su vellosidad, lo más curioso de esta rana es que posee, en los dedos carnosos de cada pata trasera, un conjunto de largas garras blancas semitransparentes; estas garras, como las de un gato, son retráctiles y, cuando no se usan, desaparecen en las vainas de los dedos. Los arañazos en mi mano me habían demostrado que estas garras son afiladas y útiles. Me imagino que el uso de estas armas es doble: en primer lugar como medio de defensa, y en segundo lugar como una herramienta útil que permite al anfibio aferrarse a las rocas resbaladizas en los rápidos arroyos que habitan. Cuando las ranas eran cogidas, daban patadas frenéticas con las patas traseras y las garras salían de sus vainas; al mismo tiempo, emitían sus curiosos gruñidos chillones, una mezcla entre los gritos de un cerdo contento y un ratón torturado, un sonido asombrosamente fuerte y propenso a sobresaltar cuando uno no se lo esperaba.

Gerald Durrell, The Bafut Beagles cap.5 (1954)

Fuentes

Blackburn David C, Hanken James and Jenkins Farish A, Concealed weapons: erectile claws in African frogs. Biol. Lett. 4:355–357. doi.org/10.1098/rsbl.2008.0219 | Tim Halliday, The Book of Frogs | Legrand N. Gonwouo & Mark-Oliver Rödel, The importance of frogs to the livelihood of the Bakossi people around Mount Manengouba, Cameroon, with special consideration of the Hairy Frog, Trichobatrachus robustus | Trichobatrachus robustus (Amphibia Web) | Wikipedia


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