Neferusobek, la primera mujer que subió al trono de Egipto como reina

Cabeza de princesa egipcia en el Brooklyn Museum | foto ego technique en Wikimedia Commons - Flickr

Si se pregunta cuántas mujeres reinaron en el Antiguo Egipto, es improbable que se recuerden otros nombres que los de Cleopatra y Hatshepsut. Pero hubo algunas más -no muchas, ciertamente- y una de ellas gobernó casi cuatro años del Imperio Medio, aproximadamente entre el 1789 y el 1786 a.C., siendo la última representante de la dinastía XII. Se llamaba Neferusobek y fue la primera en subir al trono adoptando el título real, es decir, como reina, no como regente.

Cinco kilómetros al sur de Dashur se ubica el recinto arqueológico de Mazghuna, excavado por Ernest McKay en 1910 y Flinders Petrie en 1911. Está compuesto por dos pirámides inacabadas y muy deterioradas que, aunque no hay pruebas concretas que lo confirmen, por similitud estilística con la de Amenemhat III se atribuyen al hijo de éste, el faraón Amenemhat IV (la situada al sur, de caliza) y a su sucesora, Neferusobek (la del norte, de la que únicamente se llegó a construir la subestructura, un laberíntico sistema de pasajes, dependencias y rastrillos deslizantes que culmina en la cámara funeraria donde había un enorme monolito de cuarcita destinado a ser el sarcófago).

Neferusobek no figura en la Lista Real de Abidos (un bajorrelieve con los nombres de setenta y seis faraones), tal cual pasa con otras mujeres reinantes, pero sí en la Lista Real de Sakkara (una tablilla con cincuenta y ocho gobernantes hallada en una tumba y que llega hasta Ramsés II, saltándose a los hicsos) y en el Canon Real de Turín (otra relación, en este caso en papiro). También hay una referencia en el templo de Karnak y además la cita Manetón (sacerdote e historiador egipcio del período ptolemaico, autor de Aigyptíaka), si bien llamándola Skemiofris.

Busto de Neferusobek conservado en Berlín/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Otras referencias escritas son indirectas. Por ejemplo, una estela funeraria de la dinastía XIII, hallada en Abidos y conservada en el Musée d’Archéologie Méditerranéenne de Marsella, hace mención a un tal Heby, administrador del almacén de Sobekneferu (también así, al revés, se puede escribir el nombre, pues al fin y al cabo significa «Belleza de Sobek»). Y un papiro procedente de Harageh (un lugar cercano a Fayum) reseña un sitio denominado Sejem Sobekneferu, que algunos egiptólogos creen que podría ser el nombre de su pirámide.

En cuanto al arte, se conservan varias estatuas de la reina, aunque no todas enteras porque algunas han perdido sus cabezas y únicamente quedan los torsos. Aun así, éstos proporcionan curiosa información sobre el personaje, caso de uno que guarda el Louvre y muestra a Neferusobek vestida con una escotada túnica femenina, pero también con el nemes (tocado a rayas) y el faldellín almidonado masculino, mientras que en el cuello se identifica el collar de doble bola característico del Imperio Medio; lleva la inscripción «hija de Ra, de su cuerpo, Sobekneferu, que viva como Ra para siempre». En otra estatua descabezada y procedente de Tell el-Dab’a, aparece representada pisoteando los Nueve Arcos (la expresión egipcia para referirse a extranjeros y enemigos).

El laberinto subterráneo de la pirámide norte de Mazghuna/Imagen: Bakha en Wikimedia Commons

Irónicamente, las que aún tienen cabeza resultan más confusas. El Ägyptisches Museum und Papyrussammlung (Museo Egipcio de Berlín) tenía un busto que se perdió durante la Segunda Guerra Mundial, aunque la parte inferior todavía se expone en el Boston Museum of Fine Arts. Asimismo, en el Metropolitan de Nueva York hay otro busto de una mujer con peluca y corona real (un ureo más una cobra y un buitre) que se ha querido identificar con Neferusobek, al igual que ocurre con una esfinge de basalto negro sin cabeza descubierta en Khatana-Qantir.

A todo ello habría que sumar el pequeño sello cilíndrico con su nombre y título real del British Museum, un grafito en Kumma que marca la altura de la inundación del Nilo en el tercer año de su reinado y las inscripciones que la reina misma ordenó hacer en los monumentos que erigió: cuatro columnas papiriformes del templo de Kom el-Akârib, un bloque del laberinto de la pirámide de Hawara, algunas estructuras en Het-Nesut (ciudad rebautizada por los macedonios como Heracleópolis Magna), etc.

