En Donaustauf, un municipio del distrito de Ratisbona, en el estado de Baviera al sureste de Alemania, se alza un grandioso edificio de impresionante y dramático aspecto que se parece mucho al Partenón de Atenas. Efectivamente, es una copia exacta del monumento griego. Sin embargo no es un templo y su nombre es el Walhalla.

La idea de su construcción partió de Luis I, rey de Baviera entre 1825 y 1848, cuando todavía era heredero al trono en 1807, justo un año después de que se disolviese el Sacro Imperio Romano Germánico. La intención era que sirviese como un templo de honor para albergar la colección de 50 bustos de alemanes ilustres y teutones gloriosamente excelentes que había mandado crear.

En realidad, aunque Luis contaba entre los alemanes solo a aquellos que hablasen esa lengua, al final entre los homenajeados se incluyeron muchos personajes históricos de origen germano, como holandeses, flamencos, anglosajones, romanos, godos o vándalos. Están, por ejemplo, Rubens y otros pintores flamencos, y el emperador Carlos I de España.

El Walhalla a orillas del Danubio | foto HaSe en Wikimedia Commons

En la selección participó el historiador suizo Johannes von Müller, que eligió personalidades tanto de épocas pasadas como contemporáneas recientemente fallecidas como Friedrich Schiller, Goethe, Paracelso, Copernico, Gutenberg, o Erasmo. Los bustos fueron encargados a escultores como Johann Gottfried Schadow, su hijo Rudolf Schadow, Joseph Maria Christen o Christian Friedrich Tieck.

Aunque los bustos se finalizaron ya en 1807 las guerras napoleónicas impidieron avanzar con el proyecto arquitectónico. Sería en 1814, justo un año antes de la derrota de Napoleón en Waterloo, que se convocaría un concurso de ideas con el título de Un edificio dedicado a la memoria de los grandes alemanes. Lo ganó el arquitecto y arqueólogo Carl Haller von Hallerstein, que unos pocos años antes había estado en Atenas realizando estudios arquitectónicos sobre el Partenón y otros edificios de la Acrópolis.

Interior del Walhalla | foto Tim Meuter en Wikimedia Commons

Sin embargo Haller falleció en 1817 sin poder iniciar las obras y su diseño, que constaba de 26 dibujos y 175 láminas y estudios, fue asumido por el arquitecto Leo von Klenze, que sería finalmente el encargado de construir el edificio y en el que adoptaría muchas de las ideas esenciales de Haller, como la similitud con el Partenón.

En un primer momento Luis I pensó que el Jardín Inglés de Munich sería un emplazamiento perfecto para el gran edificio neoclásico que proyectaba construir, pero von Klenze le convenció de buscar una ubicación más espectacular. Así, se eligió el Bräuberg, una montaña de 420 metros de altitud cercana a Donaustauf en el Bosque de Baviera a orillas del Danubio.

La primera piedra del que iba llamarse Templo de la Gloria, cambiado a Walhalla por sugerencia de Johannes von Müller, se colocó el 18 de octubre de 1830. Las obras se extendieron hasta 1842, siendo inaugurado el 18 de octubre de ese año.

Otra vista del Walhalla | foto marsupium photography en Wikimedia Commons – flickr

Toda la estructura, que consta de varios niveles en plataformas unidas por una monumental escalinata que simboliza el ascenso desde la tierra al cielo del Valhalla, tiene 125 metros de longitud por 55 metros de altura.

El edificio en sí, que adopta la forma de un templo dórico períptero modelado según el Partenón de Atenas, tiene 66,7 metros de longitud por 31,6 de ancho y 20 metros de altura, y se sostiene gracias a una moderna estructura interior de hierro.

Otra vista del interior | foto Michael J. Zirbes en Wikimedia Commons

La decoración escultórica del frontón del lado norte presenta a las tribus germánicas bajo el mando de Arminio en la batalla del Bosque de Teutoburgo, mientras que el del lado sur representa la liberación de Alemania en 1814 del dominio napoleónico.

El friso interior que rodea todo el edificio muestra la historia de las tribus germánicas, desde su salida del Cáucaso y su inmigración a Europa Central hasta la conversión al cristianismo por San Bonifacio.

En el momento de la inauguración contenía 96 bustos de personalidades y 64 placas conmemorativas de hechos importantes de la historia germánica. Los bustos se colocaron por orden cronológico, siendo el último el de Goethe, que había muerto escasos años antes. El primero en ser añadido tras la inauguración fue el de Lutero, en 1847. Desde entonces se han añadido un total de 34, con lo que el número actual es de 131.

En el centro, el busto de Mozart | foto Michael J. Zirbes en Wikimedia Commons

Entre ellos hay 6 correspondientes a mujeres: María Teresa I de Austria, Catalina II de Rusia, Karolina Gerhardinger, Edith Stein, Käthe Kollwitz y Sophie Scholl. El busto de ésta última se añadió en 2003 en la última posición prominente junto a la puerta, que será permanente, con una placa conmemorativa que rinde homenaje a la memoria de todos aquellos que resistieron al nazismo.

De aquellas personas cuyo aspecto físico se desconoce, por no haberse conservado ningún modelo que permitiera la creación de un busto, se optó por colocar placas conmemorativas, similares a las empleadas para hechos y eventos históricos. Es el caso del mencionado Arminio, Teodorico el Grande o Beda el Venerable. Entre las 65 placas totales de personas y hechos, hay 7 correspondientes a mujeres.


Fuentes

Bayerische Schlösserverwaltung | Adalbert Müller, Donaustauf and Walhalla | Marek Nekula, Tod und Auferstehung einer Nation: Der Traum vom Pantheon in der tschechischen Literatur und Kultur | Simone Steger, Die Bildnisbüsten der Walhalla bei Donaustauf Von der Konzeption durch Ludwig I. von Bayern zur Ausführung (1807–1842) | Walhalla Ruhmes- und Ehrenhalle an der Donau | Wikipedia


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