Cayo Terentilio Arsa, el tribuno romano que quiso igualar ante la ley a patricios y plebeyos, y cuya propuesta era aplazada año tras año

Un tribuno de la plebe en unos comicios (grabado dieciochesco de Silvestre David Meris)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Cuando, a mediados del siglo V a.C., la coalición formada por volscos y ecuos invadió territorio del Lacio y obligó a los cónsules romanos a encabezar una campaña para frenarlos, nadie imaginaba que el problema inmediato de Roma iba a ser interno en vez de externo. Porque la ausencia de los dos mandatarios fue aprovechada por un tribuno de la plebe para proponer una reforma legislativa que limitase los poderes consulares, que consideraba excesivos, e igualase ante la ley a patricios y plebeyos. Ese hombre se llamaba Cayo Terentilio Arsa, y su proyecto se conoció como Propuesta Terentilia (Rogatio Terentilia).

El cargo de tribuno de la plebe había sido creado no hacía mucho, en el 494 a.C., apenas quince años después de la instauración de la república. Fue el dictador Manio Valerio Máximo el responsable de que las clases altas aceptasen sacrificar algunos privilegios en favor de las bajas para poner fin a la tensión social que había llevado a estas últimas, agobiadas por deudas, a amenazar con una secesión -luego lo veremos con más detalle-, admitiendo así la instauración del tribunado. Éste era electivo por parte de la plebe y ejercía de contrapeso al poder de patricios y cónsules gracias a un derecho de veto (intercessio) sobre cualquier acto de los magistrados y el Estado mismo, aunque sólo funcionaba en el ámbito urbano de Roma.

Los tribunos ejercían durante un único año y carecían de voto en el Senado al no ser considerados magistrados, por lo que tampoco podían formar parte de la Curia (consejo) ni tenían líctores de escolta, aunque eran inviolables. Si bien el acceso al puesto estaba abierto a cualquier plebeyo, en la práctica únicamente accedían los ricos. No obstante, su figura constituía el único paraguas de protección para la clase baja, de ahí que perdurase en el tiempo hasta que, a partir de Augusto, fueron los propios emperadores los que asumieron sus competencias. Las fuentes no lo aclaran, pero parece ser que inicialmente se elegían dos tribunos; luego, desde el año 470 a.C., el número se amplió a cinco y más tarde a diez.

El senado romano en un cuadro de Hans Werner Schmidt (1912) / foto dominio público en Flickr

En el 462 a.C. uno de ellos era Cayo Terentilio Arsa (o Harsa), del que no hay más datos biográficos que los referentes a su iniciativa legislativa, por lo que aquí nos vamos a centrar en ella. En aquel tira y afloja entre jerarquías sociales y sus respectivas instituciones, Arsa consideraba que los cónsules gozaban de unos poderes demasiado similares a los que se había tratado de dejar atrás al sustituir el viejo régimen monárquico por el republicano, así que se fijó como objetivo sacar adelante una reforma que los definiera con exactitud y les pusiera límites. Una labor que se presentaba ardua, pero que se vio favorecida por el contexto bélico contra volscos y ecuos.

Los volscos eran un pueblo de Italia central, en la llanura pontina, al sur del Lacio ubicado entre los montes Albanos y el mar Tirreno. Vecinos de los samnitas, auruncos y hérnicos, en el siglo V a.C. habían ido imponiéndose a los latinos, lo que los llevó a enfrentarse con Roma, aliada de éstos, en tiempos de la monarquía de Tarquino el Soberbio. El rey logró vencerlos y convertirlos en colonias, pero más tarde volvieron a independizarse y ambos bandos se enzarzaron en una discontinua aunque larga (doscientos años) guerra.

