Es frecuente que cuando alguien se plantea unas vacaciones en el extranjero surja la posibilidad de Egipto. La capacidad de sugestión que tiene ese país no admite muchas comparaciones y, quién más a quién menos, se ve irremisiblemente seducido ante la perspectiva de ver en persona maravillas como las pirámides de Giza, la esfinge, los templos de Abu Simbel y Hatshepsut, las ruinas de Karnak o la Pirámide Escalonada; de navegar en faluca por el Nilo o recorrer éste en un crucero.

Que tenga otros atractivos complementarios (subir al monte Sinaí, bucear en las playas del Mar Rojo, contemplar la máscara de Tutankamón o las momias del Museo Egipcio…) y el hecho de que no está a demasiadas horas de vuelo desde España (poco más de cuatro horas y media), junto con su barato coste de vida, lo convierten en un destino a considerar siempre. Así que, si alguien ha tomado la gran decisión, le informamos de cuáles son nuestros consejos y requisitos para viajar a Egipto.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que estamos hablando de un país razonablemente seguro, al menos si el viajero no se aleja de los lugares turísticos. Éstos, como podrá corroborar cualquiera que haya estado allí ya, se hallan bajo continua vigilancia (incluso hay un cuerpo policial específico, identificable por llevar una banda verde sobre su uniforme blanco), al igual que ocurre con los hoteles; a veces, incluso se proporciona escolta a los autocares de visitantes. Los incidentes graves resultan esporádicos y aislados, mientras que el riesgo de hurtos y robos no es mayor que en cualquier otro sitio donde se concentran masas de gente.

Aún así, las autoridades egipcias son conscientes de que el turismo es el motor económico nacional, por lo que lo intentan cuidar al máximo la seguridad y recomiendan evitar ciertas zonas susceptibles de mayor riesgo. Son muy localizadas, todas en el Alto Egipto (Assiut, Qena, Sohag y Minya) y la península del Sinaí (el norte y sur, el paso de Rafah que separa Egipto de la palestina Gaza y los trayectos hacia/desde Sharm el Sheikh). Como se puede ver, hablamos básicamente de áreas de tránsito, no tanto de núcleos urbanos.

Un consejo frecuente para evitar altercados es respetar las costumbres locales y, al respecto, se cita a menudo la vestimenta. Ciertamente, a la hora de acceder a las mezquitas -y hay algunas que no hay que perderse, como la de Alabastro, en El Cairo-, las mujeres deben ir con ropa que cubra brazos y piernas; sin embargo, las más visitadas ya proporcionan mantos para llevar en el interior del edificio. Por otra parte, en las piscinas de los hoteles se puede usar bikini sin problema y lo mismo cabe decir de las playas, que pertenecen a las grandes cadenas hoteleras.

¿Es recomendable entonces limitarse a viajes organizados o se puede ir por libre, alquilando un coche por ejemplo? En caso de viajar por cuenta propia lo ideal sería contratar un automóvil con chófer, algo que hoy en día es posible reservar online previamente a la llegada, aunque también hay apps del sector a las que acudir in situ. Cuentan con todas las garantías y resultan más fiables y seguras que los taxis, ya que subir en uno de éstos no es algo apto para cardíacos constituye toda una aventura, para el usuario y para su cartera, si no ha negociado previamente la tarifa.

Recurriendo de nuevo a la experiencia, no es aconsejable conducir por las carreteras y ciudades egipcias, no sólo por necesitar el carnet internacional sino porque los alquileres tienen restricciones de edad (no menos de veinticinco, no más de setenta). Pero, sobre todo, porque el tráfico tiene tintes caóticos, tanto el urbano -muy especialmente, de hecho- como el interurbano. Los malos hábitos adquiridos por los automovilistas – señalar los cambios de dirección con el claxon en vez de con el intermitente, no ceder el paso, circular a velocidad superior a la permitida, saltarse los semáforos en rojo…- están tan arraigados que todos los ven como normales y prevalecen sobre el reglamento e incluso sobre las indicaciones de los policías.

Por supuesto, la locomoción privada no será una opción tan barata como la del transporte público, aunque a cambio tiene una ventaja de la que carece éste: la rapidez. Un autobús de los que conectan el aeropuerto con El Cairo, por ejemplo, puede emplear más de una hora en hacer el recorrido. Sin embargo, si el tiempo no supone un problema, la red de autobuses y trenes es bastante digna, al igual que el Metro. Aparte, hay unas furgonetas compartidas -típicas en casi toda África- que transportan pasajeros por la ciudad y a las proximidades, pudiéndose cogerlas en cualquier calle, como pasa con las calesas.

¿Y la cuestión sanitaria? La pandemia de covid-19 parece haber cedido finalmente y actualmente se puede viajar de nuevo, aunque hay ciertas medidas de precaución que seguramente hayan llegado para quedarse. Es el caso del certificado completo de vacunación, que si es incompleto debe acompañarse de una PCR o test de antígenos (negativos obviamente). Por lo demás, es recomendable llevar un seguro médico con cobertura lo más amplia posible, ya que los servicios médicos locales son caros. Y no todo es covid; quien no beba agua embotellada, no se resista a privarse de hielo o se olvide de pelar la fruta tiene todos los números para pasar unos días de fuerte gastroenteritis.

En ese sentido, conviene llevar moneda local (libra egipcia) o cambiar alguna cantidad en alguna oficina; los pagos con tarjetas de crédito y débito no están tan extendidos como en otros sitios, especialmente si se van a hacer compras en mercadillos o hay que dar propina (que es obligatoria). En esos mercadillos, además habrá que someterse a la dura prueba del regateo; dura porque los egipcios son auténticos maestros en eso hasta el punto de que en algunos sitios, como Edfú, pongamos por caso, pueden resultar agobiantes. Todo un contraste con el carácter típico popular, que en general es alegre y simpático.

En fin, entre los requisitos burocráticos para viajar a Egipto están el pasaporte con seis meses de validez y el visado, que se puede obtener directamente al llegar al aeropuerto, en la página del ministerio de Asuntos Exteriores egipcio o en los consulados (salvo que se proceda de alguno de los países exentos, casi todos los árabes más Hong Kong y Macao, o se esté en tránsito aeroportuario, en cuyo caso no se puede salir de la terminal). Si se viaja desde un país donde hay fiebre amarilla también hay que llevar un certificado de vacunación específico.


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