El gran laberinto egipcio de Hawara, una de las maravillas perdidas de la Antigüedad

La pirámide de Hawara y el lugar donde estuvo el laberinto | foto Axel Seedorff en Wikimedia Commons


En el siglo V a.C. el historiador griego Heródoto viajó a Egipto y visitó la actual región de El Fayum, situada al sur del delta del Nilo, a unos 100 kilómetros al sudoeste de El Cairo. Allí vio un gran lago que los egipcios denominaban mer-uer y que él denominó Meris (el actual lago Moeris).

Cerca del lago, en Hawara, vio la pirámide de Amenemhat III (faraón de ls XII dinastía), construida en siglo XIX a.C. y cuyo complejo funerario era el más grande del Imperio Medio. Y junto a ella un gran laberinto:

reinando, pues, con tal unión, acordaron dejar un monumento en nombre común de todos, y con este objeto construyeron el laberinto, algo más allá de la laguna Meris, hacia la ciudad llamada de los Cocodrilos. Quise verlo por mí mismo, y me pareció mayor aun de lo que suele decirse y encarecerse. Me atreveré a decir que cualquiera que recorriese las fortalezas, muros y otras fábricas de los griegos, que hacen alarde de su grandeza, ninguna hallará entre todas que no sea menor e inferior en costa y en trabajo a dicho laberinto. No ignoro cuán magníficos son los templos, el de Éfeso y el de Samos, pero es menester confesar que las pirámides les hacen tanta ventaja que cada una de estas puede compararse con muchas obras juntas de los griegos, aunque sean de las mayores; y con todo, es el laberinto monumento tan grandioso, que excede por sí sólo a las pirámides mismas

Heródoto, Historia II.CXLVIII
La pirámide y el laberinto en un dibujo de la expedición Lepsius | foto dominio público en Wikimedia Commons

Este laberinto era un inmenso complejo de edificios interconectados al sur de la pirámide, que abarcaban una superficie de unos 70.000 metros cuadrados, y que tenían en conjunto unas 3.000 habitaciones distribuidas en dos plantas, una de ellas subterráneas, en torno a 12 patios.

Cuando lo visitó solo le permitieron recorrer el nivel superior, ya que los egipcios que lo custodiaban no le dejaron acceder a lo que le informaron eran las bóvedas funerarias de los faraones que habían construido el laberinto, y de los cocodrilos sagrados.

Compónese de doce palacios cubiertos, contiguos unos a otros y cercados todos por una pared exterior, con las puertas fronteras entre sí; seis de ellos miran al Norte y seis al Mediodía. Cada uno tiene duplicadas sus piezas, unas subterráneas, otras en el primer piso, levantadas sobre los sótanos, y hay 1.500 de cada especie, que forman entre todas 3.000. De las del primer piso, que anduve recorriendo, hablaré como testigo de vista; a las subterráneas sólo las conozco de oídas, pues que los egipcios a cuyo cargo están, se negaron siempre a enseñármelas, dándome por razón el hallarse abajo los sepulcros de los doce reyes fundadores y dueños del laberinto, y las sepulturas de los cocodrilos sagrados; y de tales estancias por lo mismo sólo hablaré por lo que me refirieron.

Heródoto, Historia II.CXLVIII
Reconstrucción parcial del laberinto por Flinders Petrie | foto MONNIER Franck en Wikimedia Commons

Posiblemente el recinto todavía se utilizaba de forma ceremonial, y esa fue la causa de que a Heródoto le prohibieran el paso. Otros escritores de la Antigüedad también mencionan el laberinto. Estrabón, que lo visitó en el siglo I a.C. lo describe de una manera similar, aunque no dice nada de las cámaras subterráneas:

