Las primeras representaciones de caballos alados que conocemos se remontan al siglo XIX a.C., en relieves proto-hititas de Anatolia. De allí el motivo habría pasado tanto a los Asirios como a los griegos, extendiéndose luego al resto del mundo Mediterráneo. Un ejemplo de esto es el caballo mitológico Pegaso, quien curiosamente tenía un hermano gemelo, pero humano, llamado Crisaor.

Otra de las representaciones más famosas de caballos alados procedentes de la Antigüedad se encontraba en la fachada de un templo etrusco, el Ara della Regina o Altar de la Reina en la acrópolis de la ciudad de Tarquinia.

El yacimiento de la antigua ciudad etrusca y posteriormente romana de Tarquinia está situado en la región del Lazio (en la provincia de Viterbo al norte de Roma), sobre la larga meseta llamada La Civita.

Los restos del Ara della Regina, el mayor templo etrusco conocido, en cuyo frontón estaban los caballos alados | foto Robin Iversen Rönnlund en Wikimedia Commons

Al sur de esa meseta se dispone la ciudad actual, que cambió su nombre en 1922 para recuperar el antiguo de la Tarchuna etrusca y la Tarquinii romana (desde la Edad Media se llamaba Corneto).

El Ara della Regina era un templo que tenía unas dimensiones aproximadas de 44 por 25 metros, construido entre los siglos IV y III a.C. Se desconoce a que deidad estaba dedicado, aunque estudios recientes lo relacionan con una diosa asimilable a la romana Diana.

Los caballos alados de Tarquinia | foto Paolo Villa en Wikimedia Commons

Estaba hecho con piedra toba sobre una estructura de madera, y entre los elementos decorativos que incorporaba se encuentran los caballos alados, considerados una de las obras maestras del arte etrusco.

Los Caballos Alados estaban situados en el frontón del templo, el más importante de la ciudad también conocido como Templo Mayor de Tarquinia. Algunos expertos datan el templo a mediados del siglo IV a.C., mientras que otros sostienen que es más reciente, ya que es a partir del siglo III a.C. cuando los etruscos dieron a sus templos un cambio particular en la decoración de frisos y frontones.

La losa de terracota de 1,15 por 1,25 metros sobre la que están laboriosamente tallados apareció en 1938 durante los trabajos de restauración de lo poco que subsiste del antiguo templo, dirigidos por el arqueólogo Pietro Romanelli.

Vista lateral del conjunto | foto Sailko en Wikimedia Commons

En el momento del descubrimiento la losa estaba fragmentada en más de un centenar de trozos, y fue necesario reconstruirla minuciosamente, labor que llevó a cabo Augusto Falessi.

El grupo de caballos, que mira hacia la izquierda, se sitúa sobre una pequeña repisa bajo los cascos. El lado derecho muestra que debían estar unidos a un carro, en una losa contigua que se ha perdido. Comienza en bajorrelieve en la parte inferior, mientras que se va convirtiendo en escultura de bulto redondo a la altura de las cabezas y las alas, separándose gradualmente del fondo.

Detalle frontal de los caballos | foto Sailko en Wikimedia Commons

Se aprecia una desproporción entre los cuerpos de los caballos y las patas, que son cortas en comparación con la altura total de las figuras. Pero no se trata de un fallo de los artistas que los realizaron, sino que es el resultado de correcciones ópticas destinadas a dar al espectador, que los ve desde el suelo a una altura de entre 6 y 8 metros, la impresión de que son anatómicamente perfectos.

Los últimos trabajos de restauración, llevados a cabo por Ingrid Rein hace pocos años, consiguieron sacar a la luz los colores originales de la losa, siendo el caballo en primer plano de color ocre y el del fondo rojizo. Es posible que originalmente ambos estuvieran policrómalos.

Entre los fragmentos decorativos pertenecientes al frontón aparecieron también otros dos que parecen tener relación estilística con los caballos: una parte inferior de una figura femenina cuyo vestido está adornado con motivos de estrellas, y una vasija de forma cerrada. Ello lleva a Giovanna Bagnasco Gianni a sugerir que los tres elementos solo encajan como parte de una composición que representaba la apoteosis de Heracles (la deificación y ascensión al Olimpo tras su muerte en la pira).

Detalle de los caballos alados de Tarquinia | foto Paolo Villa en Wikimedia Commons

El relieve de los caballos alados está expuesto permanentemente en el Museo Nacional de Tarquinia, donde también se ofrece una reconstrucción gráfica de su posible policromía.


Fuentes

Giovanna Bagnasco Gianni, The Winged Horses on the Ara della Regina temple at Tarquinia | Jean MacIntosh Turfa, ed., The Etruscan World | Tobias Fischer-Hansen, Birte Poulsen, eds., From Artemis to Diana: The Goddess of Man and Beast | Wikipedia


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