«Durante este año tuvo lugar el signo más temible. Porque el Sol daba su luz sin brillo, como la Luna, durante este año entero, y se parecía completamente al Sol eclipsado, porque sus rayos no eran claros tal como acostumbra. Y desde el momento en que eso sucedió, los hombres no estuvieron libres ni de la guerra ni de la peste ni de ninguna cosa que no llevara a la muerte. Y sucedió en el momento en que Justiniano estaba en el décimo año de su reinado».

Este texto es de la obra Historia de las guerras, de Procopio de Cesarea, un historiador bizantino del siglo VI que vivió durante el reinado de Justiniano I y por ello se le considera una de las mejores referencias documentales para conocer ese período. Lo que describe en esas líneas es un extraño fenómeno registrado entre los años 536 y 537 d.C., un enfriamento del clima que corroboran otras fuentes; entre ellas el senador y escritor romano Casiodoro (en una carta dirigida a uno de sus ayudantes) o el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Siria Miguel el Sirio, quien dejó escrito:

“El sol estaba oscuro y su oscuridad duró dieciocho meses; cada día brilló durante unas cuatro horas; y aun así esta luz era sólo una débil sombra… los frutos no maduraron y el vino sabía a uvas agrias.”

El episodio en cuestión se conoce como LALIA (siglas del inglés Late Antique Little Ice Age), en español Pequeña Edad de Hielo de la Antigüedad Tardía, dado que a principios del 536 se produjo una caída de la temperatura que, según cálculos, superó los dos grados y medio ese verano, agravándose posteriormente y, según algunos investigadores, teniendo una repercusión considerable en otros ámbitos. Por ejemplo, podría haber favorecido el brote de una de las mayores pandemias de la historia, la llamada Plaga de Justiniano (probablemente peste bubónica), que asoló Europa, Asia y África entre los años 541 y 750.

Evolución de las temperaturas desde el año cero hasta el 2000. En gris, se aprecian los picos del descenso en las dos pequeñas edades del Hielo y, entre ambas, el aumento durante el Óptico Climático Medieval/Imagen: RCraig09 en Wikimedia Commons

Algunos también ven influencia de LALIA en un repunte de la emigración de los bárbaros (lombardos, ávaros, eslavos…) hacia Occidente, la caída del Imperio Sasánida y el colapso de la dinastía Gupta en la India. Como vemos, no se trató de algo localizado exclusivamente en Europa, aunque lógicamente es de donde nos han llegado más noticias. Se sabe que las cosechas sufrieron un retraso en China debido a las nevadas caídas en julio y agosto, que una niebla persistente cubrió Oriente Medio y que incluso América se vio considerablemente afectada, pues una sucesión de sequías hizo mella en civilizaciones como la mochica o la teotihuacana, provocando hambrunas y guerras civiles, y abocándolas al declive.

Esa ausencia de lluvias, que también se dio en Europa pero con heladas fuera de temporada que arruinaban los campos, se vio acompañada en muchos sitios de un oscurecimiento del cielo, tal como vimos que describe Procopio. Algo que Casiodoro ratifica al decir que presentaba un aspecto extraño, permanentemente gris, reduciendo el calor de los rayos solares y distorsionando el color de los astros. Asimismo, señala que una niebla densa y seca hacía que al mediodía no se viesen sombras en el suelo, mientras las estaciones parecían mezclarse sin orden: «Un invierno sin tormentas, una primavera sin dulzura y un verano sin calor».

Lo cierto es que no sólo contamos con fuentes documentales. La dendrocrinología, un sistema de datación cronológica basado en el análisis del patrón de crecimiento de los árboles, también aporta pruebas. Los anillos de los troncos de algunos ejemplares de Irlanda, Escandinavia, California y Chile muestran una notoria ralentización de crecimiento en el año 536 y, tras una pequeña fase de recuperación, una nueva fuerte bajada en el 542. Por otra parte, los núcleos helados de la Antártida y Groenlandia presentan apreciables cantidades de sulfatos depositados en un período de aproximadamente dos años, en torno al 534.

Panorámica de Teotihuacán vista desde la pirámide de la Luna/Imagen: Rene Trohs en Wikimedia Commons

En realidad, las fechas que se aplican a la Pequeña Edad del Hielo de la Antigüedad Tardía se extienden desde el 534 d.C. hasta aproximadamente el 660 d.C. Un lapso de tiempo durante el que se dieron una serie de fenómenos concatenados que podrían explicar el porqué de esa anormalidad climática, planteada por los científicos en 2015. Partiendo del hecho de que el agente que la causó era una extraordinaria cantidad de polvo en suspensión en el aire, la cuestión estaba en saber la razón. Una de las hipótesis iniciales apuntaba al choque de un meteorito o un cometa.

