El macizo del Jungfrau está flanqueado por los valles de Grindelwald y del río Ródano en los Alpes centro-meridionales suizos, entre las ciudades de Brig e Interlaken. Sus principales cimas son el propio Jungfrau (en alemán, la doncella), que alcanza los 4.158 metros de altitud, el Mönch (el monje) con 4.099 metros y el Eiger (el ogro), con 3.970.

Precisamente éste último, el Eiger, es famoso por su mítica cara norte, una pared vertical de 1.500 metros cuya extrema dificultad es legendaria en el alpinismo. En su ascensión han perdido allí la vida más de 60 escaladores, desde el primer intento en 1934.

La primera vez que una expedición culminó el ascenso por esa cara norte fue en 1938. Curiosamente para entonces ya hacía más de 30 años que había una estación de tren excavada en el interior de la roca de esa misma pared, la estación Eigerwand.

En el círculo, situación de la estación Eigerwand en el interior de la cara norte del Eiger | foto W like wiki en Wikimedia Commons

Forma parte del ferrocarril de la Jungfrau (el Jungfraubahn) cuyas obras comenzaron en 1896. Se trata del ferrocarril más alto de Europa pues culmina en la estación más alta del continente, la de Jungfraujoch (situada entre las cimas del Jungfrau y del Mönch), que se encuentra a 3.454 metros de altitud y fue inaugurada el 1 de agosto de 1912.

El ferrocarril recorre unos 9 kilómetros conectando Kleine Scheidegg (a 2.061 metros de altitud) con Jungfraujoch, y discurre casi en su mayor parte por un túnel excavado en el interior del Mönch y el Eiger, con el fin de proteger la línea de las condiciones meteorológicas extremas.

El macizo de la Jungfrau con el trazado del ferrocarril y las estaciones Eigerwand, Eismeer y Jungfraujoch / foto HFSJG

Además de las estaciones de partida y llegada el ferrocarril cuenta con otras dos intermedias en el interior del túnel. La primera es la estación Eigerwand, en el tramo del túnel que discurre por el interior de la cara norte del Eiger, situada a 2.865 metros de altitud.

Hasta 2016, en que el tren dejó de parar en ella, los pasajeros podían bajarse para asomarse a las ventanas excavadas en la roca y contemplar las montañas vecinas (y, quien sabe, a lo mejor ver pasar algún escalador) durante unos 5 minutos.

Desde la estación Eigerwand el túnel dobla hacia el lado sur del Eiger y llega a la estación Eismeer, que está a 3.160 metros de altitud y da acceso a la cara este de la montaña con vistas al Eismeer o mar de hielo. La estación Eigerwand se inauguró el 28 de junio de 1903, y la de Eismeer el 25 de julio de 1905.

Vistas desde el interior de la estación Eismeer | foto Klaus Nahr en Wikimedia Commons – Flickr

Además de una sala de espera y un restaurante, la estación Eismeer disponía en el momento de su apertura de habitaciones para los turistas, ya que en ese momento, mientras se terminaba la línea, era fin de trayecto. Un breve tramo de escaleras permite acceder desde ella al glaciar Grindelwald-Fiescher.

El único acceso a la estación de Eigerwand que no es a través del tren es una puerta de madera en la pared rocosa de la montaña. Se trata del Stollenloch, un agujero que se creó durante la construcción del ferrocarril para remover la piedra y la tierra mientras los trabajadores hacían el túnel en la montaña hacia el Jungfraujoch.

El restaurante de la estación Eigerwand hacia 1905 | foto dominio público en Wikimedia Commons

El Stollenloch ha sido empleado en ocasiones para intentar rescatar a escaladores varados en la montaña, algunas veces sin resultado positivo como fue el triste caso de la expedición germano-austríaca de 1936.

La puerta del Stollenloch en la pared norte del Eiger

El ferrocarril de la Jungfrau está considerado una proeza técnica de la ingeniería de finales del siglo XIX, que se construyó prácticamente sin máquinas, solo con picos, palas y la fuerza de los músculos.

No obstante el proyecto no se pudo realizar al completo, ya que también estaban previstos la construcción de un ascensor interno y de escaleras de caracol para llegar a la cima del Jungfrau, que nunca se materializaron.

La estación Eigerwand en 2007 | foto Guido Radig en Wikimedia Commons

Desde el principio, y dado que la mayor parte del trayecto discurre por el interior de la montaña, el ferrocarril de cremallera se diseñó para funcionar con electricidad. Actualmente sigue en uso, utilizando convoyes de dos vagones que pueden transportar hasta 230 personas, y que alcanzan los 12,5 kilómetros por hora en las partes más empinadas de la subida.

Los motores funcionan en modo regenerativo, lo que permite a los trenes generar durante el descenso el 50% de la electricidad necesaria para el ascenso. El trayecto, que hasta 2016 duraba 52 minutos, se ha reducido actualmente a 35 minutos gracias a modernas locomotoras.

Ventanas de la estación Eigerwand en 2010 | foto Mike Lehmann en Wikimedia Commons

Aquellos que se animen a probar el ferrocarril de la Jungfrau no podrán disfrutar de la parada en la Eigerwand, que se cerró como decíamos en 2016.

Pero en el final del trayecto, la estación Jungfraujoch, podrán contemplar el Sphinx, un observatorio astronómico que está considerado el edifico a mayor altitud de Europa, a 3.571 metros sobre el nivel del mar.

La estación Jungfraujoch es un edificio de cinco plantas con restaurantes, tiendas, un museo y la oficina de correos más alta de Europa. Desde allí se puede tomar el ascensor que por el interior de la montaña conduce a la cima y al Sphinx, tras 117 metros de subida.


Fuentes

A Hole In The Wall (Europe by Rail) | Jungfrau Top of Europe (Web oficial) | UNESCO | Wikipedia


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