Roma y sus vecinos/Imagen: Roma Antiga en Wikimedia Commons

Una vez incluso se coaligaron con la Liga Latina (una confederación de aproximadamente treinta aldeas y tribus del Lacio) contra la imposición a ésta, por parte de Roma, del pacto llamado foedus Cassianum (tratado de Casio), que la obligaba a aliarse con ella a despecho de sus intereses. Pero los aliados más importantes de los volscos fueron sus parientes los ecuos, pueblo guerrero del noreste del Lacio, vecino de hérnicos, sabinos y marsos, que también había sido derrotado por los romanos durante el reinado de Tarquinio Prisco pero posteriormente retomó la vía bélica apoderándose de buena parte del Lacio.

Para entonces ya iban de la mano de los volscos, constituyendo un considerable peligro no sólo para los latinos sino también para los romanos, que decidieron hacerles frente de forma contundente. Para ello, enviaron sendos ejércitos consulares dirigidos respectivamente por los dos cónsules electos, Lucio Lucrecio Tricipitino y Tito Veturio Gémino Cicurino. La marcha de ambos, unida al malestar popular generado por una reciente epidemia de peste, era la ocasión perfecta para que Arsa pudiera presentar lo que se denominó Rogatio Terentilia de creandis quinqueviris legibus scribundis.

Consistía, decíamos antes, en un proyecto de ley que proponía crear una comisión de cinco miembros que delimitase cuáles eran los poderes consulares, ya que hasta entonces esas competencias no estaban especificadas por escrito (las leyes se basaban en la tradición y la costumbre) y la indefinición solía generar abusos hacia los plebeyos. En suma, se intentaba igualar a todos ante las leyes, si bien autores como Tito Livio consideran que había un trasfondo político en el sentido de que Arsa quería medrar; claro que Livio era noble y eso pondría en tela de juicio su imparcialidad. En cualquier caso, las clases altas no se quedaron cruzadas de brazos y reaccionaron apresuradamente para impedir la iniciativa de Arsa, llamando a Roma a los cónsules.

Secessio plebis en el monte Sacro/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Para ganar tiempo, Quinto Fabio Vibulano denunció la Rogatio Terentilia ante el Senado y convenció a los otros cuatro tribunos para aplazarla hasta el retorno de Tricipitino y Cicurino. Según la tradición, Vibulano era el único superviviente de la batalla de Crémera, que los romanos disputaron en el 477 a.C. contra los etruscos de Veyes y en la que pereció toda su gens, la Fabia, gracias a que por entonces todavía no tenía edad para combatir. Cónsul en dos ocasiones (en el 467 y el 465 a.C.; lo sería una tercera, en el 459 a.C.), había intentado solucionar el conflicto entre patricios y plebeyos reformando la ley agraria para repartir tierras de los volscos -a los que venció junto a los ecuos- entre los colonos de Antium.

En el 462 a.C. era prefecto urbano, un cargo con atribuciones jurídico-militares procedente de la época monárquica y que habilitaba a su titular para ocuparse de la vida ciudadana en ausencia de los magistrados con imperium (mando militar), como era el caso de los cónsules. Cuando éstos por fin regresaron, Arsa volvió a plantear la Rogatio Terentilia. Aclaremos que una rogatio, según el derecho constitucional romano, era la forma de referirse a un proyecto de ley que se presentaba ante los comicios populares (asamblea), ya que sólo el pueblo tenía la facultad de aprobar leyes; el Senado no era una institución legislativa, aunque pudiese emitir decretos.

Mediante el procedimiento normal, denominado rogatio legis, dos magistrados (el lator o ponente y el auctor o impulsor) proponían leyes y las sometían a debate en el Senado para retocarlas o no aprobarlas. En caso de seguir adelante, se presentaban ante los comicios con la pregunta Velitis iubeatis, quirites? («Ciudadanos, ¿vais a aprobarlo y disponerlo?») y a partir de ahí el Senado ya no podía retirarlas; de salir el sí, debía promulgarlas (promulgare rogationem) y pasaban a ser leges rogata. Ahora bien, antes los senadores tenían que decidir si las leyes se atenían a la Constitución de la República romana.