Podía ser entero o en fragmentos, si alcanzaba dimensiones grandes (hablamos de en torno a medio kilómetro de diámetro), que provocarían una lluvia de escombros sobre la superficie terrestre y opacarían el cielo. El hallazgo en 2009 de unas esférulas en hielo groenlandés se consideró un modelo de lo que podría haber ocurrido. El problema es que, por contra y a pesar de los minuciosos rastreos efectuados, tanto en tierra como en el fondo marino, no se ha encontrado ningún cráter de impacto de esa época. Por tanto, los trabajos de los expertos apuntaron en otra dirección más tangible: el vulcanismo.

Ejemplo de cómo los fenómenos meteorológicos dejan huellas en forma de isótopos de oxígeno en los anillos de crecimiento de los árboles. En este caso, los huracanes/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En el segmento temporal señalado se cree que hubo tres grandes erupciones volcánicas, en los años 535/536, 539/540 y 547, aunque resulta imposible determinar dónde se produjeron exactamente y las propuestas son diversas. Para la primera se ha propuesto el volcán Tavurvur (Papúa-Nueva Guinea), un estratovolcán subsidiario de la enorme caldera de Rabaul y cuyas explosiones suelen ser devastadoras. No obstante, también es posible que la erupción tuviera lugar en Islandia o Alaska, pues en 2018 se analizaron los núcleos helados de glaciares suizos y coinciden en comparación con rocas volcánicas islandesas, lo que apuntaría a un entorno ártico.

Para la segunda fecha, la opción más probable es la del Ilopango (San Salvador). Los estudios más recientes sugieren que aquella erupción, bautizada con el nombre de Tierra Blanca Joven, destruyó la caldera que hoy ocupa un lago de setenta y dos kilómetros cuadrados, pudiendo ser la más grande de la historia: hasta una veintena de veces mayor que la del Monte Santa Helena (1980), arrojando unos ochenta y cuatro kilómetros cúbicos de tefra (lapilli y otros piroclastos como bombas volcánicas, escorias, partículas de roca, cristales, cenizas…) que cubrieron una superficie de diez mil kilómetros cuadrados. El problema es que los estudios dendrocronológicos de árboles de esa región, junto con los de radiocarbono y los efectuados con espectómetros de masas, dan fechas confusas, apuntando unos al año 540 y otros al 531.

De la tercera erupción, la del año 547, hay menos datos aún. De todos modos, todo resulta tan incierto en ese proceso que se han sugerido otras candidaturas. Una de ellas se basa en un antiguo texto javanés titulado Para rathon («Libro de los reyes»), en el que se dice que el Krakatoa entró en erupción en el 416. Como los geólogos no han encontrado pruebas de ello para esa fecha, se deduce que quizá el autor sufriera una confusión al escribir, refiriéndose en realidad al 536. Los diferentes estudios no acaban de concordar todos los datos y cada uno hace su hipótesis geográfica. En lo único que parecen estar de acuerdo es en que una serie de erupciones masivas en pocos años originaron lo que se conoce como invierno volcánico.

Ubicación de la caldera de Rabaul/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Un inverno volcánico es un período en el que se produce un descenso de las temperaturas debido a la presencia en la atmósfera de grandes cantidades de ceniza y partículas de ácido sulfúrico arrojadas por un volcán, lo que obstaculiza el paso a los rayos del sol. El del siglo VI d.C. no fue el primero. Se cree que hace unos setenta y tres mil años la erupción del Toba (un volcán de Sumatra que ahora es un lago) causó una considerable deforestación del sudeste asiático y enfrió un grado la temperatura media global, acelerando la llegada de la glaciación Würm y generando una diferenciación (divergencia genética) en la biodiversidad animal.

Cabe recordar que no fue un caso único en la Historia y tenemos casos como los del volcán submarino Kuwae en 1452-53, el Huaynaputina peruano en 1600 o el más famoso, el del Tambora en 1816, que trajo lo que se bautizó como Año sin verano, con heladas y nieve en Nueva Inglaterra en pleno estío. La del Krakatoa en 1883 arrastró cuatro años fríos que produjeron nevadas por primera vez en Indonesia en 1888. El episodio más reciente fue el del Pinatubo filipino, cuya erupción de 1991 bajó las temperaturas globales durante los tres años siguientes.

