Gaspare Tagliacozzi, el médico que reconstruía narices en el siglo XVI

Gaspare Tagliacozzi retratado por Tiburzio Passarotti/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Los lectores que hayan visto la serie televisiva The Knick, recordarán que uno de los personajes, la ex-amante del protagonista, ha perdido su nariz a causa de una enfermedad y acude de nuevo a él, que es cirujano, en busca de ayuda. Y, efectivamente, se la reconstruye mediante una extraña técnica por la que traspasa piel de un brazo a la zona nasal, manteniendo ambas zonas en contacto, para lo cual ella ha de llevar el brazo en alto continuamente, sostenido por una especie de bastidor. Es lo que se conoce como Método Italiano; porque, por asombroso que parezca, lo inventó un médico boloñés del siglo XVI: Gaspare Tagliacozzi.

Una partida de bautismo encontrada en 1935 en el baptisterio de la catedral de San Pietro, Bolonia, desveló que la fecha de nacimiento de Gaspare, hasta entonces polémica, era 1545. Como indica su apellido aunque también se le conoce latinizado como Taliacotius-, pertenecía a una familia originaria de Tagliacozzo (L’Aquila, Abruzzo) que le proporcionó una buena educación. Si primero pareció interesarse por la literatura, traduciendo del latín al toscano alguna obra, a los veinte años de edad se decantó por la medicina, que estudió en la prestigiosa universidad de su ciudad.

Lo hizo además con profesores tan ilustres como Ulisse Aldrovandi y Giulio Cesare Aranzi; el primero era un afamado naturalista y botánico que le enseñó farmacología, mientras que el segundo, acuñador del término hipocampo e investigador del sistema circulatorio, fue su maestro de anatomía humana. La ciencia médica propiamente dicha la aprendió con Gerolamo Cardano, que también era un reputado matemático, filósofo, astrólogo y físico, autor de una de las primeras autobiografías y perseguido por la Inquisición durante un tiempo.

Vista nocturna del patio del palacio-hospital, actual Archiginnasio/Imagen: jafsegal en Wikimedia Commons

Con semejante plantel docente y su genio particular no es de extrañar que en 1568, dos años antes de graduarse, Gaspare empezase a ejercer interinamente. Lo hizo en el Ospedale della Morte (Hospital de la Muerte), impresionante nombre de una institución regida por la Confraternitá de Santa Maria della Morte (Cofradía de Santa María de la Muerte), dedicada a atender a los peregrinos moribundos y a los condenados a la pena capital. El hospital, destinado a estudiantes en prácticas, se ubicaba en un palacio que luego sería el Archiginnasio de Bolonia, actualmente sede de la Biblioteca Comunal y del Museo Cívico.

Allí había un anfiteatro anatómico, es decir, una sala para demostraciones de anatomía con gradas dispuestas en torno a una mesa que todavía se conserva (aunque su aspecto actual es posterior, fruto de una reforma en 1637). El caso es que aquel período le vino muy bien a Gaspare, ya que gracias a la hermandad tenía acceso a materiales para profundizar en sus conocimientos del interior del cuerpo humano. De hecho, aquel prometedor estudiante mantendría su vinculación con la institución el resto de su vida, incluso cuando se convirtió en un médico respetado, y al fallecer dejó encargado su entierro a la hermandad.

Hay que tener en cuenta que hasta aquella época no empezaron a construirse anfiteatros anatómicos -el honor de contar con el primero le corresponde a la Universidad de Padua, en 1490, si bien su aspecto hoy es un siglo posterior- y las demostraciones de anatomía solían hacerse en las casas de los profesores. Fue el mencionado Giulio Cesare Aranzi el que en 1570 consiguió que se estableciera una cátedra de esa especialidad separada de la cirugía, a lo que accedió el cardenal Carlo Sforza decretando que debía abrirse al público al menos una vez al año, admitiendo cuantas solicitudes se presentaban.

El anfiteatro anatómico del Archiginnasio de Bolonia/Imagen: MarcPagl en Wikimedia Commons

De ese modo, el anfiteatro anatómico del Archiginnasio de Bolonia pasó a ser el primero permanente de la universidad y Gaspare ejerció la docencia en él a menudo hasta 1595, de ahí que un visitante de nuestro tiempo pueda contemplar una estatua suya hecha de madera, como decoración y homenaje. Antes, en 1570, se graduó en un proceso: primero, una serie de lecturas y conferencias que la rectoría solía encargar a los alumnos aventajados para que se fogueasen ante el examen final; después, el preceptivo juramento de fidelidad a la Iglesia ante el arzobispo de Bolonia, cardenal Gabriele Paleotti; finalmente, el examen (que aprobó, evidentemente).

