Las rocas esculpidas de Rothéneuf

Rocas esculpidas de Rothéneuf | foto Gilles San Martín en Wikimedia Commons

En 1879 en un pueblecito del sureste de Francia llamado Châteauneuf-de-Galaure un cartero iniciaba la construcción de un palacio fantástico, que tardó 33 años en terminar y que hoy lleva su nombre, Palais Cheval.

Unos 15 años más tarde, en el otro extremo del país en la costa de Bretaña, un sacerdote conocido como el padre Fouré comenzaba la creación de un igualmente fantástico conjunto de esculturas a la orilla del mar, que le valieron el apodo de el Cheval bretón.

El padre Fouré | foto Rochers à Rothéneuf

En realidad se llamaba Adolphe Julien Fouéré y había sido ordenado sacerdote en 1863. Sirvió en varias parroquias hasta que un problema vascular en 1894 le hizo perder prácticamente la audición obligándole a retirarse. Se refugió en el pequeño pueblo de Rothéneuf (la villa natal del explorador Jacques Cartier), a unos cinco kilómetros al noreste de Saint-Malo.

Allí, sin tener conocimientos artísticos previos, se interesó por la escultura y comenzó una obra enmarcada en el incipiente Art Brut (arte creado fuera de los límites de la cultura oficial), el interés por el primitivismo y lo exótico, y lo naíf o ingenuo.

Detalle de las rocas de Rothéneuf | foto Fanoflesage en Wikimedia Commons

Entre 1894 y 1907 creó numerosas esculturas en madera, que cualquiera podía ver visitando su casa, que había convertido en una especie de museo. Esculpía desde totems hasta figuras políticas de la época, santos, seres mitológicos, animales, cuya forma se adaptaba normalmente a la del trozo de madera que tallaba.

Pero sin duda su obra más famosa son las más de 300 esculturas que talló directamente sobre las rocas de granito a lo largo de la costa Esmeralda (Côte d’Émeraude), una obra monumental al aire libre expuesta a la erosión marina.

El conjunto incluye figuras exentas y principalmente bajorrelieves, que Fouré policromaba con vivos colores (según escritos del propio autor, la mayoría en colores azul, amarillo claro, granate y chocolate), y cuyos rasgos resaltaba aplicando alquitrán.

Representan figuras fantásticas salidas de su imaginación, pero también de sus lecturas de historia y geografía, y de la actualidad del momento leída en los periódicos. Así, encontramos referencias a la primera guerra bóer en el sur de África, a la labor de los misioneros en las colonias francesas, y escenas que evocan lugares remotos como China, Rusia o Japón.

Foto Michel Lefrancq en Wikimedia Commons

Entre los personajes representados están el legendario santo irlandés San Budoc de Dol, que acabó sus días en el Finisterre francés, que aparece dos veces (una de ellas en su tumba). Y Jacques Cartier (primer explorador francés en América), uno de los temas más repetidos ya que lo encontramos no solo en las rocas sino también en algunas esculturas en madera.

Cleopatra, Napoleón, el emperador Faustino de Haití, la reina Behanzin de Dahomey, la reina de Saba, la reina Victoria, Merlín o Gargantua, son algunos de los personajes que se pueden identificar entre las esculturas.

Foto Bernd Brägelmann en Wikimedia Commons – Flickr

Cada invierno Fouré restauraba las esculturas, las limpiaba y las volvía a pintar para que estuvieran preparadas para la siguiente oleada de visitantes durante el verano. Tal era la expectación que en 1896 la ciudad de Saint-Malo habilitó una línea de tranvía especialmente para hacer frente a la gran afluencia de turistas que venían a ver las rocas.

Una parálisis en 1907, que también le afectó al habla, obligó a Fouré a interrumpir prácticamente todas sus actividades, entre ellas la escultura. Murió tres años después, el 10 de febrero de 1910, cuando a Cheval, con quien se le había comparado, todavía le faltaban dos años para finalizar su famoso palacio.

Foto Infernal Quack (Shif… en Wikimedia Commons

Durante los años siguientes su obra siguió popularizándose y numerosos curiosos acudían a Rothéneuf para ver las extrañas esculturas en las rocas de la costa. En 1925 se contabilizaron 80.000 visitas anuales. En 2012 el lugar aun seguía recibiendo unas 40.000 visitas al año.

Con el tiempo las obras realizadas en madera fueron desapareciendo y hoy no se conoce el paradero de ninguna de ella. Las esculturas realizadas en las rocas junto al mar también se fueron deteriorando, perdiendo toda su policromía. Poco a poco el agua del mar, la salitre y las inclemencias del tiempo las van erosionando hasta el punto que hoy se encuentran en peligro de desaparecer.

Desde 2010 existe una asociación de amigos de la obra del padre Fouré que trata de preservar su memoria, realizando exposiciones, visitas guiadas, y labores de mantenimiento de las esculturas.


Fuentes

Rochers à Rothéneuf | L’Abbé et ses sources d’inspiration | Rochers sculptés : pour combien de temps encore? (Actu.fr) | H. Brébion, La Légende des Rochers Sculptés de Rothéneuf | Wikipedia