En el artículo que dedicamos al Camino Real Persa decíamos que Darío había establecido a lo largo de toda la ruta que conectaba el imperio aqueménida 111 estaciones o postas dotadas con caballos de refresco, donde los mensajeros reales podían realizar relevos, e incluso pernoctar si fuera necesario.

Los romanos también establecerían un sistema parecido en sus calzadas, que incluía tanto establecimientos para uso de autoridades, magistrados y oficiales del ejército, como para comerciantes y todo tipo de viajeros, e incluso específicos para la atención de los animales. En conjunto se los considera el precedente de las ventas, las posadas y de las estaciones de servicio.

Gracias a estos establecimientos pudo, por ejemplo, el emperador Tiberio realizar los relevos de carros necesarios para recorrer 300 millas en 24 horas y visitar a su hermano Nerón Claudio Druso, que estaba a punto de fallecer por gangrena tras una caída del caballo.

Relieve de un carruaje romano, en Austria | foto Johann Jaritz en Wikimedia Commons

Mansiones

Una mansio (en latín mansus, derivada del verbo manere que significa permanecer o quedarse), era una parada oficial en una calzada romana que era mantenida por el gobierno para el uso de funcionarios, magistrados y hombres de negocios, y en general para todo aquel que tuviera que viajar debido a asuntos oficiales.

Se cree que fueron una evolución de los castra, paradas de descanso establecidas a intervalos regulares para las legiones, que fueron aumentando y ampliándose hasta convertirse en auténticas villas.

Reconstrucción de una mansio en Colonia, Alemania | foto Steffen Schmitz en Wikimedia Commons

Cada mansio estaba a entre 44 y 60 kilómetros de la siguiente, más o menos la distancia que podía recorrer una carreta tirada por bueyes en un día. Los cisiarii (conductores de carros) alquilaban en ellas carros a los viajeros, algo similar a los taxis actuales, y se ocupaban de transportar los envíos gubernamentales.

El Itinerario Burdigalense o de Burdeos, el itinerario cristiano más antiguo conocido escrito por un peregrino anónimo que realizaba un viaje a Tierra Santa entre los años 333 y 334 d.C., menciona por orden todas las mansiones desde Burdeos a Jerusalén, con las mutationes intermedias (más adelante veremos lo que son) y las distancias entre ellas.

Quienes quisieran pernoctar en una mansio debían identificarse con documentos o salvoconductos oficiales ante el mansionarius, el funcionario encargado de la supervisión, el control y la organización diarios de la mansio.

Restos de una mansio en Letocetum, Inglaterra | foto Bs0u10e01 en Wikimedia Commons

Las mansiones que han sido objeto de excavaciones arqueológicas muestran que contaban con estancias y servicios que encontraríamos en las posadas, como una recepción, baños, habitaciones, comedores, cocina, fragua, graneros y establos.

Stationes

A medio camino entre las mansiones se situaban las stationes, que originalmente eran una especie de aduanas de control, donde se cobraban impuestos de circulación a los viajeros y un peaje por las mercancías importadas.

Acabaron convirtiéndose también en una especie de albergues para el descanso y el reposo de los viajeros, donde además estaban protegidos contra posibles bandoleros.

La vía Apia, cuadro de John Linton Chapman (1867) | foto dominio público en Wikimedia Commons

Mutationes

A una distancia menor que las stationes se disponían puestos para el relevo de los caballos, destinados en principio a los mensajeros públicos. Se llamaban mutationes y eran algo parecido a las modernas estaciones de servicio.

Los caballos que había en ellas se mantenían a expensas del emperador y estaban permanentemente a disposición de los empleados públicos. También había profesionales para la reparación de carros, veterinarios para atender a los animales y lugares para el descanso breve.

Cauponas

Muchos viajeros no oficiales no podían hacer uso de las mansio ni de las mutationes. Por ello, muchas veces junto a ellas se ubicaban otros establecimientos parecidos, aunque con bastante peor reputación.

Es el caso de las cauponas (cauponae), una especie de mansiones mantenidas y explotadas por comerciantes privados. Carecían de la comodidad y seguridad de sus equivalentes oficiales, aunque algunas, sobre todo cercanas a lugares medicinales o termales, podían ofrecer lujos especiales para quien pudiera pagarlos.

En las pocas cauponas que se han encontrado y excavado destaca la decoración de grafitis en sus paredes. Cuando se encontraban dentro de una ciudad o localidad, las cauponas funcionaban como tabernas que ofrecían alojamiento barato y diversión.

Interior de una caupona en Ostia Antica | foto Camelia.boban en Wikimedia Commons

Tabernas

En los primeros tiempos, cuando apenas existían viajes que no fueran de carácter oficial, y todavía no había mansiones ni mutationes, las casas que estaban situadas cerca de las calzadas estaban obligadas por ley a ofrecer hospitalidad a los viajeros.

Muchas de estas casas se convirtieron así en tabernas (tabernae), un término que deriva de la palabra latina que significa cobertizo o cabaña, y eran más parecidas a los albergues que a las modernas tabernas que conocemos hoy.

A medida que se desarrollaban las calzadas, las tabernas evolucionaron, algunas se convirtieron en mansiones oficiales y en mutationes, y otras mantuvieron sus características, volviéndose más o menos lujosas y adquiriendo buena o mala reputación, según los casos.

Reconstrucción de una taberna romana en Archeon, Holanda | foto Ziko van Dijk en Wikimedia Commons

Es famosa la denominada Tres Tabernas (Tres Tabernae, tres tiendas), situada a unos 50 kilómetros de Roma en la Vía Apia, que era la primera mutatio saliendo de la ciudad (o la última antes de entrar en ella). Allí fue recibido San Pablo por un grupo de cristianos cuando fue llevado prisionero a Roma hacia el año 58 d.C.

En torno a Tres Tabernas creció toda una localidad, que en el siglo IV llegó a ser sede episcopal. Tras las invasiones bárbaras comenzó a decaer, hasta ser finalmente destruida hacia el año 868 d.C.


Fuentes

Vanessa Ponte, Régimen Jurídico de las Vías Romanas | John Murray, A Dictionary of Greek and Roman Antiquities | Olga Marlasca Martínez, Los establecimientos de Hospedaje | Wikipedia


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