Además de las cosas mencionadas, este Nome tiene el Laberinto, que es una obra comparable a las pirámides, y, cerca de él, la tumba del rey que construyó el Laberinto. Cerca de la primera entrada del canal, y avanzando desde allí unos 30 ó 40 estadios, se llega a un lugar llano, en forma de trapecio, que tiene una aldea, y también un gran palacio compuesto de muchos palacios – tantos en número como había Nomes en tiempos anteriores; porque este es el número de patios, rodeados de columnatas, continuos unos con otros, todos en una sola fila y a lo largo de una pared, siendo la estructura como si fuera una larga pared con los patios delante de ella; y los caminos que conducen a ellos están exactamente opuestos a la pared. Delante de las entradas hay criptas, por así decirlo, largas y numerosas, y con pasillos sinuosos que se comunican entre sí, de modo que ningún extraño puede encontrar el camino ni para entrar en cualquier patio ni para salir de él sin un guía. Pero lo maravilloso es que el techo de cada una de las cámaras está formado por una sola piedra, y que las anchuras de las criptas están igualmente techadas con losas individuales de un tamaño sobrecogedor, sin mezcla en ninguna parte de madera ni de ningún otro material. Y, al subir al techo, que no está a gran altura, ya que el Laberinto sólo tiene un piso, se puede ver una llanura de piedra, compuesta por piedras de ese gran tamaño; y de ahí, al descender de nuevo a los patios, se puede ver que se encuentran en una fila y que cada uno está sostenido por 27 pilares monolíticos; y sus paredes, también, están compuestas por piedras que no son de menor tamaño.

Estrabón, Geografía XVII.1.37
Restos encontrados por Flinders Petrie en el laberinto | foto Petrie, Wainwright y Mackay en Wikimedia Commons

Plinio el Viejo, que también habla del famoso laberinto, dice que su arquitecto fue Petesuchos Pnepheros, cuyo nombre aparece también en la dedicatoria de un templo en la cercana localidad de Karanis (actual Kom Oshim).

Sin embargo, con el paso del tiempo el laberinto y el complejo que durante la Antigüedad tardía se consideraban entre las maravillas del mundo, desaparecieron. Serían utilizados como cantera desde tiempos romanos, y los investigadores modernos empezaron a preguntarse si alguna vez habría existido o solo eran exageraciones de los escritores antiguos.

Más restos encontrados en el laberinto | foto Petrie, Wainwright y Mackay en Wikimedia Commons

Pero en 1849 la expedición del arqueólogo prusiano Richard Lepsius encontró una serie de estructuras, que pensó que formaban parte del templo de Amenemhat III, pero que en realidad eran los restos del famoso laberinto. En 1888 el egiptólogo Flinders Petrie comenzó a excavar el lugar, llevándose una gran decepción pues todo el laberinto estaba completamente destruido, y no pudo recuperar ninguna parte del complejo.

En 1911 Petrie volvió a Hawara y siguió excavando el laberinto, en el que encontró muchos de los famosos retratos de El Fayum, en momias de época romana. También halló fragmentos de dos estatuas colosales del faraón Amenemhet III sentado, de las que solo quedaban los pedestales. Estos enormes pedestales se denominan los Colosos de Biahmu, por el lugar donde aparecieron.

Restos del laberinto de Hawara | foto Petrie, Wainwright y Mackay en Wikimedia Commons

Petrie publicó un plano con una reconstrucción parcial del Laberinto, compuesto por 18 grandes cámaras separadas por tres pasillos principales, dos laterales y uno central. En total se cree que debió tener unos 300 metros de largo por 244 de ancho, suficientemente grande como para albergar dentro los grandes templos de Karnark y Luxor.

De este gran complejo identificado como el laberinto hoy solo quedan algunas ruinas y fragmentos de columnas de granito, algunos muros y sus cimientos, jambas de puertas, y partes de estatuas. Sin embargo, no todos los investigadores están de acuerdo. Algunos, como Montet o von Däniken, creen que el auténtico laberinto todavía permanece oculto en algún lugar de la zona de Hawara, a la entrada del canal del lago Moeris.


Fuentes

Heródoto, Historia | Estrabón, Geografía | Narushige Shiode, Wolfram Grajetzki, A Virtual Exploration of the Lost Labyrinth. Developing a Reconstructive Model of Hawara Labyrinth Pyramid Complex | The Ancient Egyptian Labyrinth | Wikipedia