Extensión de la erupción Tierra Blanca Joven/Imagen: Tadam en Wikimedia Commons

En otras épocas tales enfriamientos suponían una tragedia toda vez que traían frío y afectaban a las cosechas, provocando tiempos de hambruna y, consecuentemente, enfermedades y aumento de mortalidad. Los anales del Ulster e Inisfallen, pertenecientes a la compilación medieval Anales irlandeses, hablan textualmente de «perditio panis» (falta de pan); por su parte, los Annales Cambriae galeses reseñan una gran mortandad en Gran Bretaña e Irlanda posterior a la batalla artúrica de Camlann, que debidamente despojada de sus elementos legendarios se habría disputado en el 537 d.C.

Aunque no todos los historiadores están de acuerdo, ya vimos que, teóricamente, esa alteración climática pudo influir -no determinar por sí sola- en la difusión de la Plaga de Justiniano (que se cobró de veinte a cincuenta millones de vidas entre los años 541 y 750), el colapso de Teotihuacán (la ciudad entró en decadencia en la llamada fase Metepec, hacia el 650, siendo abandonada en la llamada fase Oxtotípac, un siglo más tarde) y el ocaso de la cultura mochica (cuyo período homónimo se sitúa entre el 650 y 700 d.C., afectado además por el fenómeno del Niño y los conflictos internos), aparte de la catástrofe causada en sitios fríos de por sí, como Escandinavia (así lo indica el análisis de cientos de restos óseos en la necrópolis de Levänluhta, Finlandia).

Pero se dio la paradoja de que la desgracia de unos constituyó un estímulo para otros. El invierno volcánico produjo una suavización de la temperaturas en la península arábiga (habitualmente desértica y árida salvo en los oasis, las montañas y ciertas áreas costeras), que se tradujo en un incremento de la fertilidad de sus tierras. Eso habría repercutido en una mayor disponibilidad de alimentos y recursos que contribuiría a favorecer la expansión del Islam a costa de otros lugares donde el invierno volcánico resultó negativo, caso de Egipto, la franja sirio-palestina, el Imperio Sasánida y el Imperio Romano de Oriente.

La expansión del islam en tiempos de Mahoma/Imagen: Javierfv1212 en Wikimedia Commons

Es la atrevida tesis de un equipo del Instituto Federal Suizo de Investigación de Birmensdorf, refrendada por una investigación sobre la cantidad de basura generada entre mediados de los siglos V y VI d.C. en Haluza (antigua ciudad nabatea incorporada por los romanos a su provincia de Arabia Pétrea y por los bizantinos a la suya de Palestina Salutaris o Palestina Tertia), descubriendo que la generación de esos residuos se redujo drásticamente en esas fechas, poco antes de su conquista por los musulmanes.

La Humanidad dejó atrás la Pequeña Edad del Hielo de la Antigüedad Tardía, pero todavía le quedaban pruebas similares por superar. Algunas de signo inverso, como la que los paleoclimatólogos conocen como Óptimo Climático Medieval, una fase de mucho calor entre los años 900 y 1300 aproximadamente (también hubo antes, entre el 250 y el 450 d.C., un Óptico Climático Romano) que favoreció la desaparición de hielos marítimos (permitiendo a los vikingos alcanzar Groenlandia y Terranova) y la colonización de Islandia, pero también trajo sequía a sitios como, entre otros, el valle del Missisippi (originando quizá el abandono de Cahokia) o África (que pasó la etapa mas seca de su historia entre los años 1000 y 1270 d.C).

No se salía de una y se entraba en otra. Al calor volvería a sucederle el frío en la Pequeña Glaciación o PEH (Pequeña Edad del Hielo), un período de clima frío que empezó a comienzos del siglo XIV y no terminaría hasta bien entrado el XIV. Una especie de dialéctica fenomenológica natural.


Fuentes

Procopio de Cesarea, Historia de las guerras | Gavin, 536 AD and all that | R. B. Stothers, Mystery cloud of AD 536 | VVAA, The 1452 or 1453 A.D. Kuwae eruption signal derived from multiple ice core records: greatest volcanic sulfate event of the past 700 Years | VVAA, Ancient trash mounds unravel urban collapse a century before the end of Byzantine hegemony in the southern Levant | VVAA, Timing and climate forcing of volcanic eruptions for the past 2,500 years | VVAA, The history of volcanic eruptions since Roman times | Wikipedia


  • Comparte este artículo:

Something went wrong. Please refresh the page and/or try again.