Ahora bien ¿quién fue exactamente aquella mujer? Las obras monumentales citadas la asocian siempre con Amenemhat III, sexto faraón de la dinastía XII (llamado Nymaatra en las listas reales) y uno de los grandes gobernantes del Imperio Medio, pues durante treinta años administró el país con eficacia y lo llevó a la prosperidad económica. Siendo habitual la poligamia entre la sangre azul, tenía al menos dos esposas: Aat y Hetepti, ignorándose quién fue la madre de Neferusobek. La segunda está descartada casi con seguridad, ya que no era de sangre real, a pesar de lo cual dio a luz al que iba a ser el sucesor, Amenemhat IV, si bien éste pudo ser adoptado (quizá era nieto, dado que les separaban ochenta y cuatro años).

Torso de Neferusobek conservado en el Louvre/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Asociado al trono como corregente el último año de vida de su progenitor, Amenemhat IV, que en las listas reales aparece con el nombre de Maajerura, tuvo un reinado mucho más corto, de nueve años (1799-1790 a.C.). Según Manetón, se casó con su hermanastra Neferusobek (que tenía una hermana mayor, Neferuptah, destinada a asumir el trono ante la ausencia de herederos varones pero fallecida prematuramente), aunque el hecho de que ella nunca utilizase el título de Esposa del Faraón y sí el de Hija del Faraón hace suponer que no hubo tal matrimonio. ¿Qué ocurrió entonces?

Lo que hoy se sospecha es que Amenemhat IV murió sin descendencia masculina y ella recogió el testigo, ya que son numerosos los testimonios de que había sido corregente un par de años como mínimo. Sin embargo, algunos egiptólogos han propuesto la hipótesis de que los dos primeros reyes de la siguiente dinastía, Sobekhotep I y Amenemhat Sombef, podrían haber sido hijos de Amenemhat IV con esposas menores y Neferusobek los habría declarado ilegítimos para usurpar el poder. Otros consideran que eran hijos de la propia Neferusobek.

Dibujo del sello real conservado en el British Museum, hecho por Flinders Petrie/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En cualquier caso, al final fue ella la que ciñó la corona y, a diferencia de otras predecesoras, la primera de su sexo en adoptar el título real completo. Era éste una nomenclatura que combinaba el carácter terrenal y divino del faraón, constando de cinco nombres: el de Horus, el de Nebty, el Hor-Nub (Horus de Oro), el Nesut-Bity (nombre del trono) y el Sa-Ra (nombre de nacimiento). No obstante, como decíamos antes, ha pasado a la historia con uno asociado a Sobek, el dios cocodrilo de la fertilidad y la vida vegetal, creador del Nilo a partir de su sudor.

Por tanto, fue la reina de Egipto y como tal tenía un poder absoluto insólito en la Antigüedad, especialmente si se compara con la situación de la mujer en Grecia y Roma, aunque en el caso egipcio también existían prejuicios y las gobernantes solían ser sólo puentes excepcionales -admitidos con el objetivo específico de evitar el caos político y social- entre faraones masculinos. De hecho, sus nombres tendían a acabar borrados de las listas reales. Las anteriores Merneit, Setibhor y Nitocris (si es que existió) o las posteriores Hatshepshut, Semenejkara, Tausert y Cleopatra VII fueron islas en un mar de hombres.

Egipto durante el Imperio Medio/Imagen: RedTony en Wikimedia Commons

Aquel apogeo que vivó el Imperio Medio iniciado en el reinado de Sesostris III y continuado en el de su hijo Amenehat III, el mencionado padre de Neferusobek, empezó a declinar con Amenehat IV y ésa era la tendencia cuando ella subió al trono. Permaneció en él muy poco, algo menos de cuatro años, lo que dificulta saber qué hechos lo caracterizaron, más allá de la labor constructiva en el complejo funerario de su padre y en Het-Nesut. Parece que hubo disturbios sociales resultantes de una etapa de escasez por sequía y las cada vez más frecuentes incursiones en el Delta de clanes pastoriles nómadas, los hekau-jasut o hicsos; ¿tendría eso algo que ver con el final del período de Neferusobek?

No hay respuesta a la pregunta; empezó a reinar en el 1789 a.C. y acabó en el 1786 a.C., probablemente al morir. No debió tener descendencia, al menos masculina, por lo que con ella se extinguió su dinastía, salvo que se considere a los reseñados Sebekhotep I y Amenemhat Sonbef como hijos suyos; de todos modos, y siguiendo el Canon Real de Turín, se los sitúa generalmente como los primeros de la dinastía XIII.

Es una cuestión bastante confusa, debido a que esa estirpe se solapó con la XIV, XV, y parte de la XVI al ser el Bajo Egipto invadido por lo hicsos y establecer su propia línea paralela de reyes frente a la del Alto Egipto, originando el Segundo Período Intermedio.


Fuentes

Christiane Desroches Noblecourt, La mujer en tiempos de los faraones | Kara Cooney, When women ruled the world. Six queens of Egypt | Zahi Hawass, Silent images. Women in Pharanoic Egypt | Luis González González, Todo lo que debe saber sobre el Antiguo Egipto | Wikipedia