Entonces seguramente procedió a hacer el juramento hipocrático, costumbre de la Antigüedad que se extendió especialmente durante el Renacimiento, al recuperarse los valores clásicos, e inmediatamente fue nombrado profesor de cirugía, plaza que ocuparía hasta 1590 con un salario de cien libras anuales, aunque a lo largo de los años el importe fue creciendo en paralelo a su reputación. Porque no se detuvo ahí. En 1576 obtuvo su segundo título, el de filosofía, que le abrió las puertas del Collegio di Arti e di Medicina como doctor colegiado, y en 1586 se le concedió la cátedra de anatomía junto a otros tres profesores sobre los que tenía autoridad como ius quesitum.

Fue entonces cuando, como doctor colegiado, recibió un nuevo y curioso encargo: revisar el Index librorum prohibitorum («Índice de libros prohibidos»), la relación de publicaciones vetadas por la Iglesia Católica por considerarlas perniciosas para la fe, ya que la universidad consideraba que en él figuraban obras no relacionadas con la religión, lo que devenía en perjuicio para la ciencia y reducía el número de estudiantes extranjeros interesados en matricularse en Bolonia. En efecto, logró que algunos fueran admitidos, a veces añadiendo correcciones a algún autor, como hizo con el médico alemán Leonhart Fuchs, uno de los fundadores de la farmacognosia (ciencia que estudia los principios activos naturales), que había abrazado el protestantismo.

Portada de una edición veneciana de 1564 del Índice de libros prohibidos/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Y es que Gaspare gozaba de renombre suficiente para confiar en él, hasta el punto de que incluso ocupó cargos públicos: en 1578 fue tribuno del popolo y entre 1591 y 1599 ejerció cuatro veces la alcaldía de la Gabella Grossa (supervisor de comercio). Intervino a su favor el haber atendido a varios príncipes y nobles coetáneos como los duques de Toscana, Mantua y Parma (Fernando I de Médici, Vincenzo Gonzaga y Ranuccio Farnesio, respectivamente) lo que difundió la noticia de su destreza médica a otras ciudades como Viena o Nápoles (donde requirió sus servicios otro notable de rancio abolengo, el condestable Virginio Orsini).

También contribuyó el haber escrito varios tratados. El más importante es De Curtorum Chirurgia per Insitionem, que el editor Gaspare Bindoni publicó en Venecia en 1597 (otro editor, Roberto Meietto, sacó una versión no autorizada ese mismo año), que su autor dedicó al citado duque de Mantua -incluía poemas laudatorios al comienzo, como era costumbre- y para la que obtuvo la autorización previa de la Inquisición y el Consejo de los Diez, que era el órgano de gobierno de la República Serenísima.

Redactado en el contexto de un aumento de lesiones en la nariz a causa del creciente número de duelos, el texto describe una cirugía quirúrgica facial para reconstruir narices, orejas y labios recurriendo a colgajos epidérmicos de los brazos. Aunque esa técnica ya figuraba en De Decoratione, un libro publicado en 1586 por Girolamo Mercuriale (uno de los revindicadores de Galeno e introductor de la idea del ejercicio físico como medio de preservar la salud), éste la explicó basándose en una carta que Gaspare le había remitido. En dicha carta, el boloñés describe cuatro casos de reconstrucción nasal practicados por él con éxito, lo que le convertiría en uno de los pioneros destacados de la cirugía plástica.

Cortes para los injertos nasales descritos en De Curtorum Chirurgia per Insitionem/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Es cierto que ya se realizaban reconstrucciones en la Antigüedad (el papiro Edwin-Smith reseña una intervención sobre una nariz rota en el año 1600 a.C. y hay testimonios escritos de otras en la India y la Roma republicana), pero el valor de las rinoplastias del boloñés radica en su trascendencia, como veremos más adelante. Gaspare partió de los trabajos empíricos llevados a cabo en el siglo XV por los sicilianos Gustavo y Antonio Branca (que eran padre e hijo) y en el XVI por los calabreses Pietro y Paolo Boiano (o Vianeo), de los que tuvo noticia a través del médico boloñés afincado en Sicilia Leonardo Fiovaranti.