Triunfo romano, obra de Francis William Topham/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Todo ese proceso de rogatio legis experimentó un nuevo aplazamiento, a iniciativa de los patricios, para permitir que el cónsul Lucio Lucrecio Tricipitino recibiera el triunfo que se le había concedido por vencer a los volscos. El triunfo consistía en un desfile por las calles de Roma, en el que el comandante militar, sobre un carro tirado por cuatro caballos, luciendo una corona de laurel y la toga picta de color púrpura con estrellas doradas bordadas, iba hasta el templo de Júpiter para ofrendar al dios el botín obtenido y los prisioneros.

A su compañero, Tito Veturio Gémino Cicurino, cuya actuación bélica quizá no fue tan destacada o se enfrentó a un enemigo menos fuerte, le dieron sólo una ovación. También era un premio, una forma menor de triunfo en la que el comandante no entraba sobre un carro sino a pie, vistiendo la toga praetexta de los magistrados y con una corona de mirto, sin acompañamiento de sus tropas. De todas maneras, tanto el triumphus como la ovatio implicaban unos fastos (además se organizaban banquetes públicos y juegos) que, inevitablemente, prolongaron la demora de la iniciativa legislativa.

Todas esas dilaciones intencionadas terminaron por desanimar a Arsa, acusado de traición por Vibulano y a quien sus propios colegas aconsejaron por ello retirar la Rogatio Terentilia. Eso le granjeó la decepción de la plebe y ahí desapareció de la historia, a buen seguro sin imaginar que la idea seguiría candente y otros tomarían el relevo con el tiempo. En efecto, durante el siguiente consulado, ejercido por Publio Volumnio Amintino Galo y Servio Sulpicio Camerino Cornuto, volvió a ser presentada pero esta vez por todos los tribunos a una. Tampoco tuvo éxito; sin embargo, los sucesivos tribunos de los años siguientes insistieron y por fin, en el 454 a.C., se alcanzó un compromiso.

La Ley de las XII Tablas en un grabado de otro siglo/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Ante los reiterados rechazos de los patricios, los plebeyos habían adoptado la táctica que se dio en llamar secessio plebis: una especie de huelga en la que abandonaban la ciudad para instalarse en los alrededores, formando su propia comunidad y dejando a las clases altas de Roma sin fuerza de trabajo. Esto se llevó a cabo varias veces y, para poner fin a un conflicto que ponía en peligro la república (volscos, ecuos y sabinos estaban a la expectativa y se les sumaban potenciales rebeliones de exiliados y esclavos), unos y otros pactaron un acuerdo: la plebe renunciaba definitivamente a la Rogatio Terentilia y, a cambio, el patriciado aceptaba crear una comisión que viajaría a Grecia para estudiar las leyes de Solón y el funcionamiento de sus instituciones, de modo que se pudieran adaptar a la vida romana.

La delegación estaba compuesta por Espurio Postumio Albo Regilense, que fue cónsul en el 466 a.C.; Aulo Manlio Vulsón, otro excónsul (474 a.C.); y el mencionado Servio Sulpicio Camerino Cornuto, que permanecieron dos años en tierra helena. Al menos eso dice la tradición, ya que los historiadores dudan de la veracidad del viaje, aunque admiten que pudo ser a la Magna Grecia (el sur de Italia y Sicilia). El caso es que, como resultado de ese trabajo, se designó un colegio de diez hombres (decem viri, entre ellos los tres citados) que dirigirían el Estado en lugar de los cónsules y efectuarían el ius scriptum, es decir, la escritura del corpus legislativo, para que no dependiese tanto de interpretaciones.

Fue, en suma, el inicio de la base jurídica de los romanos, de la que ya hablamos en otro artículo: la llamada Ley decenviral, más conocida como Ley de las Doce Tablas (Lex duodecim tabularum), nombre debido al soporte utilizado, una docena de tablas de madera.


Fuentes

Tito Livio, Historia de Roma desde su fundación | Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma | José Manuel Roldán Hervás, Historia de Roma | Roberta Stewart, Public office in Early Rome: ritual procedure and political practice | Sergei Ivanovich Kovaliov, Historia de Roma | Wikipedia