Para ello recurrió a la piel del brazo por estar libre de pelo y ser fácil de rebanar, aparte de ser lo suficientemente contráctil para adaptarse a su nueva ubicación; en eso se opuso, con razón, al célebre Vesalio, quien creía que no había que usar piel sino músculo. La técnica implicaba hacer unos cortes sobre el dibujo hecho en la extremidad, pasar unas tiras para separar el colgajo del músculo y coserlo a la nariz de modo que un extremo quedara en ésta y el otro en el brazo para asegurar su riego sanguíneo. Para ello era necesario mantener éste en alto inmovilizado, lo que se conseguía con un arnés.

El llamado Método Italiano de Gaspare Tagliacozzi, en un grabado de su libro De curtorum chirurgia per insitionem/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Tenía sus problemas, claro: a veces el injerto no arraigaba y además la inmovilización del brazo podía durar meses, lo que suscitó algunas criticas entre algunos colegas de profesión, como la de Gabrielle Faloppio (el sabio canónigo que describió las trompas uterinas que llevan su nombre, estudioso del oído interno e inventor de un preservativo de tripa animal). No obstante otros adoptaron el método, caso del suizo Thomas Feyens (que había sido alumno de Gaspar y lo puso por escrito en De praecipuis Artis Chirurgicae controversiis, en 1669), del genovés Fortunio Liceti (un amigo de Galileo Galilei que lo describió en 1616 en De monstruorum nature causis et differentiis) o el flamenco Henricus Moinichen (Observationes Medical chirurgicae, 1691).

Ese tipo de cirugía fue decayendo luego hasta caer en el olvido, siendo recuperado en el siglo XIX con el nombre de Método Italiano para diferenciarlo del método indio, que Gaspare no conoció porque fue introducido en Europa desde Asia por el cirujano inglés Joseph Constantin Carpue; se basaba en aplicar tiras de piel de la frente a la nariz y en Inglaterra recibió el nombre de Carpue’s Operation (Operación de Carpue). El responsable de la recuperación decimonónica de la técnica italiana fue el germano Karl Ferdinand von Graefe, médico privado del duque Alejo de Anhalt-Bernburg y profesor de cirugía del Instituto Ofatlmológico de la Universidad de Berlín.

En 1822, a Graefe se le nombró médico del estado mayor del ejército prusiano y, para ocuparse de las lesiones nasales o de otras zonas del rostro dañadas en combate, retomó la técnica rinoplástica de Tagliacozzi. Sólo que no lo hizo directamente del boloñés sino de uno de sus predecesores, el galeno bávaro Heinrich von Pfalzpaint, que había desarrollado una parecida -algo más simple- en el siglo XV. Por increíble que parezca, el Método Italiano apenas experimentó cambios hasta la centuria siguiente, de ahí que aparezca tal cual en la citada serie televisiva, The Knick.

Fases del Método Italiano de Gaspare Tagliacozzi/Imagen: wellcomeimages.org en Wikimedia Commons

Y ¿qué fue de Gaspare Tagliacozzi? Murió en su ciudad natal en 1599, siendo enterrado, tal como dispuso en su testamento y con solemne asistencia a la misa fúnebre de todos los doctores colegiados, en la iglesia de San Giovanni Battista. La historia, lamentablemente, no acabó ahí. Semanas después corrió el rumor de que había practicado la magia y caído en la herejía, por lo que las monjas lo exhumaron y sepultaron de nuevo en un terreno no consagrado. A petición de su familia y de sus colegas, la Inquisición abrió una investigación que concluyó que todo era fruto de maledicencias de envidiosos, a los que condenó mientras le absolvía a él y ordenaba restituir su cuerpo a la tumba original.

El proceso dio lugar a una leyenda, según la cual Gaspare fue sentenciado a muerte por la justicia inquisitorial, al estar la Iglesia en contra de la cirugía plástica. No tiene ningún fundamento, por cuanto vimos que se aceptó su juramento de fidelidad, se le permitió revisar el Índice y los cardenales, que siempre le ayudaron para garantizar su permanencia en la universidad y evitar que entrase al servicio exclusivo de la nobleza, fueron los que fomentaron la práctica. Además, antes del óbito legó dinero para la construcción de una capilla donde profesó como monja su hija, Lucrecia.


Fuentes

Gasparis Taliacotii, De curtorum chirurgia per insitionem/Paolo Savoia, Gaspare Tagliacozzi and early Modern surgery. Faces, men, and pain/Emily Cock, Rhinoplasty and the nose in early modern British medicine and culture/Paolo Santoni-Rugiu y Philip J. Sykes, A history of plastic surgery/Wikipedia